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Su mente compañera

Nicol Cordova

claudiacordova.

28 Feb, 2026
📚 Cuento corto

Su mente compañera

Ella miraba a través del cristal y veía cada cuatro minutos contados el pasar de los vagones del metro, alternándose cada uno con su color verde y rojo. De fondo el ruido que hacían sus compañeros de clase pasaba inadvertido para sus oídos, hundida en sus pensamientos, imaginaba los destinos de las personas que ahí viajaban; venían a su mente las veces que a esa hora iba como ellos, camino a casa, donde nadie la esperaba, cuando al llegar nadie le preguntaba cómo había estado su día o si quería sentarse a cenar. Nada. Quizá esas personas que viajaban en esos vagones a sus casas tenían mejor suerte que ella. ¡SEÑORITA!escucho de repente junto a su banco, sintió un punta pie de su compañera de puesto bajo la mesa, despertando de sus pensamientos repentinamente, con el profesor mirándola desde arriba con la cara llena de risa, haciéndola volver al presente, con las carcajadas de sus compañeros quienes estaban ya desde hace un rato mirándola con su mente ida a través del cristal, burlándose como cada día, buscando cualquier situación para ridiculizarla y hacer cada día de su vida peor que el anterior.

Era un día viernes 30 de septiembre, sentada en primera fila pareciera que fuera la única que ponía atención a la clase, aparentemente, aunque la mayoría de las veces ponía toda su concentración en lo que el profesor explicaba, ya que lo único que quería era que de alguna manera sus padres se fijaran en ella, que le demostraran que estaban orgullosos de alguno de sus logros. No se cansaba de intentarlo. A veces sentía el impulso de gritarles a la cara que lo único que ella necesitaba era sentirse importante, sentirse amada, que reconocieran alguno de sus esfuerzos por hacerse notar por ellos, como cuando aprendió a tocar guitarra exclusivamente para complacer a su padre y componerle melodías que nunca le escuchó, ése era el motivo principal por el cual ingresó a estudiar la carrera de Administración de Empresas vespertino en Inacap, carrera que, por cierto, su madre dejó inconclusa al saber que ella nacería, pero que en realidad era otro intento más para por fin poder hacerles ver que no era otro mueble de la casa, ni que era lo suficientemente independiente como ellos pensaban, que en realidad sentía un vacío tan grande dentro por la indiferencia que le otorgaban que no hallaba la forma de llenarlo ni siquiera con el cariño de alguna amiga, porque era tan baja la autoestima que tenía, que nunca pudo conseguir una relación así con la cual poder desahogarse, contar sus problemas y penas; siempre fue solitaria y triste, lo que le ayudó a tener una imaginación inigualable; su mente, su única compañera; por su cabezapasaban miles de pensamientos, historias e ideas que ella organizaba y vislumbraba perfectamente en su cabeza. Ese día no ponía precisamente atención a la clase de Autogestión impartida en ese horario. Lo que en realidad hacía era escuchar a sus compañeros con sus planes al salir del instituto, planes a los que obviamente no era incluida. Bueno, en realidad nunca fue incluida en nada, siempre pasó inadvertida para las demás personas; incluso, cuando era más pequeña, creía fervientemente que tenía encima algún tipo de manto o escudo que la hacía invisible a los ojos de cualquiera que la rodeara. La junta como bien había escuchado atentamente, sería en la plaza que estaba ubicada atrás del instituto, lugar que ni siquiera se había percatado de que existía, solo conocía el camino que transitaba día a día a la estación de metro que la llevaba a su hogar, si lo podemos llamar de esa manera. Saliendo de la última clase veía a sus compañeras guardar sus cuadernos apresuradas incluso antes de que terminara el horario, entusiasmadas con terminar luego la clase para salir a distraerse y relajarse un poco por la estresante semana de estudio, saliendo raudamente del salón conversando y riendo, contentas por comenzar a disfrutar su fin de semana, sensación que le gustaría experimentar alguna vez. Ese día fue la última estudiante en salir de la clase, nadie se despidió, nadie volteo a mirarla, nadie la esperaba en esa plaza donde acordarían sus compañeros ellugar al cual irían esta vez. Caminó hacia el baño de la institución y ahí estaban sus compañeras, mirándose al espejo, maquillándose preguntándose unas a otras que opinaban del look que traían, se preguntaba si ellas sabrían que iban en la misma sección y que todos los días compartían clases con ella, buscando la mirada de alguna de ellas para sonreírle por el espejo, pensando en cómo le gustaría pertenecer a ese grupo, mientras lavaba sus manos.

