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ROSANA, DESCUBRIENDO A LA BRUJITA

javier vela

javi2903

22 Abr, 2026
📚 Fantasía

PROLOGO



La noche anterior había llovido. Se evidenciaba en el delicado

 perfume de la hierba, aún húmeda y fresca, resplandecía

 brillante bajo los rayos del sol.



A lo lejos, una bonita casa, casi en medio del bosque. Sentada en el porche, una señora de unos 80 años, sonriente y feliz. Se encontraba absorta en sus pensamientos, bien calculados y coherentes con sus propias convicciones.


En ese momento, pasaron por allí un par de hombres que no vestían muy bien. Sus ropas se encontraban desgastadas y muy deterioradas, quizás síntoma de que eran las únicas que tenían. Ellos, al verla, se acercaron y se atrevieron a decir con mucha educación:

-       Buenos días, señora, ¿no tendrá usted algo de comida que les sobre para nosotros? Llevamos días vagando, buscando trabajo y, al no conseguirlo, tampoco hemos puesto nada en nuestros estómagos.

-       Pero ¿de dónde venís hombres de Dios?

-       Trabajábamos en un pueblo a 35 kilómetros de aquí, en una mina de carbón, después de un fin de semana nos encontramos la mina cerrada y todos los dueños y jefes habían desaparecido. La mina daba trabajo a mucha gente, y las demás empresas no pueden absorber a tanta gente, por eso nos hemos puesto en camino en busca de trabajo fuera de por aquí.

-       Yo os voy a dar de comer, por eso no os preocupéis, hoy llenareis vuestros estómagos cuanto queráis, pero trabajo yo no os puedo ofrecer, aunque si vais a la Gran Ciudad tengo amistades que a lo mejor os pueden dar un trabajo digno.

-       ¡Eso sería muy amable por su parte y nuestras familias se lo agradecerían!

-       Sentaros en la mesa del porche, os voy a sacar algo de comida.

-       Gracias, señora, si quiere que le ayudemos en algo, estamos a su disposición.

-       Sentaros y descansar, después de comer os aseareis un poco y os probareis ropa de mi marido que en paz descanse, creo que os estará bien.

Ambos fueron poco a poco hacía la mesa, apenas habían llegado a la mesa que la viejecita salió con un mantel y unos mendrugos y agua. Después empezó a sacar platos cocinados que los hombres devoraban de tal manera que ella pensaba que les podría sentar mal.

Una vez acabaron les dejó bañarse en casa y se probaron ropa que les iba perfectamente. Incluso les dio una maleta llena de ropa y así podrían ir cambiándose de vez en cuando.

Cuando acabaron, les invitó a una infusión en el porche, ambos aceptaron encantados y charlaron animadamente sobre todo del trabajo que hasta ese momento habían realizado de mineros, no les pagaban mal, pero eran muchas horas y muy peligroso para la salud. En un momento determinado uno de ellos le preguntó:

-       ¿No le da miedo estar aquí sola señora?

-       ¿Sola dices?, con estos árboles, pájaros, ¿serpientes, jabalís y otros animales?, imposible tener miedo.

-       Pero esto está muy apartado y además de mala gente también hay personas con necesidades que harían lo que fueran con tal de alimentar a sus familias.

-       ¿Como ustedes?

-       No señora, ambos seríamos incapaces de hacer nada malo, y yo creo que usted lo ha intuido desde un principio, ¿verdad?

-       Verdad, no tenía ninguna duda.

El rostro de la viejecita expresaba una gran serenidad, firmeza e inteligencia extraordinaria. De delicada y enigmática belleza, por otra parte…

-       ¿Pero no nos ha contestado que es lo que hace aquí, y sola?

-       Desde que murió mi marido decidí venir aquí que era la casa de mi abuela, a la que también quería muchísimo.

-       Lo lamentamos señora.

Hubo un instante de silencio y las miradas perdidas…

-       Hoy viene mi nieta a pasar unos días conmigo y la estoy esperando, aún tardará algo, pero a mí me gusta estar antes de la hora siempre. Mi vida ha sido algo azarosa y complicada y tengo muchas historias en mi memoria, propias y ajenas.

-       A mí me gustaría escuchar alguna de esas historias.

-       Y a mí también.

-       No tengo muchas ocasiones de hablar con alguien, así que a lo mejor abuso de su paciencia. Existe una historia que explican los aldeanos de aquí, que además siempre me ha gustado porque la protagonista se llamaba como yo, y muchos, equivocadamente, piensan que soy yo por varias similitudes sin sentido, pero me hace mucha gracia.

Y fluyó de sus labios una graciosa y divertida carcajada

-       Nos gustaría escucharla dijeron ambos a la vez.

-       Bueno pues lo siento por ustedes.













PARTE 1. CONOCIENDO A ROSANA


La abuelita empezó por un principio como ella dijo.

Rosana era una niña de 15 años completamente normal, especialmente aplicada en sus estudios, con unos padres que estaban pendientes de ella y de una perrita que llamaban Cleta. A ella le encantaba Cleta, siempre estaba dispuesta a jugar con ella y Cleta le correspondía con unos lengüetazos en la cara que la llenaban de satisfacción.

Su vida transcurría, como hemos dicho normalmente, sonaba el despertador, pero su madre la tenía que llamar tres veces y a la cuarta la estiraba de la cama hasta que se levantaba. Su primera tarea era darse una ducha, no es que le gustara mucho, pero eran las costumbres de la casa, después desayunaba un Cola Cao con galletas (esto sí que le gustaba). Se vestía, se lavaba los dientes, cogía su mochila y su padre le esperaba en la puerta con el coche puesto en marcha para llevarla hasta el colegio.

Una vez allí se concentraba en las clases, escuchaba con atención, tomaba notas y salía voluntaria cuando creía que se sabía el tema.

Uno de esos días una compañera, Luisa se le adelantó levantando el brazo, la pregunta era fácil, en qué año Colón descubrió Las Américas. Luisa, que era el doble de grande que Rosana (sobre todo a lo ancho) alzó el brazo y cuando la maestra la señaló, se levantó y dijo alto y fuerte:

-       Colón descubrió América en 1945.

Algunos de sus compañeros emitieron una leve sonrisa, pero a Rosana se le escapó una risa que se escuchó en toda la clase. Entonces Luisa la miró con unos ojos completamente inyectados en sangre de la rabia que le produjo esa risita. Rosana, sin pensarlo dos veces levantó el brazo y antes de que la maestra le dijera nada gritó:

-       !! Fue en 1495¡¡

Ahora sí que toda la clase se puso a reír y no precisamente de la correcta contestación de Rosana, si no de la anterior de Luisa, que había equivocado el orden de los números.

Luisa estaba sentada con la cabeza mirando al pupitre y esperando en algún momento que el suelo se abriera y se la tragara para no pasar la vergüenza que estaba soportando.

La maestra en unos instantes puso orden en la clase y continuó explicando la hazaña de Cristóbal Colon hasta que el timbre dio por terminada la clase y anunciaba el comienzo del recreo.

Rosana, por esa fama de empollona que la acompañaba tampoco tenía muchas amigas en el colegio, normalmente tomaba su desayuno envuelto en papel de plata y se lo comía leyendo algún párrafo de pequeños libros que siempre llevaba encima.

De pronto pareció que el cielo se hubiese nublado, todo estaba oscuro. Temerosa levantó la cabeza y lo que impedía que el sol brillara era que Luisa plantada delante de ella lo tapaba completamente. Luisa le dijo:

-       ¿Te parece bien reírte de una compañera por un simple y pequeño error Rosana?

Rosana no se esperaba aquello, pues la risa no había sido premeditada, había surgido sin que ella hubiese podido hacer nada. No sabía que decir y Luisa volvió a tomar la iniciativa.

-       ¿Rosana, te he dicho que si te parece bien lo que me has hecho hoy?

-        Luisa, yo no…bueno es que me ha hecho gracia que...

-       !Ah¡¿te ha hecho gracia no?, y además has replicado enseguida la respuesta cuando yo estaba ya a punto de rectificar.

-       Luisa, no te lo tomes a mal, no ha si..

Rosana no acabó la frase porque una de las grandes manos de Luisa se había estampado en la parte izquierda de su cara y la hizo caer con fuerza contra el suelo.

-       Esto es mucho menos de lo que te mereces-añadió Luisa- cuidado con volver a hacer lo que hoy has hecho, espero que hayas aprendido bien esta lección.

Dicho esto, Luisa se fue riendo y comentando con otras compañeras lo sucedido y lo poco que se había defendido Rosana.

Rosana se encontraba en el suelo, pero lo que más daño le hacía era la oreja que mostraba un color rojizo y sentía un calor como si le fuera a estallar. Se incorporó un poco y mientras se ponía la mano en su oreja vio cómo se alejaba Luisa y sus compañeras y en ese momento pensó:

-       Ojalá tropieces y te rompas un tobillo

Dicho y hecho, Luisa topó con algo invisible, dio como un pequeño salto y mientras emitía un gemido en forma de grito cayó todo lo larga y sobre todo, lo ancha que era.

Enseguida acudieron compañeros y maestros, la cogieron en brazos y la llevaron a un coche en dirección al hospital, pero Rosana escuchó perfectamente que seguramente tenía una rotura en un pie.

Rosana se quedó consternada y por un momento pensó que tenía poderes extraordinarios y para comprobarlo volvió a concentrase y pensó:

-       Así pinche una rueda el coche que lleva a Luisa

Abrió los ojos y observo, no sin cierta desilusión, que el coche continuó su camino sin producirse nada de lo que ella había deseado.

-       Causalidades de la vida –pensó-

Acabaron las clases, volvió a su casa, a sus deberes, la cena un poco de ordenador y a dormir. Así pasaron varios días y Luisa no acudía al colegio porque se encontraba con un tobillo roto. La vida continuaba sin obstáculos para ello, y sobre todo sin un gran obstáculo como era Luisa.

Llegó el día de su cumpleaños y como hacía todos los años invitaba a su casa a casi toda la clase a una fiesta. La verdad es que no venían muchos de ellos poniendo mil excusas, y los que venían menos un par de ellas era para ganarse la confianza de Rosana y que les pudiese ayudar en los exámenes.

Rosana ya se había vestido, había elegido una camisa roja combinada con una corta falda blanca y unos calcetines largos también rojos, se estaba poniendo unos pendientes con tres pequeños brillantes de los cuales colgaban un cuadrado negro muy bonito cuando entro su madre en la habitación y pego un grito diciendo:

-       ¿Tú te crees que estas son formas de vestir en el día de tu cumpleaños?, cámbiate enseguida, ponte el vestido azul que compramos hace un par de semanas, por lo menos es más decente y mucho más adecuado.

