Sueños de un loco: la invasión Kurtnar
chorchs92
Tener un buen descanso a la noche es fundamental; dicen que para que uno pueda tener un sueño reparador tiene que llegar al estado REM, y en ese estado es cuando soñamos. Muchas veces esos sueños son lindos: vacaciones deseadas, ilusiones cumplidas... otras veces se cumplen nuestros miedos.
Pero hay un tercer tipo de sueño, ese en donde parece que estamos viviendo la vida de alguien más, un vistazo de otra realidad a través de sus ojos… últimamente estoy teniendo muchos de esos sueños.
En uno de ellos soy un padre de familia, un tipo con una linda vida: esposa e hijos, un buen trabajo y un buen pasar. El tipo estaba tomando un café mientras leía el diario, quejándose de la situación del país… como todo argentino de bien. A su lado, su esposa lo acompañaba mientras trabajaba en su notebook, y sus hijos comían cereal con leche mientras miraban algo en sus tablets.
De un momento a otro, todo comenzó a temblar.
—¡Qué m****! ¿Un terremoto en Buenos Aires? ¿Qué c*** pasa? —gritó el hombre mientras se dirigía hacia donde estaban sus hijos.
—Vamos afuera, seguro no pasa nada grave —dijo la mujer mientras se levantaba tranquilamente de su silla.
La familia salió junta hacia el patio de la casa; las flores decoraban el lugar y, en el medio, una pileta reflejaba el cielo mostrando las estrellas.
—¿Qué es eso, papi? —le preguntó el niño mientras le tironeaba la remera al padre.
Cuando el hombre miró al cielo, vio una enorme nave, grande como un crucero de lujo, de un metal negro y luces azules. Antes de que pudiera procesar lo que vio, la nave disparó lo que pareció una gran descarga de energía, un haz de luz que impactó directo en algún lugar cercano, lo que provocó otro temblor.
Los gritos inundaban el aire. Sin siquiera pensarlo, el hombre agarró a su familia para escapar; llenaron dos mochilas con suministros de todo tipo y salieron directo a la calle. Afuera, una figura los esperaba. Era un ser alto, de más de dos metros tal vez; vestía una túnica violeta que le cubría todo el cuerpo. Solo escapaban del manto sus manos y su rostro… sus manos eran negras y sus dedos terminaban en largas garras. Su rostro era difuso: cuando se lo miraba de frente, se veía el rostro de un hombre lampiño, con mirada austera y piel demacrada… pero cuando era el rabillo del ojo el que lo observaba, parecía tener cabeza de cuervo.
—Qué bella familia. Por favor, mantengan la calma. Vinimos en paz, somos el Imperio Kurtnar. Solo queremos llevarlos a un lugar seguro mientras negociamos con los líderes de su mundo. Ustedes, simples plebeyos, no tienen por qué sufrir en vano —las palabras salían de su boca, pero el sonido se sentía en la mente.
El hombre miró a su mujer. La pobre parecía estar en shock; después de todo, ¿quién no se sentiría paralizado en esa extraña situación?
—Esperá… ¿por qué viniste con nosotros? No nos importa lo que quieras hacer con los políticos de este mundo, no los vamos a molestar. Vamos a ir lejos de acá, nunca van a volver a vernos —le dijo el hombre al Kurtnar mientras se interponía entre ese ser y su familia.
—Humano… estos humanos... —le contestó el ser mientras sacudía su cabeza—. Ustedes no son especiales. Mis hermanos y hermanas están con cada una de las familias de esta cuadra, y en poco tiempo todas las familias del mundo van a ser visitadas por nosotros… Pueden venir en paz o… creo que usted entiende.
El hombre miró a su familia. En su mente pasaron un millar de situaciones; pensó cómo resolver esto. ¿Podría sacarse a este ser de encima? ¿Cuál será su fuerza? ¿Esas garras serán filosas? Después de unos segundos pensando, llegó a la conclusión de que lo mejor era seguir la corriente; tal vez podrían salir de esta si simplemente seguían respirando.
—Vamos con vos —le dijo el hombre al Kurtnar mientras daba un paso al frente.
Sin mediar palabra, el ser dio media vuelta y caminó hasta la calle. Todas las familias estaban ahí con su propio ser sombrío; las miradas se cruzaban en un grito silencioso, pero nadie tenía el coraje de alzar la voz. Los seres alzaron sus garras y pronunciaron al unísono lo que parecía ser una oración oscura, algún tipo de ritual que los presentes no llegaban a comprender.
De un pestañeo a otro, unas extrañas puertas de metal aparecieron al lado de los Kurtnar. Como si alguien moviera sus cuerpos, los humanos se dirigieron hacia esas puertas. En cuanto las puertas se abrieron, el hombre sintió que las piernas le fallaban; del otro lado no se veía la cuadra de enfrente. Al otro lado se veía un lugar extraño, una especie de construcción antigua.
El hombre cruzó la puerta antes que su familia. El lugar era gigante; parecía un coliseo romano pero construido con algún tipo de piedra negra. En la arena, uno de estos seres estaba sobre una pequeña atalaya; en su mano sostenía un largo látigo rojo que usaba para golpear a unos pobres elefantes… los animales corrían desesperados en círculos. Antes de que el hombre pudiera procesar lo que veía, el Kurtnar del látigo elevó sus brazos al cielo y un gran haz de luz le respondió inundando la arena. Los pobres elefantes comenzaron a barritar mientras sus pieles se deshacían mostrando sus músculos… poco a poco la luz los fue derritiendo, dejando solo un aterrador charco en el piso de la arena… cosa que parecía extasiar a los Kurtnar, que reían y canturreaban con voces guturales.
El corazón del hombre se inundó de terror cuando comprendió que ese iba a ser el último lugar que vería. Los seres los estaban llevando al centro de la arena; él intentaba luchar, intentaba correr, pero su cuerpo no le respondía. En cuanto llegaron a la arena, sus ojos se cruzaron con los del Kurtnar. Mientras el ser reía, le reveló su verdadero rostro: tenía cabeza de cuervo, colmillos de lobo y orejas de zorro, pero lo que más lo aterraba eran sus ojos, unos grandes ojos amarillos con finas venas carmesí que le devolvían la mirada.
El hombre deseó poder volver a abrazar a su familia, y por alguna razón se le concedió el último deseo, sellando el amor hacia su esposa e hijos en un gran abrazo, intentando tal vez protegerlos con su cuerpo de cualquier cosa que se venía.
El Kurtnar comenzó a reír… cuando la luz inundó nuevamente la arena.
Después de eso me desperté. Tuve muchos de estos sueños; algo me dice que es un vistazo hacia otros mundos, o simplemente estoy volviéndome loco.
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