Esa noche salió del baño después de sus compañeras, sacó losaudífonos de su mochila y los conectó a su celular, le subió todo el volumen y salió del instituto, recorriendo el camino de siempre con sus manos en los bolsillos, pasó por el lado de sus compañeros que ya estaban parados en la esquina esperando a los que faltaban para dirigirse a esa plaza donde organizarían su salida, con la nula esperanza de que se fijaran que ella era también una de sus compañeras y la invitaran a compartir por primera vez en su vida un inicio de fin de semana diferente, con la música a todo volumen sin poder escuchar lo que hablaban miraba al pasar los rostros de sus compañeros por si se daba el caso improbable de que se dieran cuenta y le dijeran algocaminando a paso lento por el lado del grupo, pensando a estas alturas que quizá si era real la manta o escudo que la hacía invisible cuando era pequeña. Caminó mirando al suelo solo con la melodía de sus canciones en sus oídos, mirando las líneas de las separaciones de las palmetas intentando no tocar ninguna e imaginando como hubiera sido esa noche si alguno de sus compañeros la hubiese invitado, cuando de repente, sólo sintió un golpe por su espalda, el que le quitó el aliento y le hizo abrir sus ojos cristalizados ante el dolor extremo que recorrió su cuerpo lanzándola y cayendo de forma estrepitosa sobre las separaciones de las baldosas que minutos antes no quería tocar, quedando tumbada ésta vez con su mente en blanco y sus ojos aún abiertos tratando de mirar a su alrededor sin poder moverse, lo único que sintió fue el ruido de unos neumáticos intentando frenar en el pavimento pasando por encima de su cuerpo y un zumbido en sus oídos acompañado de un calor que llenaba su nariz y boca impidiéndole respirar con la visión borrosa,tratando de no cerrar sus ojos irremediablemente…

Despertó con el llanto de su madre quien apretaba su mano, miro al techo y sentía un cansancio horrible, el cual con dificultad la dejaba abrir su boca para hablar, miraba confundida a su madre quien la abrazaba y besaba con ímpetu mientras gritaba de alegría la palabra “¡doctor!”. Miró hacia la pared donde pudo visualizar un reloj mural con la fecha del día incluida: eran las 12 del mediodía y el sol entraba por la ventana. Luego pudo percatarse que algo andaba mal en la fecha: era el día 5 de octubre. Habían transcurrido 5 días, comenzó a desesperarse y tratar con todas sus fuerzas de levantarse y comunicarse, con su cabeza llena de preguntas mientras era afirmada por las enfermeras que intentaban tranquilizarla. Los días que transcurrieron después de su renacer como ella lo llamó fueron los más hermosos de su vida, por fin sus padres se dieron cuenta de que si existía, el impacto que causo ese accidente en la vida de ellos fue lo que les hizo darse cuenta de lo importante que era su hija, el tiempo que sin darse cuenta perdieron a su lado, haciéndolos recapacitar y tratar de recompensar todo ese abandono que le hicieron sentir sin percibirlo en el pasado, cada día de su recuperación sintió el amor y preocupación de sus padres, la mimaban y regaloneaban incansablemente a cada momento, haciéndola sentir importante y con la fuerza necesaria para darle un vuelco a su vida, estando tan cerca de la muerte con 5 días en coma, sentía que esta era la oportunidad que la vida le había dado para ser quien siempre quiso ser y hacer lo que siempre soñó que haría, decidió que su vida comenzaba de nuevo y así lo hizo. 