Rosana se enfadó muchísimo y mientras se colocaba los pendientes pensó:

-       Ya podrías tener la boca cerrada todo el día.

A pesar de ello, se desvistió, fue al armario, tomo el vestido azul indicado por su madre y se lo puso, antes de que acabara de abrochar y ponerse los zapatos, escuchó a su padre que decía

-       Pero Marta, que te pasa, ¿porque no me hablas?

Acabó enseguida de vestirse y bajó corriendo a ver qué sucedía. La escena no sabía si era como sacada de una película de terror o de una comedia de humor americano, estaban su padre y su madre rodeados de siete u ocho niñas y el padre gritando y la madre sin decir ni palabra, era como si todos los músculos de su cara fueran inanimados y se hubieran desencajado.

A Rosana se le ocurrió- vista la escena- el tomar una libreta y un lápiz y se lo dio a su madre, la cual le agradeció con sus ojos el detalle. Tomo el papel y lápiz y se puso a escribir:

-       ¡¡No puedo hablar, es como si se me hubiesen pegado los labios!! LLEVAME A UN HOSPITAL POR FAVOR¡¡

Rosana volvió a pensar que tenía poderes por segunda vez en poco tiempo, y decidió volver a intentarlo como con Luisa, pero más benévola esta vez. Se concentro y pensó:

-       Que mi madre vuelva a hablar

Pero nada nuevo sucedió y volvió a pensar que era otra casualidad.

Su madre pasó toda la noche en el Hospital, nadie sabía dar ninguna respuesta al problema. Cuando llegaron las siete de la tarde del día siguiente, como por arte de magia su madre volvió a hablar y sin ningún otro síntoma, por lo que volvieron a su casa y todo volvió a la normalidad.

Todo menos los pensamientos de Rosana que no podía dejar de dar vueltas a las dos cosas que habían sucedido cuando ella deseaba algo con intensidad, le despistaba el hecho de que cuando lo volvía a intentar no salía bien, es más lo había intentado infinidad de veces y no sucedía nada, pero no podía abandonar esos pensamientos.

Aquella mañana todo parecía salir mal, el despertador de su madre fallo y no hizo el característico sonido que Rosana escuchaba desde su cama pero que prefería ignorar. Vino su madre a la habitación gritando y sin darle las tres oportunidades de cada día la sacó directamente de la cama diciendo:

-       Nos hemos dormido Rosana, corre que llegamos tarde todos.

-       Entonces, hoy no me ducho, ¿no Mamá? -comentó Rosana-

-       ¡¡De eso nada!! al baño enseguida¡¡

Es que ni despertándose tarde se podía librar de ese inconveniente. Fue al baño, abrió el grifo del agua caliente y el del agua fría como todos los días, pero no conseguía que el agua saliera templada que era como a ella le gustaba, fue cerrando el grifo de la fría, pero seguía sin cambiar de temperatura. Entonces gritó

-       ¡¡Mamá!! el agua caliente no debe de funcionar¡¡

-       Pues dúchate con agua fría que así te despejarás más rápido.

-       ¡¡Mamá!!

-       Rosana, venga que es tardísimo.

-       ¡¡Mamá!!

No hubo respuesta, pero ella no estaba dispuesta a someter a su cuerpo a semejante tortura, cogió agua en las manos y se remojó temblando el pelo y una vez conseguido el resultado que buscaba salió de la ducha, hizo su aseo diario y salió para vestirse.

Lo hizo lo más rápido que pudo con la constante cantinela de su madre diciendo que era tarde, que su padre ya la esperaba en el coche. Pensó por un momento repetir lo mismo que hizo la noche anterior, pero, aunque no le había funcionado nada desde entonces, prefirió no correr nuevamente el riesgo. Aceleró lo que pudo y bajó dispuesta a tomar su desayuno, pero en la mesa no había nada, su madre estaba de pié junto a la puerta abierta con un puñado de galletas en la mano y algo envuelto en papel de plata.

-       Hoy te comes unas galletas en el coche de camino al colegio, no hay tiempo para nada más.

Con resignación tomó aquellas galletas que para más inri eran de las que tomaba su padre, unas que se llamaban algo como Digestive y que le dejaban la boca llena de cositas que no sabía identificar pero que perduraban allí horas y horas.

Llegó al colegio y prácticamente se perdió una clase, aun así, decidió entrar en la misma, ya que era la clase de francés y el maestro el joven Mattieu no le pondría falta. Era un profesor que se encontraba haciendo la suplencia de la maestra titular y era muy amable con todos, francés aprendíamos poco, pero era una clase divertida, donde siempre se jugaba como método de aprendizaje.

Como esperaba Mattieu la miró le dijo:

-       Bonjour Rosana

Ella tomó asiento en su pupitre y a los diez minutos acabó la clase. Ahora venía la clase de Sociales, tenía que reconocer que le gustaba la asignatura.

Xusa , la maestra era agradable y también detectaba que ella le gustaba como alumna, siempre la buscaba con la mirada e incluso alguna vez le pedía con la misma que interviniera.

Xusa entró en la clase, dejó sus libros sobre la mesa y se puso delante de todos nosotros y comentó en voz alta:

-       Hoy es un gran día, nos acaban de llamar que Luisa ya se encuentra recuperada y mañana la volveremos a tener con nosotros.

Rosana pensó que no era un gran día, la vuelta de Luisa la perturbaba, había estado muy bien sin ella, es cierto que la molestaba poco en clase, pero en el recreo siempre la estaba acosando. Cuchicheaba constantemente con sus amigas y se burlaban de ella. De vez en cuando el bocadillo que le preparaba su madre desaparecía de su taquilla y ella estaba segura de que era Luisa la que sin saber cómo, le abría la taquilla y se comía el bocadillo. Estaba tan segura porque durante una semana seguida había tomado de la despensa de casa una enorme guindilla y la ponía en el bocadillo, el día que el bocadillo estaba en su taquilla la quitaba y se lo comía, pero un día al abrir la taquilla observó que el bocadillo no estaba allí. Se fue al patio y se sentó en el mismo lugar de siempre y comenzó a leer.

En ese momento uno de los mineros dijo:

-       ¡Chica lista esta Rosana!

-       No lo sabes bien- contestó la abuela mientras continuó la historia.

 Rosana, oyó un trotar impresionante que pasó por su lado, era Luisa que fue directa a la fuente y se debió beber cien litros de agua por lo menos. Aquel día Luisa no dijo nada, pero al siguiente en la taquilla no había nada, ni bocadillo ni mochila, ni libros, ni nada, estaba completamente vacía.

Al salir de clase, solo con un libro y una libreta en la mano observó al grupo de Luisa alrededor de algo oscuro, se fue acercando y de reojo veía que la miraban y reían a carcajadas. Así que sin que se notase mucho miró al suelo y vio un montoncito negro que aún estaba humeando, enseguida supo donde habían acabado sus libros y su mochila. También imaginó donde estaba su bocadillo previamente inspeccionado.

Volvió a su casa y no tuvo más remedio que explicar lo que había pasado, entonces su padre, que era un hombre muy tranquilo y pausado se puso rojo, y sin decir palabra salió, abrió el coche, subió y desapareció en segundos.

Después supo que había ido al colegio, habló con la directora sobre ello y como Rosana no relató lo que vio al salir del colegio no pudo dar ningún nombre para que aplicara un correccional al culpable. El colegio dijo que asumiría los gastos de lo sucedido siempre y cuando todo quedase allí, sin denuncia. Mi padre acepto el trato y volvió a casa explicándolo como si de una hazaña bélica se tratara y que había ganado por superioridad absoluta, se encontraba orgulloso y eso le hizo estar más parlanchín que nunca, ya que normalmente era un hombre callado y muy respetuoso. Rosana estaba algo nerviosa, no sabía evaluar en ese momento las consecuencias de esa victoria de su padre.

Rosana no estaba muy equivocada, al día siguiente se preguntó en todas las clases si alguien tenía noticias de sus libros y su mochila. A partir de ese momento si alguien no la conocía ahora ya era popular, pero no precisamente como ella había soñado.

Ya no tenía muchos amigos, pero aquello la dejó prácticamente aislada por “chivata” y además era “empollona”, dos palabras que cuando aún las escuchaba años después le entraban arcadas.

En definitiva, Rosana, odiaba a Luisa, era una líder que debido a su tamaño tenía atemorizados a muchos y ya se sabe aquello “de que, si no puedes vencer al enemigo, únete a el”

Así que la vuelta de Luisa no le hacía ninguna ilusión, acosada en algunos momentos y sin bocadillo muchos días, no le provocaba ninguna excitación positiva. Llegó a pensar que como otros unirse a ella y buscar otras víctimas de las que reírse, pero tanto su padre como su madre le habían inculcado que no se debe de hacer daño expresamente a nadie. Menos mal que solo quedaban dos semanas de colegio y después disfrutaría de felices días con su abuelita materna que vivía en un bosque cerca de un pueblecito encantador. Solo esta imagen le alegró el resto del día.

Al día siguiente la misma rutina de siempre, pero a los pocos minutos de llegar a clase y sentarse en su pupitre pasó a su lado Luisa, parecía imposible, pero todavía era más grande que antes, Cuando llegó a su altura le pisó el pie con fuerza y susurró:

-       Esto ha sido culpa tuya y yo no olvido.

Aunque le hizo daño con el pisotón y con las palabras optó por no decir nada. Pero lo cierto es que aquel día al salir al recreo se refugió en el lavabo y se encerró en él hasta que sonó el timbre de vuelta a clase. Fue algo cobarde, pero seguro que se libró de alguna trama preparada por Luisa expresamente. Y no se equivocaba, la cara que traía era de decepción y frustración, no había conseguido no sé qué objetivo.

-       Otro día pasado-pensó-mañana ya veré que se me ocurre.

Al día siguiente al levantarse le dijo a su madre que no se encontraba bien y que incluso se mareaba. Como nunca lo había utilizado, le salió bien y se quedó dos días en casa. Su madre viendo que no estaba tan mal le obligó al día siguiente a ir a clase.

Al parecer como faltó esos dos días más el primero que se escondió, la gruesa Luisa había encontrado otra víctima para sus ataques, llevaba unos bocadillos el doble de grandes que los de Rosana por lo tanto acabó esa semana y la siguiente con pocos encontronazos con Luisa.

Sonó el timbre que daba por finalizada las clases y señalaba el comienzo de las vacaciones. Salió corriendo sin despedirse prácticamente de nadie, llegó a casa en un santiamén y subió a su cuarto a preparar la maleta, al día siguiente se iban todo el fin de semana a casa de la abuela y ella se quedaría allí por lo menos un mes como todos los años.




