Un mate
ceciquintana
¿Por qué guardan cosas las personas? No es que no lo entienda pero ahora mismo, sentada frente a este mundo ajeno, maldigo esa costumbre de guardar lo que ya no es.
Te mudaste a mi casa hace unos meses y todavía estamos intentando que tus cosas y mis cosas encajen en la misma vida.
Sabía que no debía, pero abrí esa caja y me zambullí de lleno en tu pasado.
No fueron las fotos en las que tenías una sonrisa que no conozco, ni fue la cantidad absurda de tickets al teatro y a recitales a los que jamás irías conmigo. Fue un papel amarillento, doblado en cuatro partes y con tu letra: “Me voy a trabajar. Haceme una lista de las cosas que te gustan para desayunar”.
Doblé el papel y cerré la caja. Me quedé pensando: quién era ese hombre capaz de aprender el desayuno de esa mujer.
Desde la cocina me alcanzaste un mate.
—Está lavado — dijiste.
Asentí.
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