Sombras en las piedras
Claudina
Marzo de 1960. Una muchedumbre se reunió en la plazoleta del pueblo. Como si una fuerza invisible los hubiera convocado. Los comentarios habían ido de boca en boca, cada uno con su versión y, sin poder precisar cómo, un día se unieron todos con un mismo fin.
Esta fue la primera vez, pero no la única.
No menos de una decena de veces se encontraron en el centro del pueblo para verter cada uno su opinión sobre un hecho que conmocionaba a los lugareños y atraía a extraños al lugar. Miradas inquietas, con sospechas, miedos. Todos se daban cita con el mismo objetivo: desentrañar el misterio de las piedras.
A la orilla izquierda del lugar corría un ancho arroyo de aguas cristalinas, con inmensas piedras de diversos colores. Durante años había sido refugio de descanso, escenario de risas y tardes tranquilas. Pero algo había cambiado.
Ahora, para algunos, el lugar conservaba una belleza extraña, casi mágica, para otros , al caer la tarde, se transformaba en un territorio sombrío, donde el aire parecía espesarse y el silencio adquiría peso.
“El portal”, semanario periodístico que llevaba el nombre del pueblo, hasta entonces se había publicado con noticias sobre: economía, hechos políticos, pocos temas de interés general, y publicidades del lugar, con risueños comentarios escritos y dibujados por su editor. Los aproximadamente 5000 habitantes, no generaban grandes noticias, por lo que el portavoz se emitía en forma distanciada.
En la actualidad, la noticia de las extrañas sombras en las piedras rompió esa calma. El rumor había cruzado los límites del pueblo, y llegó a las ciudades, despertando curiosidad y temor. El periódico comenzó a publicarse en tiras semanales y con mayor volumen.
Cuentan los antiguos lugareños que, hasta fines de la década del `50, el arroyo atravesaba una estancia. Su antigua casa que se erigía en la margen derecha del mismo. la casona estaba cercada con muros de piedras y pocas personas tuvieron acceso al inmueble. Sus dueños, unos alemanes venidos de la guerra, no eran muy amigables con los lugareños. Algunos ancianos aseguran que los hombres que entraban era para no salir, pues trabajaban como esclavos en el arroyo, cavando entre las piedras, buscando minerales preciosos que entregaban a sus patrones a cambio de unas monedas para alimentar a sus familias.
Fue en el año 1957 cuando un aluvión movió las piedras enterrando bajo ellas a decenas de hombres que se encontraban trabajando.
Poco tiempo después, en una madrugada otoñal, fuertes ruidos secos , como golpes contra la tierra , despertó sobresaltado al pueblo. Eran los alemanes que, tras voltear las murallas, abandonaron precipitadamente la casa. Desde entonces, nadie supo de ellos.
Es ahora cuando comienzan a surgir las conjeturas sobre su desaparición. Algunos dicen que fueron aguas abajo y no salieron jamás. Intentaron huir, pero no lo consiguieron, pues las almas de los difuntos que quedaron atrapados entre las piedras los retuvieron para siempre.
Con la aparición de las sombras entre las piedras del arroyo, se reafirma la teoría de que murieron en el lugar, ya que algunos vieron una figura de mujer junto a un hombre saltando de piedra en piedra, y a su paso se oye un lamento que eriza la piel y hiela la sangre.
Curiosos y periodistas permanecieron una noche en el lugar, y fue entonces cuando vieron brotar de las piedras hilos de sangre que iban al arroyo.
La noticia recorrió el país: “En las noches de otoño en el pueblo, El Portal, en las piedras del arroyo, sombras humanas saltan de piedra en piedra” .
Todos los otoños, hombres y mujeres de distintos lugares llegan a “El Portal” movidos por el misterio.
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