PARTE 2. CONOCIENDO A LA ABUELA


Se acostó temprano pero prácticamente no durmió en toda la noche pensando en lo bien que se lo pasaba con su abuela María. La abuela era una mujer afable y que siempre estaba pendiente de ella, enseñándole cosas nuevas, recorriendo con ella todos los caminos de un bosque con árboles tan altos que no dejaban ver la claridad del día, recogiendo toda clase de hierbas y flores que luego ella trataba y guardaba celosamente en pequeños recipientes de vidrio y les colocaba una etiqueta a cada frasco para saber el servicio que podía dar en un futuro. Rosana, aunque sabía leer no entendía la letra o el idioma en el que estaban escritos. Era lo único de la casa que la abuela le prohibía jugar con ellos. Siempre tuvo tentaciones de tocarlos, destaparlos y alguna vez había pensado en probar lo que contenían en su interior, pero nunca lo hizo, conforme se iba haciendo más mayor más intrigada le tenía aquello.

María también tenía unos cuantos animales que le servían para el consumo propio de la casa, tenía unas gallinas que ponían unos huevos estupendos y extremadamente sabrosos, dos cabras que le suministraban tanto la leche que tomaban en el desayuno como hacía con ella unos quesos deliciosos, también había un asno con el que Rosana se pasaba horas y horas con él, pero era más tozudo que ella y a veces lo dejaba por imposible.

María también poseía y trabajaba un pequeño huerto en el que había un poco de todo y que era muy bonito ver crecer todas las plantas. En su casa no faltaba nunca de nada y siempre estaba limpia y reluciente, esto no se lo podía explicar Rosana, una abuela con más de 80 años y que tuviese la energía suficiente para hacer todo y tener todo tan ordenado.

En ese momento el otro de los mineros cortó el episodio para decir

-       ¡Una casa como esta!

-       Pues sí, por eso los aldeanos hacen sus cábalas.

La abuela diciendo esto continuó como si nadie le hubiese interrumpido

Aquel día escuchó el despertador de su madre antes que los demás días, pero hoy no le hizo falta el que su madre la llamara, se levantó, se fue directa al baño y aunque el agua caliente no estaba todavía arreglada se duchó sin prisas bajo el agua que salía fría, bueno helada, pero ese día no sentía más que felicidad. Repitió el aseo diario y estaba a punto de acabar ya escuchó a su madre

-       Rosana, date prisa que tenemos que entrar los demás.

Salió del baño, se vistió en un santiamén porque ya se había dejado la ropa preparada el día anterior. Tomó la maleta y se situó frente a la puerta esperando a sus padres. Tardaron varios minutos que a ella se le hicieron eternos, los nervios, ansiedad y emoción recorría su cuerpo de arriba abajo, proporcionándole una energía de la que no disfrutaba otros días.

Por fin salieron, su padre era una de las pocas veces que se ponía nervioso e incluso creo que se enfadaba, ya que era como un ingeniero en prácticas colocando el maletero, ahora meto esto, ahora saco aquello porque es más cuadrado y así podré colocar esto otro. Esta operación duraba varios minutos, pero ella veía a su padre sudar la gota gorda a pesar de que a esas horas de la mañana no hacía nada de calor, y su cara estaba roja como un tomate. Su madre, que conocía lo que pasaba siempre decía

-       Voy a dar una vuelta por la casa para ver que no nos dejamos nada y que todas las luces y ventanas estén cerradas.

Curiosamente siempre aparecía cuando su padre había acabado con su puzle de maletas, maletines, bolsas y demás cosas, subían al coche al mismo tiempo que nos poníamos en marcha, al llegar al primer semáforo en rojo, su padre siempre decía santiguándose

-       Que tengamos un buen viaje.

Todos repetíamos lo mismo, tanto en palabras como en gestos. Ella siempre aprovechaba para intentar dormir un rato, a veces me resultaba imposible esta vez nos acompañaba un primo que tenía 5 años más que ella y que se pasaba el viaje jugando con una horrible máquina que le habían regalado dos navidades anteriores. Recostada y apoyada la cabeza en sus manos hubo un momento que llegó a pensar.

-       ¡¡No se acabarán las pilas!!

Y dicho y hecho, la maquinilla hizo un raro y extraño ruido y dejó de funcionar. Había sucedido otra vez, como si fuera un resorte se incorporó y volvió a decir para sí

-       Que vuelva a funcionar.

¿Funcionar?, no funcionaba nada, ni la máquina ni el coche que se había parado en seco, otro suceso extraño que Rosana ya no podía concebir como una casualidad más. Pero lo cierto es que estábamos en el arcén sin poder avanzar.

Su padre abrió el capó del coche y empezó a investigar sin ton ni son por todos los cables que contenía el vehículo. Sinceramente creo que no tenía ni idea y que solo era una acción desesperada a ver si por suerte podía poner en marcha el coche. Cundo se cansó de toquetear dentro del capó, subió al coche y le dio a la llave de contacto, nada, ni un solo sonido que le diera algo de vida al vehículo.

Entonces dijo con voz de experiencia

-       Esto o es el motor de arranque o es batería.

Tomo un mapa que siempre llevaba en el coche y lo estuvo revisando minuciosamente, y al final dijo:

-       A tres kilómetros hay una gasolinera, voy a ir allá andando, si no hay servicio de taller tendré que ir al pueblo más cercano que se encuentra a diez kilómetros.

-       ¿Cuánto puedes tardar? –le preguntó mi madre-

-       Pues si es la gasolinera yo creo que en una hora estaré aquí, si tengo que ir al pueblo andando puedo tardar más de tres horas.

Su primo se había dormido, y ella estaba completamente defraudada, deseaba llegar lo antes posible a la casa de su abuela. Y llegó a pensar que la culpa podía ser suya, por lo que repitió más de cien veces la frase:

-       Por favor, que se ponga en marcha, por favor que se ponga en marcha.

Y cuando su madre no se daba cuenta iba dando vueltas a la llave de contacto, pero nada de nada.

Decidió ponerse a dormir como su primo, pero no podía, la tristeza la embargaba y no podía dejar de pensar en cómo podría arreglar ese desaguisado.

Al final consiguió dormir un poco hasta que escuchó un ruido que le despertó. Delante de nuestro coche había una grúa con unos cables enganchados a nuestro coche, su padre esperó una orden del operario y dio la vuelta a la llave y POR FIN, el coche volvió a tomar vida. Su padre salió, se metió la mano en el bolsillo y le dio dinero al operario, el cual volvió a su vehículo y empezó la marcha al mismo tiempo que nosotros. Entonces su padre dijo:

-       Ves cómo era la batería, se había descargado absolutamente toda y de golpe y es muy extraño, ya que la cambié el año pasado. Pasaré por el taller cuando vuelva a ver si está en garantía y consigo una nueva, ya que esto ha sido una buena faena.

Seguimos durante tres horas más por la carretera hasta llegar a un pequeño, pero acogedor pueblo, que ella conocía a la perfección. Al final de este tomamos un estrecho camino sin asfaltar y que el coche no dejaba de dar brincos. Este martirio duró media hora más hasta que llegamos a una casa que por fuera parecía destartalada, pero por dentro era una maravilla.

Su abuela ya estaba sentada en el porche esperándonos, como siempre se la veía tranquila y relajada, se levantó y salió a recibirnos, nos dio un abrazo y un beso a todos, pero Rosana notó especialmente que era un abrazo más intenso que a los demás, incluso que el que le dio a mi madre, es decir a su hija.

El trabajo de descargar el coche duró mucho menos que cargarlo, y con la ayuda de todos con un solo viaje transportamos toda a la casa. Cuando entró se volvió a quedar anonadada, era preciosa y acogedora, y como siempre ordenada y limpia. La casa tenía dos pisos, su abuela ocupaba la planta baja donde también estaba el comedor y la cocina, los demás teníamos habitaciones en la parte superior y todas daban al bosque y tenían un pequeño balconcillo donde ella todas las noches observaba el cielo y las estrellas, su abuela le había enseñado la mayoría de las constelaciones y Rosana orgullosa se acordaba de todas ellas. También su abuela le enseñó a guiarse en la noche por medio de las estrellas. Realmente interesante, cuanto sabía y como lo explicaba su abuela, su querida abuela y pensando en ello se recostó en la cama y se quedó profundamente dormida y seguro que soñando.

Al día siguiente le despertaron los lengüetazos de Cleta, creo que ella también era feliz en aquella casa. Se levantó y después de su aseo bajó a la cocina, la mesa estaba llena de deliciosas pastas, fruta fresca y como no leche de cabra recién ordeñada. La verdad es que no supo el tiempo que estuvo sentada comiendo tranquilamente, nadie se había levantado todavía y eso le permitió compartir algo del desayuno con Cleta, lo cual tenía totalmente prohibido.

Cuando ya había acabado su madre apareció por la puerta de la cocina con la boca muy abierta (se acordó de lo cerrada que la tuvo días atrás y sonrió) y estirando perezosamente sus brazos, casi a continuación y de la misma guisa apareció su padre y sin pensárselo dos veces se pusieron las botas con lo que mi abuela había preparado. Cuando bajó mi primo ya se había acabado casi todo, pero estaba muy dormido y no se dio cuenta de casi de nada, era como un autómata.

-       Donde está la abuela- dijo papá-

-       No sé, cuando yo he bajado no estaba-contesté.

No había acabado de pronunciar la frase que se escuchó la puerta de la casa y apareció la abuela con una cesta llena de hierbas y extrañas flores.

-       Buenos días familia, veo que os a gustado lo que os he preparado.

-       - estaba todo delicioso-dijo Mamá.

Y su padre corroboró con la cabeza mientras se ponía algo en la boca.

Sus padres dijeron de ir al pueblo para comprar algunas cosas, querían que fuéramos todos, pero ella declinó el ir con ellos con alguna excusa, pero lo que realmente quería era quedarse a solas con su abuela.

Se vistieron y se marcharon con el coche en dirección al pueblo.

Su abuela con delicadeza estaba separando en grupitos todo aquello que había tomado de la naturaleza y las comenzó a manipular, cada una de ellas de una manera diferente, unas las cortaba y las ponía a hervir, otras las machacaba hasta que les sacaba el máximo de su jugo y entonces lo mezclaba con otros potingues.

Rosana asistía a ello con la boca abierta por la agilidad de cómo lo hacía y también de esa delicadeza con la que tocaba manejaba y distribuía todo aquello. Deseaba ayudarla, pero creo que era lo único que no le dejaba hacer en la casa.

Le entraban ganas de preguntarle muchas cosas, pero ella siempre le contestaba con evasivas, así que prefirió seguir callada y observando.