Era un día lunes. De lejos se veía en lo alto el logo de su instituto “Inacap” al entrar como siempre el guardia de seguridad le pidió mostrar su credencial que acreditaba que era estudiante de dicha institución, mirándola a ella y su credencial notó una gran diferencia entre las dos mujeres, la que veía en persona y la de la foto, confiando en que eran la misma persona la dejó ingresar a sus clases. Iba 15 minutos atrasada, corriendo entró al baño y se miro al espejo; recordó ese último día viernes que había estado ahí mirando maquillarse a sus compañeras, pero esta vez se sentía una más de ellas; sacó su labial de su cartera, pintó sus labios, sacudió su pelo y segura de sí misma caminaba por los pasillos bajo la mirada a través de los cristales de los alumnos que ya estaban sentados dentro de sus salas en dirección a su clase: aula 209, segundo piso, asignatura de Administración. Dio tres golpes firmes a la puerta con sus nudillos y entró, bajo la mirada atónita de sus compañeros de clase, los que boquiabierta la miraban esperando que el profesor pasara la lista, para comprobar si era o no la chica de la cual se burlaban constantemente en clases, confirmando más tarde que así era; recién pudieron darse cuenta que no asistía a clases desde hace un tiempo. Inmediatamente se le acercó uno de sus compañeros a ofrecerle amablemente la materia de los días que tuvo que ausentarse sentándose en el banco del lado junto a ella. En el cambio de asignatura guardó sus cosas en su mochila y vinieron a saludarla el grupo de amigas que componían el curso, llenas de curiosidad, tratando de dilucidar qué era lo que le había pasado; la invitaron al casino junto a ellas a comprar algo para comer antes que comenzara la siguiente clase, se sentaron un momento y ella les comenzó a contar que fue lo que le hizo cambiar su vida tan drásticamente, bajo la profunda atención que le brindaban. Se sentía contenta, por primera vez; no sólo le prestaban atención, sino que tenía a todo el grupo de compañeras interesadas en saber de ella y de su vida. Ese día comenzó su vida, ya no estuvo más sola, era considerada en cualquier actividad que planeaban sus compañeros, ahora podía sentirse tranquila cuando debía realizar trabajos en grupo porque ya se sentía parte de ellos, pertenecía a su grupo y ya no teníaque presentar sola sus informes; disertar adelante se le hacía fácil, aparte de que siempre fue una buena estudiante ahora tenía el completo apoyo de sus padres y sus compañeros que se habían convertido en los únicos amigos que había tenido en la vida, cada día al llegar al instituto era recibida por su compañeros quienes la acogieron de muy buena manera y, al irse a la casa, sus padres la esperaban para preguntarle cómo estuvo su día y prepararle algún refrigerio para que no se durmiera con el estómago vacío. Al pasar de la semana, llegó el día en que la invitaron a sus planes de los viernes, ahí estaba ella, a la salida de Inacap, esperando a los compañeros que faltaban para ir a la plaza; caminaron todos juntos conversando, contando anécdotas, riendo a carcajadas; una compañera la llevaba del brazo, se sentía feliz entre ellos, llegaron a la plaza y se sentaron en un banco, le ofrecieron fumar un cigarrillo y ella asintió sin antes haber tomado siquiera jamás uno entre sus dedos, lo prendió y aspiro el humo fijándose cómo lo hacían los demás y sintió un leve placer de libertad al hacerlo, mientras escuchaba a sus compañeros planear qué harían, decidieron ir a una discoteque - ¿Irás? - le dijeron y ella inmediatamente contesto que sí, sacó su celular para avisar a sus padres que llegaría mas tarde y partieron en caravana al lugar acordado. Al entrar sus ojos brillaban al ver las luces de colores y su cuerpo se estremecía con el retumbar de la música, pidieron entre todos en el bar whiskey y bebida energizante; primera vez que bebería alcohol. Dos vasos le bastaron para sentir el efecto. Su compañero, el cual se ofreció prestarle sus cuadernos, la tomóde la mano y la invitó a la pista para bailar; sólo lo había hecho antes en su pieza sola, pero eso no evitó que lo hiciera. Emocionada, comenzó a mover su cuerpo imitando a los demás al ritmo de la música, sentía tanta felicidad dentro que lo menos que le faltaba era energía. Fue la mejor noche de su vida, llena de risas, rodeada de amigos, todo para ella era una novedad, por fin se sentía una joven normal, se sentía importante, querida, formaba parte de ellos, a los que miraba todos los días en su soledad. Pasaron las horas y debía regresar a su hogar. Ahora podía llamarse así. Su compañero con el que bailó gran parte de la noche, se ofreció a llevar a algunas de sus compañeras y a ella incluida a sus casas, repartió a cada una de ellas a sus hogares dejándola de las últimas. Al llegar finalmente a su casa, él se bajo también con ella para despedirla. Después de conversar un momento, él tomó sus manos, se acercó lentamente mirándola a los ojos mientras ella comenzó a temblar de nerviosismo,sintiendo el olor de su perfume, besándola suavemente en los labios: su primer beso. Sentía mariposas en el estómago de esas de las que escuchó alguna vez hablar y que pensó que nunca tendría el placer de sentir. Cerró sus ojos y se dejó llevar por las sensaciones; él se despidió de ella y le dijo que esperaría con ansias el día lunes para poder verla de nuevo. Ella entró a su casa saltando de alegría, su madre la esperaba para poder dormirse y ella con mucha emoción le contó con entusiasmo todo lo feliz que estaba, todo lo que había vivido esa semana con sus compañeros de Inacap; se sentía inmensamente contentade poder conversar de esa manera con su madre, de tener esa confianza con ella y de mirar su cara también de felicidad al verla tan complacida. Esa noche se acostó en su cama en compañía de su madre quien le dio las buenas noches con un beso en la frente y se retiró apagando la luz de la habitación, ella cerró los ojos con una sonrisa en su boca y una alegría tremenda en su corazón…

En el hospital se podía visualizar en la pared un reloj mural con fecha incluida, era 5 de octubre a las 12 del medio día, el sol entraba por la ventana donde ella se encontraba postrada. Ningún compañero preguntó por ella en esos cinco días, no estaba su madre esperando que ocurriera un milagro ni tampoco despertó como lo soñó. En completa soledad, despreocupación y olvido falleció. Nunca pudo vivir la vida que quería en la realidad tras ese terrible accidente, pero sí en su fabulosa mente. La máquina a la que estaba conectada, sonaba estrepitosamente con un incesante tuuuuuuu… Al terminar de vivir el sueño más real de su triste existencia, los mejores 5 días de su vida los vivió mientras estaba en coma; no podía permitirse morir de esa manera, necesitaba sentir y disfrutar lo que siempre quiso y así fue. Su mente soñadora la acompañó como solía hacerlo y la ayudó a cumplir lo que deseaba, ser amada por sus padres, rodearse de amigos, sentirse por única vez una joven normal de su institución y con la misma tremenda alegría en su corazón y esa sonrisa en su boca de aquella noche antes de dormir en su habitación, no despertó jamás.


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