Cuando acabó le preguntó a Rosana de cómo le había ido el colegio ese año y las notas que había sacado. Estuvo media hora explicándole las características de las materias, de cómo eran los profesores y también se le ocurrió en un momento de debilidad explicarle sus problemas con Luisa. Ella le dio unos consejos para cómo debía de tratar ese problema, ya que ella consideraba que lo debía de solucionar para que no le afectara en sus estudios.

Ya en plena conversación se le ocurrió explicarle la escena de la bofetada que le dio Luisa aquel día y el desgraciado accidente que sufrió pocos momentos después.

-       Son cosas que pasan, alguien siempre castiga a quien no se porta bien- dijo-

-       Si abuela, pero sucedió lo que yo precisamente había deseado unos segundos antes.

Notó como a la abuela le cambió la cara y la tenía más blanquecina que de costumbre

-       ¿Se lo contaste a tus padres?

-       !!NOOOO¡¡, se hubiesen puesto de los nervios, no merecía la pena.

-       De esto tenemos que hablar Rosana.

Pero ya no pudo continuar porque escucharon el coche del padre y salimos a su encuentro, la abuela le susurró al oído:

-       No digas nada de lo que me has explicado, ¿vale?

-       ¡Vale!

Venían contentos, habían encontrado todo lo que querían, además llevaban en las manos un paquete que ella sabía perfectamente que contenía pasteles del horno del pueblo. Nos encantaba a todos como los hacían.

Era tarde y tenían hambre, así que su madre le dijo a la abuela

-       ¿Preparamos la comida Mamá?

-       No hace falta hija, subir a cambiaros que ya está casi preparada.

Esto le sorprendió, ya que no había visto a la abuela cocinar nada más que algunas de las hierbas que había traído.

Su abuela le dijo

-       Ves al gallinero y recoge los huevos que hayan puesto las gallinas por favor, Rosana.

-       Voy enseguida abuela.

No tardó ni diez minutos en hacer el recorrido por los ponedores de las gallinas y tomar uno a uno los grandes y hermosos huevos que ponían, los depositaba en una cesta que tenía la abuela con unos compartimentos para los mismos y de esa manera evitaban que se rompieran durante el camino.

Llegó a la casa y gritó

-       ¡¡Donde pongo los huevos abuela!!

-       En la cocina Rosana- contestó-

Así lo hizo llegó a la cocina para dejar los huevos y la mesa se encontraba en perfecto estado de revisión para empezar a comer, todo estaba puesto con el orden que caracterizaba a la abuela, pero es que también estaba dispuesta una cacerola llena de una sopa a punto de servir y en otra un guisado que desprendía un olor exquisito.

se preguntó

-       ¿Como habrá podido hacer esto la abuela en tan poco tiempo?

Pero como tenía hambre se sentó en su sitio, que por cierto estaba al lado de la abuela y gritó:

-       ! La comida está preparada ¡

Todos debían tener un hambre asombrosa, ya que fue acabar la frase y se encontraban todos en la cocina. Una vez sentados la abuela fue sirviendo uno a uno la sopa que estaba preparada.

La probó y pensó “deliciosa”, ella no sabía distinguir los elementos que contenía, pero estaba para chuparse los dedos.

Después le tocó el turno al guisado y fue una réplica de la sopa, era un plato realmente sabroso, hasta su primo que era muy especial para comer dejó el plato que no hacía falta ni lavarlo.

Llegó la fruta y después una sobremesa donde se intercambiaban las experiencias los adultos, bueno más que intercambiar sus padres no dejaban de hablar. En un momento determinado explicaron lo que le había pasado a Marta con la boca durante 24 horas, según cómo iba transcurriendo la conversación la abuela le dirigía miradas que la perturbaban, no decía nada, pero con la mirada sabía que le estaba recriminando algo.

Acabó la sobremesa y todos fuimos a dormir una siesta, allí sí que apetecía tumbarse en la cama y descansar.

El resto de ese día y del siguiente transcurrieron con una anormalidad aplastante, hasta la hora en la que sus padres decidieron volver a su casa

-       Rosana, ¿seguro que quieres quedarte aquí?, muchas de tus amigas están en la ciudad y a lo mejor este año te apetece más estar con ellas.

-       No Mamá, prefiero estar con la abuela, ella y yo nos necesitamos mutuamente.

En realidad, no sé porque le salió esa frase, pero gustó a todo el mundo, incluso a ella misma.

Sus padres se fueron al caer la tarde, esa vez había conseguido que Cleta se quedara con ella y la abuela. Entramos en la casa, fuimos a la cocina y la abuela hizo unos huevos fritos y pasó por la parrilla unas hogazas de pan, que hacía ella misma, y fue una cena excelente, sencilla pero excelente.

Entonces le preguntó a la abuela:

-       ¿Abuela, mañana que podemos hacer?

-       Rosana, ya sabes que yo me levanto muy pronto a dar un paseo y recoger mis hierbas.

-       ¿Te puedo acompañar?

-       Es muy pronto cuando salgo.

-       ¿A que le llamas pronto?

-       Me levanto a las cinco de la mañana y en cuanto veo que el sol empieza a alumbrar la tierra ya estoy dentro del bosque.

-       ¿Seguro que no te importa que te acompañe?

-       ¡Lo que tu desees hermosa!

María siempre se dirigía a Rosana con mucho cariño. Era un amor muy especial el que sentía por ella.

-       Pues llámame a esa hora e iremos juntas.

-       Así lo haré, por lo tanto, si te has de levantar tan temprano y puedes ir a dormir y demás me has de prometer que harás una buena siesta.

-       Prometido abuela.

Y Rosana le dio dos besos y se fue a dormir, o a soñar… no lo se.

A las cinco en punto la abuela la despertó y sin que hiciera falta nada más se levantó y se vistió rápidamente y bajó a buscar a la abuela.

Estaba en la cocina y ya le había preparado algo de comer y le dijo.

-       Toma algo, el camino es largo y el sol tardará en salir

Así lo hizo, aunque con una ansiedad desconocida para ella.

No había pasado una hora que la abuela se dirigió a Rosana y le dijo:

-       ¿Vamos?

Ni una flecha se hubiese levantado más rápida que ella. Salimos de la casa y cogimos un camino situado a la derecha de la bonita casa de la abuela. Durante un buen rato y siendo de noche todavía y la abuela con una especie de linterna, pero con una vela dentro en vez de pilas, prácticamente no hablamos. Cuando estaban a puno de llegar el bosque el sol empezó a clarear al día, la abuela apagó el artilugio que llevaba y se introdujeron en el bosque, su abuela contemplaba a izquierda y derecha como buscando algo. Ella llevaba un bastón que le ayudaba a retirar algunas malas hierbas, en un momento se detuvo y con el bastón separó varias plantas, se agachó y con mucho cuidado tomo unas hierbecitas amarillas arrancándolas cuidadosamente con sus raíces. No se lo había visto hacer nunca y su curiosidad no pudo más y le preguntó:

-       ¿Y eso para que sirve abuela?

-       Rosana, la naturaleza es muy sabia y para los animales del bosque hace que haya elementos en su regazo que sean capaces a ayudar a esos animales cuando se encuentran enfermos.

-       Y esa hierba que has cogido, ¿cura algo?

-       Por ella misma es incapaz de tener alguna propiedad, pero bien combinada con otras plantas sirve para cuando nos duelen los huesos, esto alivia el dolor y reconstituye parte de la materia que nos falta y que nos provoca ese dolor.

Casi que no entendió nada, pero puso cara de interés y asintió, tiempo tendría para ir averiguando algo más.

-       Por cierto, Rosana de lo que me explicaste ayer de lo sucedido con Luisa, deberemos tener una charla, pero de lo que explicaron tus padres de lo que le había pasado a mi hija, vi cómo te ruborizabas, ¿tuviste algo que ver?

-       Abuela, creo que no, pero también es cierto que Mamá no paraba de llamarme la atención y gritándome y pensé en voz alta “ya podrías tener cerrada la boca todo el día”

-       Uhmmmm dijo la abuela, también hablaremos de ello vale?

Y siguieron recogiendo hierbas y flores y la abuela le iba explicando muy superficialmente para lo que servía cada una de ellas. No se enteraba de mucho, pero le encantaba escuchar a la abuela y descubrir sus conocimientos de la naturaleza.

Regresaron a casa al mediodía, la abuela repitió el ritual del día anterior y lo que iba obteniendo lo ponía en frasquitos de cristal con una etiqueta que Rosana no entendía. El resto del día lo dedicaron a hablar y hablar, la verdad es que no se cansaba de escucharla, tenía conversación para todo y lo explicaba con tanta intensidad que le enganchaba, a veces hasta se emocionaba. Aquel día solo comieron unas tortitas rellenas de no sé qué, parecían verduras, pero no las identificaba como le pasaba en la ciudad.

Después tocó la actividad de manejar a los animales y a las plantas de su pequeño huerto. Lo que más le gustaba era ordeñar a las cabras, sobre todo cuando se acordaba lo que le costó la primera vez sacar una gota de leche de sus Mamás. Así llegó la noche, pusieron todo lo que habíamos recogido en su debido orden y se pusimos a cenar, fue cuando entonces la abuela dijo:

-       ¿Vendrás mañana conmigo de nuevo?

-       Si tú me dejas por supuesto, me encanta.

-       Bien, pues es hora de acostarse y descansar, hoy has dormido poco y para que estés en forma mañana tienes que dormir bien.

-       Pero abuela, todavía es muy pronto y podemos seguir hablando.

-       No-dijo con contundencia la abuela- he dicho que hay que dormir- bajó un poco la intensidad y continuó diciendo- es por tu bien chiquilla, te necesito bien despierta mañana.

Rosana, aunque algo disgustada asintió con la cabeza, le dio dos largos besos a su abuela y marchó a dormir, no eran ni las diez de la noche. Cleta la siguió, ella sabía que esa casa podía descansar junto a Rosana, en la ciudad jamás la dejaban.

Se acostaron y la verdad es que Rosana se encontraba muy cansada y enseguida concilió un reparador sueño.
















PARTE 3. DESCUBRIENDO A LA BRUJITA


No había pasado dos horas cuando Cleta se puso nerviosa y no paraba en la cama y emitía unos ligeros gruñidos que al final despertaron a Rosana, la cual le increpaba para que callase, que iba a despertar a su abuela, pero Cleta no dejaba su estado de nerviosismo y no movía la cola. Rosana se empezó a preocupar y puso una mayor atención a sus sentidos.

Entonces apreció algún ruido en la parte de debajo de la casa y se espantó un poco, salió de la habitación y dejó encerrada en ella a Cleta. Bajó sigilosamente las escaleras para no hacer ningún ruido y vio a su abuela que se estaba preparando para salir. La abuela cogió una bolsa grande y salió muy despacio de la casa, como no queriendo hacer ningún ruido.

Rosana era curiosa por naturaleza, subió, se puso una camisa larguísima y se colocó los zapatos y salió a la calle. Había una luna llena esplendida que iluminaba casi más que el sol. Vio a su abuela ir hacía el bosque y ella hizo lo mismo muy sigilosamente. Cada vez más la abuela se adentraba en el bosque, por fin llegó a un lugar donde había otras seis personas de la misma edad que mi abuela alrededor de un fuego, entonces su abuela abrió la bolsa que llevaba, sacó dos grandes cuernos, que no distinguí de que animal eran y repartió uno de sus frasquitos a cada una de las otras señoras.

Dios lo que siguió después fue increíble, todas ellas se empezaron a desnudar y tal como lo hacían, sus caídos cuerpos recobraban la juventud de siete jóvenes preciosas y sin ningún defecto. ¡¡Comenzaron a decir unas palabras ininteligibles para Rosana y abrieron sus frascos y su contenido se lo ponían por todo el cuerpo, en todas las partes de su cuerpo, !!en todas¡¡

Siguieron con ese ritual por lo menos durante una hora, tanto es así que Rosana se quedó dormida al cobijo del árbol desde donde miraba a las siete hermosas jóvenes.

Algo la despertó, cuando abrió los ojos se dio cuenta que era su abuela, tal como la conocía ella y no como la había visto antes.

Debió ser tal la expresión de su cara que la abuela se dio cuenta de lo que había observado. Le dijo con calma.

-       ¿Lo has visto todo no?

Rosana no sabía que contestar y no le salían las palabras, y su abuela con una voz condescendiente le dijo:

-       Lo hablaremos todo en casa, ¿vale?, solo te pido que esto no se lo expliques a nadie, ¿me lo prometes?

Sin poder todavía articular palabra le dio el sí con un movimiento de cabeza, se levantó y la siguió, ahora viendo a otra abuela, todavía consternada con lo que había visto.

Llegaron a casa y su abuela la llevó a su cuarto, le quitó la camisa y los zapatos y le dijo:

-       A dormir, mañana tendremos una larga conversación, te lo prometo.

Enseguida cogió el sueño, todo aquello todavía había añadido más cansancio a su cuerpo y mente.

Se despertó más tarde de las 12 del mediodía, bajó a la cocina y allí estaba su abuela con sus hierbas, flores y frasquitos. En cuanto la vio, le sirvió un vaso de leche de cabra y le preguntó:

-       ¿Estas preparada para mantener una conversación conmigo y sobre lo que sucedió ayer?

-       Abuela, sinceramente no sé si vi algo en realidad o era un sueño.

-        ¿Entonces porque no empezamos a escuchar lo que soñaste?

-       Pues, pues, no sé cómo empezar, todo comenzó cuando Cleta me despertó porque escuchaba ruidos, yo al principio no le hice mucho caso, pero al final también acabé escuchando esos ruidos que provenían de la parte baja de la casa. En silencio baje las escaleras y te vi a ti a punto de salir, la curiosidad hizo que te siguiera hasta lo más profundo del bosque, donde había reunidas otras personas muy parecidas a ti.

-       ¿Y qué hacían Rosana?

-       Estaban alrededor de un fuego y se encontraban esperando a alguien. Entonces, te acercaste y te saludaron. Tu llevabas una bolsa de la que sacaste algo parecido a unos cuernos y repartiste unos frascos entre todas ellas. A partir de aquí creo que me dormí y lo soñé todo.

-       ¿Y qué soñaste?

-       Que os desnudabais todas, pero conforme os ibais quitando la ropa os convertíais en jóvenes bellezas que empezaron a bailar alrededor del fuego y cantando y gritando cosas incompresibles para mí.      ¿Lo soñé verdad abuela?

-       Bueno, una especie de sueño sí que fue, pero ha llegado el momento que conozcas algún secreto familiar. Pensaba hacerlo más adelante, cuando tuvieses tres o cuatro años más, pero los acontecimientos de ayer cambian las cosas y no pienso mentir a una criatura tan inteligente y sensible como tú.

-       Mira, nuestra familia tiene una característica especial, bueno las mujeres de esta familia y cada dos generaciones.

-       ¿Qué quieres decir abuela?

-       Que cada dos generaciones la mujer de mayor edad tiene unos poderes especiales.

-       ¿Poderes especiales?, ¿qué clase de poderes abuela?

-       Se pueden conseguir cosas que otros no pueden hacer solo con desearlo intensamente.

-       ¿Me estás hablando de brujería?

-       ¿Si lo que me estas preguntando es que si en la edad media nos hubiesen quemado en una hoguera?, la respuesta es si

-       !!BRUJAS¡¡

-       Bueno Rosana, yo no es el término que utilizaría, las brujas de aquel tiempo tenían un pacto con el diablo que renovaban cada cierto tiempo celebrando un aquelarre, que es lo que tu viste el otro día, pero nosotras hace cientos de años que decidimos renunciar al diablo y ahora adoramos, si es que es la palabra correcta a la Luna, y cuando está en su mayor esplendor nos reunimos para que sepa que la seguimos incondicionalmente

-       Pero, pero abuela, lo que me estas contando es inaudito y no sé si creérmelo.

-       ¿Qué te parece si mientras continuamos esta conversación paseamos por el bosque?, todo allí se me hace más fácil, me encuentro muy a gusto con él, conecto con él y con todas sus criaturas.

Asintió con la cabeza y salieron ambas, seguidas de Cleta, hacía el bosque. Durante unos buenos minutos, no se dirigieron ninguna palabra, pero cuando estaban llegando al bosque, su abuela continuó:

-       Yo no me di cuenta hasta los veinte años, aunque ya había notado alguna cosa que no sabía explicar.

-        ¿Por ejemplo abuela?

-       Pues un día llovía a cántaros y tuve que correr hasta la casa y resbalé y caí de bruces en un charco lleno de barro, y de repente vi a mi alrededor a un grupo de chicos que se estaban riendo de mí y deseé intensamente que se les cagara un pájaro carpintero en sus cabezas.

-       ¿Y qué sucedió abuela?

-       Pues que una manada de pájaros carpinteros, que ya es raro verlos juntos, pasaron justo por encima de nosotros y soltaron sus heces encima de las cabezas de aquellos chicos, yo creo que llevaban más de una semana sin hacerlo, ya que quedaron todos entre blancos y un color ocre, pero sobre todo el olor era insoportable.

No paró de reír durante varios minutos, durante los cuales su abuela hacia lo mismo. De repente dejó de reír y pensó en como Luisa se había roto el pie y se quedó perpleja, sin palabras y además, raro en ella, muy seria. Entonces la abuela le dijo:

-       ¿Estás pensando en Luisa no?

Era increíble, había adivinado en lo que estaba pensando, pero no pensaba en el dolor de Luisa si no si fue ella la que provocó aquello.

-       Abuela, entonces yo…

-       Si Rosana, tú eres la segunda generación y la mayor, por lo tanto, has heredado estas facultades.

-       !!SOY UNA BRUJA¡¡

-       Una brujita encantadora diría yo.

-       !!Entonces solo con desear algo conseguiré que se cumpla¡¡

-       Bueno, casi todo.

-       A ver voy a probar, que ese pájaro que se encuentra en la rama de aquel árbol venga a posarse sobre mi brazo.

Esperó y esperó y nada sucedió, su cara de frustración debería ser tan patente que su abuela sonrió e incluso se le escapó alguna risita.

-       ¿Porque no ha funcionado abuela?

-       Rosana, acuérdate que estabas haciendo cuando deseaste que Luisa tropezara.

-       Pues no sé, me acababa de atizar una bofetada y me dolía mucho la parte izquierda de mi cara, pero no sé qué tiene eso que ver con...

-       Rosana, y cuando la tapaste la boca a tu madre, que estabas haciendo?

-       No me acuerdo, me estaba vistiendo para la fiesta, no le gustó mi vestido y me increpó para que me lo cambiase.

-       Piensa Rosana, piensa que hacías en el momento en que emitiste el deseo.

-       No se…, ah sí, me estaba colocando los pendientes.

-       Cuál de ellos.

-       Pues creo que era el derecho, no el izquierdo, ya que en el espejo siempre se ve al revés. Pero sigo sin entender nada abuela.

-       Mira, ambas veces y por casualidad estabas tocando el lóbulo de tu oreja izquierda.

-       ¿Ahhhhh?

-       Esa es la señal, porque si no el mundo giraría a nuestros continuos pensamientos.

Estaba asimilando todo ello cuando como un instinto natural se tocó el lóbulo de la oreja izquierda y dijo en voz alta

-       Pajarillo, ven a posarte en mi brazo.

Dicho y hecho, el pájaro remontó vuelo hasta posarse en su brazo

-       !!FUNCIONO¡¡

El pájaro ante aquel grito huyó

-       Abuela, esto es estupendo.

-       Si Rosana, pero también es una gran responsabilidad, si te parece bien ahora descansamos un poco, volvemos a casa y después de merendar nos sentamos en el salón y te explico las limitaciones y cuidado que debes de tener ahora que conoces el secreto.

-       De acuerdo abuela.

Dieron media vuelta y se dirigieron a la casa, iba pensando en algo frívolo pero la abuela se dio cuenta y le dijo

-       ¿Qué piensas Rosana?

-       Eh, bueno, que si también podéis volar con una escoba.

-       Jajajajajaja, eso sí que son cosas de cuentos, anda tira para adelante chiquilla.

Llegaron a la casa, fueron a la cocina y la abuela sacó un pequeño pastel con mucha nata y chocolate, además había hecho unos donuts, unos de azúcar y otros también de chocolate, eran enormes. Como sabía su abuela lo que me gustaba. Hizo incluso que por unos momentos no se acordara de lo que habíamos hablado anteriormente, y era muy importante. Después de repartirnos el pastel fuimos contra los donuts, tuvo una duda circunstancial, por cual empezaba primero, por el de azúcar o por el chocolate. Al final se decidió por coger ambos, pegarle un mordisco primero al de chocolate y después al de azúcar y así sucesivamente hasta acabarlos, pero los trozos del de azúcar eran más grandes para que así pudiese acabar con el de chocolate.

 La abuela puso unas hierbas a hervir con agua y una vez filtrado lo sirvió en dos tazas, puso un poco de azúcar moreno y le dijo:                                           

-       Rosana, ven aquí que tenemos que seguir hablando.

La siguió hasta el salón, se sentaron en ambos sillones y empezaron a tomar la infusión, que por cierto olía estupendamente y sabía a gloria.

-       Bueno Rosana, ahora ya sabes que tienes unos poderes especiales y, ¿además sabes cómo usarlos no?

-       Creo que si abuela, pero me hablabas de limitaciones.

-       Si Rosana, en principio has de saber que desde que rompimos con el diablo también hemos perdido algunas de nuestras facultades.

-       ¿Como cuales abuela?

-       La primera es que no podemos utilizar nuestros poderes en beneficio propio, siempre que este beneficio sea para enriquecerse o para conseguir la felicidad.

-       Yo creía que con estos poderes podríamos ser más ricos y felices.

-       Rosana, la riqueza no trae de ningún modo la felicidad, ésta la tenemos que buscar y trabajar como cualquier otro. La ventaja es que al poder actuar sobre los demás nos puede ser más fácil llegar a notar muy de cerca esa felicidad. ¿Tú eres feliz Rosana?

-       Pues creo que sí, tengo una buena familia, estudio y saco buenas notas, y ahora estoy contigo. ! Y soy una bruja ¡

-       Brujita Rosana, brujita, ¿pero lo pasas bien en el colegio?,¿tienes amigos?

-       La verdad es que mi conflicto con Luisa que es una líder en el colegio no lo paso bien, siempre tengo que estar escondiéndome o sola, leyendo libros que me gustan de aventuras de niñas preciosas que se acaban convirtiendo en princesas. Por otra parte, amigos pocos, todos me ven como una empollona y eso me aleja de ellos, a mis fiestas de cumpleaños acuden pocos y muchos de ellos es por interés.

-       Bueno Rosana, la magia de la brujita puede ayudarte, pero el trabajo ha de ser principalmente tuyo.

-       No entiendo para que sirve esa magia entonces.

-       Ya lo sabrás, todo a su debido tiempo, eres muy joven y puedes aprender deprisa. Mira otra limitación vital de haber roto ese pacto es que no podemos actuar sobre lo irreversible.

-       No entiendo abuela.

-       Un ejemplo es lo mejor, si te acuerdas del pajarillo que se ha posado en tus brazos hoy, recuerdas que lo has asustado y ha volado, imagina un cazador cercano que le pega un certero tiro y lo abate, no conseguirás nunca el volverle a la vida. ¿Lo entiendes ahora Rosana?

-       Si, creo que si abuela.

-       Y sobre todo y dado que somos brujas que hemos roto nuestro pacto con el diablo, debemos de actuar con mucha normalidad y solo utilizarla para hacer felices a los demás y a ti misma.

-       ¿Y eso como se consigue?

-       Paciencia, cada cosa a su tiempo, todavía nos queda más de un mes juntas e intentaré enseñarte todo lo que sé, pero principalmente has de aprender por ti misma. Creo que ahora ha llegado la hora de dormir, por hoy ya tienes bastante.

-       Si abuela, creo que tienes razón, todo esto me ha superado y estoy verdaderamente cansada.

Se levantó, le dio un fuerte abrazo a su abuela acompañado de un largo beso y subió a su habitación. Una vez allí, tuvo esa curiosidad de una niña. Se llevó la mano al lóbulo izquierdo y dijo en voz alta:

-       Que la ropa de la cama se abra para recogerme.

Dicho y hecho, en un momento la ropa de la cama parecía tomar vida y se abrieron y doblaron de tal manera que ella solo tuvo que ponerme dentro y recogerla con sus manos para taparse. Se quedó dormida al instante pensando en todo lo que aquel día había descubierto, era la brujita Rosana. Le tendría que preguntar a la abuela a quien se lo podía explicar, ya que estaba deseando de hacerlo a sus padres y pocos amigos a ver si así ganaba más cariño y adeptos.

Cuando se despertó la mañana siguiente era tardísimo y bajé al piso de abajo y vio a su abuela como cada día y como si nada de lo del día anterior hubiese pasado. ¿Habría sido un sueño? La abuela me sacó de la duda diciendo:

-       ¿Como se encuentra esta mañana nuestra brujita?

Lo que pasó los siguientes días fue increíble, las cosas que se podían hacer con esa magia, ahora entendía Rosana como la casa de la abuela estaba en tan perfecto orden, la comida siempre a punto y preparada y muchas otras cosas más, además adentrándose en el bosque descubrió infinidad de cosas que antes no las percibía y por último aprendió las hierbas y flores que se tenían que recoger y todas sus propiedades, así como combinarlas y ponerlas en los frasquitos de la abuela y ahora ya sabía que decían cada una de las etiquetas.

Un día de esos le preguntó a la abuela:

-       ¿Abuela, con quien puedo compartir los poderes que tengo?

-       Con nadie Rosana, solo te está permitirlo transmitirlo a tu posible nieta, a nadie más. Si algún día alguien lo sabe por ti, perderás automáticamente tus poderes.

-       Esto sí que es un inconveniente, yo quería decírselo a todo el mundo.

-       Claro, eres todavía una niña y esto normalmente se tiene que explicar cuando tienes unos veinte años, con una mayor madurez. Pero debes saber hacerlo, ya que si no la cadena se rompe y no hay posibilidad de recuperarlo.

-       ¿Y cuándo podré ir a una fiesta como la que yo vi aquel día?

-       No con menos de 22 años y con la primera luna llena de los meses de junio y julio.

Sin quererlo, el tiempo pasó, tuvo la tentación de parar el reloj, pero si lo hacía se paraba todo lo demás y dar marcha atrás tampoco, ya que la abuela dijo que no se podía actuar sobre lo que ya había sucedido. Así que comenzó a hacer la maleta, aunque solo comenzó, ya que se tocó la oreja e hizo que la maleta se acabase por sí sola.

Bajó al porche a esperar que llegase su padre, cuando la venía a recoger venía él solo. Hasta Cleta estaba nerviosa, aunque en todas las vacaciones no se había separado ni un solo momento de Rosana.

Llevaba un buen rato esperando y una vez haber pasado todo el verano con la abuela por su cabeza, ahora deseaba llegar a casa para seguir practicando su nueva magia, ardía en deseos de explicárselo a alguien, pero enseguida pensó en lo que le había comentado y la verdad es que le costaría mucho no hacerlo, pero tenía que conseguirlo, ya que si no se le acabarían los poderes y además para todas las generaciones.

 

PARTE 4. UNA DRAMATICA DESGRACIA


Pensando en ello no se dio cuenta de que se acercaba el coche de su padre, la abuela sí que lo vio y fue hasta donde me encontraba. Allí esperó hasta que el coche se acercó, frenó y sin parar el motor se apeó del coche, le dio dos besos a la abuela y cogió mi maleta, la puso en la parte de atrás del coche, abrió la puerta trasera e hizo subir a Cleta, cerró la puerta y me dijo:

-       Venga Rosana vamos que quiero llegar pronto a casa, hoy juega la selección y no me lo quiero perder.

También pensó que una vez acabada la temporada de verano tenía ganas de volver a casa y poner un poco de orden en su habitación, la dejó hecha unos zorros. Aunque está vez pensaba, sonriendo, que esta vez le costaría algo menos.

Subió al coche, su padre también y se puso en marcha sacando la mano por la ventanilla e hizo un ademán de adiós a la abuela Rosana bajó la ventanilla, sacó medio cuerpo fuera y no paró de decirle adiós hasta que desapareció de su vista.

Al rato el viaje se le estaba haciendo largo, aunque su padre aceleraba para llegar a ver el partido, se quería dormir, pero no podía, tenía demasiada ansiedad. Entonces pensó en los poderes, subió su mano hasta la oreja, la toco y deseó intensamente.

-       Que lleguemos antes a casa.

Enseguida notó como el coche cogía mayor velocidad, ya no sabía si sus poderes habían influenciado en su padre o es que su padre seguía pensando que llegaba tarde al partido. Pero al cabo de un rato se dio cuenta de que el coche estaba cogiendo una velocidad vertiginosa, de momento no dijo nada, pero pasado un rato iba a decirle a su padre que bajara la velocidad cuando se acercó una cerrada curva y el coche se ladeó a la izquierda y aunque mi padre quiso dominar el coche, este se desvió a la derecha, chocó con algo y el coche empezó a dar vueltas y vueltas sin ningún control se precipitó por una ladera y hasta que no llegó abajo no paró. Fue una caída brutal y en algún momento perdió el conocimiento.

No sé el tiempo que pasó hasta que se volvió a despertar, y fueron unos lengüetazos conocidos por ella, Cleta estaba junto a ella toda ensangrentada, pero a su lado. Se encontraba tendida en medio del campo, sin poderse mover y con el cuerpo dolorido, un hilillo de sangre le bajaba por la cara e intuyó que le venía de la cabeza, supuse enseguida que había salido disparada del coche en uno de los vuelcos. Intentó levantar la cabeza, pero le hacía mucho daño. Aun así consiguió que mi mirada llegara algo más lejos del cielo que solo veía hasta entonces. Vio el coche humeando a bastantes metros de ella y haciendo un gran esfuerzo, pero con mucho dolor distinguió que su padre todavía se encontraba dentro de lo que quedaba del coche.

Volvió a rendirse al dolor y puso la cabeza sobre el suelo. No sabía qué hacer, no sabía que le pasaba, no sabía cómo estaba su padre, y en el sitio donde habían caído era difícil que los vieran por esa carretera poco transitada.

Entonces pensó en los poderes, en sus malditos poderes que posiblemente habían provocado ese accidente. Intentó levantar el brazo izquierdo, le era completamente imposible, la derecha le respondía algo, pero no tenía fuerza para llevarla a su oreja izquierda. Cleta como si supiera lo que su ama quería se acercó al brazo y con la boca ayudó a que este se fuera levantando hasta que quedó cruzado sobre su hombro izquierdo, la perrita fue hacía el otro lado y repitió la terea hasta que la mano rozaba su oreja. Entonces pensó en voz alta:

-       Que venga una ambulancia por favor y rápido.

No pasaron ni cinco minutos cuando divisó unos hombres arriba en la carretera, llevaban las chaquetas clásicas de los enfermeros y conductores de ambulancia. Bajaron todo lo deprisa que pudieron y se acercaron a mí, uno de ellos me estaba revisando de arriba abajo y el otro fue hacía el coche. El que estaba conmigo me dijo,

-        no te pasa nada más que el golpe que tienes en la cabeza, hay que llevarte al hospital para que puedan hacer una valoración efectiva.

El otro enfermero estaba hablando por su radio y a los pocos minutos, mientras a ella la estaban inmovilizando llegaron policías y bomberos, estos últimos estuvieron haciendo unos ruidos metálicos durante mucho tiempo y al final pudo abrir la boca para preguntar.

-       ¿Como está mi padre?

-       Tu padre se pondrá bien, ya verás, pero está atrapado en el coche y lo tenemos que sacar para saber exactamente que tiene.

Cuando llegó otra ambulancia y bajaron dos enfermeros más vio como sacaban a su padre, lo tumbaron en el suelo y todo el mundo estaba a su alrededor, poniéndole inyecciones, mientras uno de ellos se puso encima de el y solo hacía que darle golpes en el pecho mientras otro le insuflaba aire con un aparato, vio mucha sangre. A ella la estaban levantando con la camilla y la subían hacía la carretera, cuando llegaron arriba observó que todo el mundo alrededor de mi padre estaba quieto, uno de ellos llevaba una manta como metálica en la mano y se la puso encima a su padre tapándole incluso la cabeza. En ese momento su mano izquierda se fue directa a la oreja y gritó:

-       Papá ponte bien ¡por favor ponte bien ¡

Nada cambió, uno de los enfermeros tomo su mano y la volvió a colocar en su sitio, entonces pensó en las palabras de mi abuela “no puedes actuar sobre algo que es irreversible”.

En ese momento perdió el conocimiento y ya no se enteró de nada.


Los hombres que estaban escuchando el relato estaban con la boca abierta, hasta que uno de ellos pudo decir

-       Señora, no querrá decir que…el padre….

-       Todavía no he acabado, pero tengo sed, voy a preparar una infusión fresquita.

Y se levantó de la mesa, ambos hombres estaban como hipnotizados con la narración, además tenían ganas de saber todo lo que había sucedido.

La abuela no tardó en salir con tres grandes vasos de infusión con cubitos de hielo. Se sentó y dijo

-       ¿Por dónde iba?

-       Cuando Rosana había perdido el conocimiento.

-       Ah, sí, continúo.

Rosana se despertó en la habitación de un hospital con su Mamá cogiéndole la mano y dormida sobre su propio brazo.

Intentó hablar, pero le costaba, al final emitió un sonido que quería decir:

-       Mamá, ¿cómo se encuentra papá?

En ese momento su madre se despertó y se puso a gritar llamando al médico, no entendía nada, pero en un momento aparecieron en la habitación seis o siete personas, vestidas de blanco y de verde, pero ella seguía preguntando:

-       ¿Dónde está papá?

Una de aquellas personas tomó una linterna y la enfocaba a sus ojos abriéndolos, subiéndole los párpados continuamente. Pero nadie contestaba a su pregunta, quería gritar, pero no podía y siguió emitiendo sonidos preguntando:

-       ¿Y papá?

Ahora se acercó una mujer de mediana edad, mientras su madre lloraba en un rincón, notó que era un llorar contradictorio, por una parte, como si se alegrara y otra de profunda tristeza. La mujer que se acercó le dijo que era psicóloga del hospital y que una vez la revisaran totalmente se quedaría con ella y charlarían un rato.

Ella no quería charlar, quería saber cómo estaba su padre y repitió una y otra vez la pregunta sin respuesta.

Supongo que la mantenían como sedada, ya que sus pensamientos corrían por su cabeza sin ton ni son, iban y venían, pero no lograba mantener un hilo conductor que le diera coherencia a los mismos.

No sabía exactamente el tiempo que pasó, pero hubo un momento en que se sintió más lúcida de lo normal y acababa esos pensamientos, el primero, como no podía ser de otra forma era para su padre, tenía grabada la escena en la que lo tapaban con aquella manta como metálica, pero lo que le sorprendía más es que nadie de los que estaban a su alrededor y eran más de siete, no hacían nada, estaban inmóviles. Pensando esto entro una mujer de mediana edad y le preguntó:

-       ¿Como te encuentras hoy Rosana?

-       Parece que mejor, ¿pero es usted mi médico?

-       No, nos conocimos hace unos días, me presente como la psicóloga del hospital, ¿te acuerdas?

-       ¿Usted era la que no contestaba a mi pregunta?

-       La misma.

-       ¿Y ahora me la va a contestar?

-       Mujer, yo venía a…

-       ¿Me la va a contestar por favor?

-       Rosana, es mejor que…

-       Si no me la va a contestar no hace falta seguir esta conversación, que venga alguien que tenga respuestas.

Giró su cuerpo y cara hacía el lado contrario donde se encontraba la psicóloga.

-       Rosana, si eres capaz de escucharme unos minutos, te prometo que tu pregunta tendrá respuesta, ¿pero me das esa oportunidad?

se volvió a girar y puso una expresión como diciendo “se están acabando esos minutos”

-       En primer lugar, quiero decirte que me llamo Ana y que me gustaría que me llamases por mi nombre.

-       Muy bien Ana, los minutos pasan.

-       Rosana, ¿eres consciente de que acabas de despertar de un sueño muy largo?

-       Sé que ayer o anteayer tuvimos un accidente mi padre y yo cuando volvíamos a casa, que perdí el conocimiento y me he despertado ahora.

-       Lo del accidente es cierto, pero no fue ni ayer ni anteayer, fue hace dos años, has estado en coma durante dos años.

-       Pero no es posible, todavía lo estoy viendo como si hubiese sido ayer.

-       En tu mente han quedado grabadas unas escenas que parecen ser muy recientes, pero la verdad es que casi habíamos perdido la esperanza de que te recuperaras cuando despertaste por ti sola, pero han pasado dos años.

Se quedó prácticamente sin habla, no sabía que decir, hubo unos minutos de silencio donde le parecía escuchar el segundero del reloj de Ana tic tac, tic tac,

-       Rosana, ¿me puedes decir cuáles son esas imágenes que guarda tu mente tan nítidamente?

No sabía si contestar o no, porque a ella misma esas imágenes le producían dolor, pero al final se decidió:

-       Lo que más claro veo es que a mí me estaban llevando a la ambulancia, me dolía mucho la cabeza y casi no podía mover el cuerpo, pero cuando estaba arriba en la carretera vi que echaban sobre el cuerpo de mi padre-aquí se me escaparon dos lágrimas- con una manta metálica y lo que me preocupó es que nadie de los que había a su alrededor hacía nada por él. En ese momento perdí el conocimiento hasta que me he despertado aquí.

Su cara se encontraba compungida, intentaba que sus ojos no se llenasen de lágrimas mientras estaba relatando esto, aunque por otro lado se sentía algo mejor al poderlo exteriorizar con alguien. No comentó nada sobre su último deseo antes de perder el conocimiento, “papá ponte bien, papá ponte bien”.

Ana me lanzó una calurosa mirada mientras su mano se acercaba a mis cabellos y jugaron con ellos antes de decirme:

-       Rosana, ¿tú sabes interpretar bien lo que vistes no?, me han dicho que eres muy inteligente y sobre todo intuitiva.

Ahora sí que perdió toda vergüenza, se puso a llorar y a gritar mientras se agarraba a ella y le daba un abrazo que estaba segura de que le tuvo que hacer mal, lloró tanto que se le acabaron las lágrimas en un minuto y separando la cara de su pecho y mirándola a los ojos le comentó.

-       Ana, dime que no es verdad lo que estoy pensando, que todo ha sido un mal sueño y que mi padre entrará por esa puerta en cualquier momento.

Ana, a pesar de ser una profesional no pudo contener que se le escaparan dos lágrimas de sus ojos, ya tenía la respuesta clara a su pregunta y no sé de dónde volvieron sus ojos a rebosar de lágrimas y lamentos. No sé cuánto estuvo así, pero ahora sabía que no vería más a su padre.

-       Rosana, ahora te vamos a dar algo para descansar, debes de intentar soñar un rato con tu padre y recordar aquellos momentos que hayan sido más felices para ti y para él, ten por seguro que es lo que el querría, lo último que tu padre desearía es que tu no fueras feliz, piensa en ello y descansa, luego volveremos a hablar.

Pasó una enfermera que le inyectó algo en el suero y su mente se fue yendo poco a poco de aquella habitación de hospital para ir a reconciliarse con su padre, a recordar momentos, momentos a veces de silencio que su padre tenía pero que hablaba con su expresión y sabías perfectamente lo que quería. Pensó en las salidas juntos por la montaña y también por la playa, donde hacían carreras a ver quién llegaba primero a las rocas, pensaba en que….

Cuando volvió a despertar estaba Ana acompañada de su madre Marta, la pobre mujer no sabía ni qué hacer ni que decir, pero sobre todo pensando en Rosana, ya que ella hacía dos años que había perdido a su marido y ese dolor, aunque nunca se olvida se minora con el tiempo.

Haciendo tripas corazón llamó a su madre:

-       Mamá, ven aquí por favor.

Su madre temblorosa y con los ojos llenos de lágrimas se acercó poco a poco, como si tuviera miedo, pero cuando llegó junto a ella nos unimos en un abrazo y en unas lágrimas conjuntas, se separó un poco de ella y le dije:

-       Mamá, no te preocupes, papá está aquí, lo siento, él está aquí con nosotras y como dice Ana él no quiere que suframos, quiere que seamos felices aún en la infelicidad de no estar físicamente con él. Ahora tenemos que ser muy fuertes y superar esta prueba que nos han enviado desde no sé dónde, pero no le hagamos sufrir a él.

Su madre no pudo soportarlo, gimiendo y llorando salió de la habitación sin decir ni palabra. Ana sí que dijo:

-       Rosana, te ha sentado bien este descanso, me habían dicho que a pesar de tu aspecto de debilidad eras muy fuerte y lo has demostrado, nos has dado una lección a todas. Por mi parte tienes el alta médica, estás en perfectas condiciones de asumir las circunstancias y no temo porque puedas hacer ninguna tontería. Eso sí, te dejo en la mesilla mi número de teléfono y mi dirección, donde me puedes encontrar siempre que quieras y me necesites. Si tienes momentos depresivos, que es probable, llámame, no los pases tu sola.

-       Ana, perdona como te he podido tratar en un primer momento, pero te agradezco que hayas seguido insistiendo en hablar conmigo, además que me has dado la peor noticia de mi vida lo has hecho de una forma muy sutil, dulce y de la mejor manera que se podría hacer, te estaré agradecida toda la vida por estos momentos y no dudes que te llamaré, y aunque no me deprima tienes que venir a comer a casa, mi madre cuando no está llorando es una magnifica cocinera.

-       Gracias Rosana, personas como tú son las que dan verdadero sentido a mi profesión y te aseguro que aceptaré encantada la invitación.

-       Ahora Ana, me quisiera quedar un rato a solas y sin calmantes, necesito recuperar a mi padre y mi vida.

-       Te dejo, mucha suerte, Rosana.

-       Gracias Ana por todo.

















PARTE 5. UNA NUEVA ESTRELLA

 

Se quedó a solas volviendo a sus recuerdos, los buenos y los malos, también le vino a la mente el pensamiento de llegar lo antes posible a casa y si ello habría podido provocar el accidente, esto le dejaba inquieta, muy inquieta, pero lograba superarlo con la imagen de su padre abrazándole y besándole y dándole la enhorabuena por las notas que le traía y notaba en él un calor extraño, pero muy agradable y su olor, parecía que lo tenía al lado, continuaba oliendo a él. Todo era muy extraño, le iba a faltar una parte importante de su vida, una parte muy importante que quizás por su carácter serio y no muy parlanchín no había tenido más ocasiones de conversar con él, explicándole sus problemas o simplemente sus vivencias. Y eso que cuando lo hacía escuchaba con atención y siempre le daba consejos muy acertados. Se temía que no había estado lo suficientemente cariñosa para demostrarle lo que realmente le quería. Supongo que le pasa a todo el mundo cuando pierde a un ser tan querido.

Había llegado la noche, apagó la luz y con un pequeño esfuerzo, no mucho la verdad se levantó de la cama, no estaba ágil andando, se tenía que ir apoyando para no caer llegó hasta la ventana, había un cielo completamente despejado y desde la misma se veía la constelación de la Osa Mayor o también llamada el Carro, que bonito era mirar al cielo y poder identificar lo que nos quería decir. Era maravilloso, en ese momento pensó que mi padre podría estar allí arriba, mirándonos en la oscuridad de la noche. Ese pensamiento le hizo recordar que para bien o para mal seguía siendo una brujita y tuvo una idea que hizo que su cara se iluminase. Se llevó la mano a la oreja izquierda y pidió con todas sus fuerzas.

-       Papá quiero que seas una estrella, que te sitúes en la constelación de la Osa Mayor en medio de las cuatro que daban la sensación de “carro”.

Cerró los ojos por un momento, retiró la mano de su oreja y los volvió a abrir, en ese momento la Osa Mayor contaba con ocho estrellas en vez de siete, y una nueva situada en el centro de otras cuatro. Saltándole unas lágrimas de alegría más que de tristeza dijo.

-       Buenas noches, papá, ahora siempre sabré donde te encuentras y donde te puedo buscar. Descansa, todas estamos bien.

Rosana se retiró poco a poco a la cama y sin necesidad de ningún medicamento se quedó profundamente dormida y con una sonrisa en la boca que rebosaba felicidad.

Ya habían pasado cuatro meses desde aquella triste pero mágica noche. Rosana se había impuesto el no utilizar nunca más la magia, pensando siempre que el accidente se hubiese podido evitar si ella no hubiese sido tan egoísta.

Con la ayuda de un profesor particular y varios profesores del colegio había conseguido casi recuperar buena parte del tiempo perdido por esos dos años de sueño profundo.

Ahora llegaba la Navidad y cada vez que pensaba en ello se entristecía mucho, ya que siempre habían sido unas fiestas familiares muy agradables y solo pensar en que faltaría su padre le producía picazón en los ojos. Y el mismo efecto tenía en su madre.

Pero lo que nadie sabía es que ella por la noche salía a observar el cielo y encontrarse con esa extraña estrella que había aparecido en una constelación muy conocida. Ello le reconfortaba incluso consigo misma y le daba fuerzas para seguir adelante.

Peor estaba Marta, su madre, había perdido peso y parte de sus sentidos a la vez que había descuidado su propia imagen y el orden en casa. Alguna vez la había confesado que no sabía cómo podía sobrellevarlo de aquella manera, a lo que siempre le contestaba:

-       Mamá, Papá está aquí, con nosotros y me considero en la obligación de no hacerlo sufrir viéndonos a nosotras infelices. Quiero ser feliz, por él y por mí misma. Lo encuentro a faltar muchas veces, pero la verdad es que cuando lo necesito de verdad siento que está a mi lado y me sigue susurrando consejos que me son muy útiles.

La mujer no entendía nada de lo que le decía y siempre se iba murmurando algo para sí misma. Las navidades fueron, como no podía ser de otra forma muy triste, no hubo prácticamente celebración ni regalos. Había como una consigna de que en casa no se celebraba nada.

Hasta ahora no he dicho nada de Cleta, la verdad es que como se había convertido en un órgano más de su cuerpo casi que repetía lo que ella hacía. La perrita tenía una intuición mal llamada animal que daba gloria, siempre estaba con Rosana, pero cuando veía a su madre sufrir le abandonaba unos momentos para irse con ella y pedirle, como lo hacía ella, caricias y mimos y eso parecía distraerla y por lo tanto mejoraba su estado de ánimo. En cuanto podía volvía con ella otra vez, pero que sentimientos más profundos. Desde que colocó esa estrella extra en el cielo y veía que la miraba se sentaba, con las orejas gachas y mirando al cielo aullaba, un aullido que casi no se percibía y que por lo tanto no molestaba a nadie, pero no dejaba de hacerlo hasta que ella se volvía a retirar adentro de la casa.

En los meses siguientes estaba preparada suficientemente para empezar su carrera universitaria, estaba dudando si hacer Astronomía, Química e incluso Arqueología, todas ellas por unas razones más obvias que otras, le atraían, pero todas estaban conectadas con el descubrimiento, le encantaba esta palabra.

Su madre, excepto la química no entendía como podía tener gustos tan raros. Marta había mejorado mucho en los últimos meses, pero todavía seguía como despistada o desorientada.

Llegaba la hora de tomar otra gran decisión en ese momento, una cosa que otros años había deseado con gran intensidad, pero aquel año le estaba costando tomar. Se trataba de ir a pasar el verano con su abuela. No sabría como mirarla a la cara y decirle que utilizó la magia de forma egoísta y estúpida a la vez. Además, estaba a punto de cumplir los dieciocho años y supongo que su cuerpo y mente estaba cambiando. Todavía no lo tenía decidido.

Así que en menos de un mes era su cumpleaños, sus primeros dieciocho años de vida, si consideramos vida estar dos años completamente dormida. Sinceramente, por una parte, quería romper ese maleficio de la casa de no celebrar nada y por otra le apetecía mucho celebrar una fiesta. Por eso por la noche salió al jardín, con Cleta claro y observando el cielo formuló una pregunta al vacío:

-       Papá, ¿tú crees que debo de celebrar una fiesta por mi cumpleaños?

Nunca había hecho una cosa parecida, pero ahora tenía la necesidad de compartir con alguien esa decisión. Entonces observó como la estrella de su padre se iluminó mucho más que el resto de las estrellas que le acompañaban. Sintió a su padre al lado que le susurraba al oído “si hija, hazlo, te lo mereces”.

Así que al día siguiente se lo comunicó a su madre, su madre le recriminó la idea. Le dijo:

-       Mamá, ha llegado mi momento y el de todos nosotros, tengo muchas ganas de celebrar mi cumpleaños y deseo que me apoyes, sin tu apoyo expreso no podría hacerlo.

Su madre estuvo callada varios minutos, seguía haciendo algo en la cocina. Al final se volvió con los ojos rojos y le dijo:

-       Rosana, si es tu decisión, yo la voy a apoyar siempre, cuenta conmigo, aunque no esté muy convencida de que sea lo más conveniente.

Se lanzó a los brazos de Rosana y las dos se pusieron a llorar al unísono, seguro que, de tristeza, pero también para Rosana era como una liberación que necesitaba. Muy bajito le dije al oído:

-       Muchas gracias, Mamá, te quiero mucho, eres la mejor madre del mundo. Ya verás como todo va a salir bien.

Al día siguiente comenzó a hacer y enviar invitaciones a todos sus antiguos compañeros y compañeras, aunque había perdido mucho contacto con ellos, eran los únicos que la conocían y conocían sus circunstancias. También se acordó de Ana y le hizo seguir la invitación. En todas ellas recordaba la necesidad de que confirmaran la asistencia para tener bien organizado el tema logístico.

-       Será una fiesta maravillosa-pensó-

Cuando solo faltaba una semana de las treinta invitaciones que envió, solo le había contestado Ana, nadie más confirmó la asistencia y estaba derrumbada, abatida y a punto de echarse a llorar de impotencia. Estaba pensando en ello cuando se me ocurrió.

-       ¿Y si lo fuerzo un poquito?, como hace tanto tiempo que no nos vemos a lo mejor tienen hasta vergüenza de venir.

Lo pensó una, dos, tres veces, se había prometido no volver a utilizar la magia, pero le pareció tan poca cosa y una buena causa. Se tocó la oreja y dijo:

-       Que vengan todos.

Al día siguiente ya habían contestado veinticuatro, por lo que sabiendo que llegarían las demás ya organizó la fiesta para treinta. Decoró la casa como si de un palacio se tratara, puso música y montó un karaoke. El jardín estaba precioso, bien cuidado y mejor decorado, y por si la fiesta duraba mucho había puesto luces chinas por todo el jardín.

Por fin llegó el día deseado y tal como estaba previsto vinieron todos, cada uno de ellos con su regalo, los cuales iba abriendo y mostraba una enorme satisfacción, incluso con aquellos que o no sabía lo que era o que directamente no le gustaban, los iba invitando a que entraran en la casa y comenzarán a comer, beber y lo que quisieran.

En un momento determinado vio cómo se acercaba Ana, no esperó a que llegara, corrió hacía ella y la abrazó con mucho cariño y recibió el mismo de ella. Llevaba un pequeño paquete en la izquierda y otro más grande en la derecha. Se los ofreció y me dijo:

-       Sé, creo que te gustará porque una vez me dijiste que tenías verdadero interés por ello.

Abrió el primer paquete, el más pequeño, con delicadeza, pero deprisa y con nervios. Era un libro de unas cuarenta páginas de un investigador muy conocido, el título del libro era “EL CIELO ESTA CAMBIANDO, OBSERVEN LA OSA MAYOR”. Se quedó completamente estupefacta, no sabía que nadie se hubiese dado cuenta de ese pequeño cambio en el espacio. Tan perpleja se quedó que Ana le tuvo que decir.

-       Rosana, por favor abre el segundo paquete, estoy más nerviosa yo que tú.

Sus palabras la hicieron reaccionar y abrió el segundo paquete, esta vez con menos delicadeza ya, la ansiedad le desbordaba. Era un telescopio, pequeño, pero muy potente.

Llorando se volvió a echar en sus brazos, ella no entendía porque podía llorar recibiendo regalos, pero Rosana tampoco sabía cómo Ana hubiese podido dar en el clavo con semejantes regalos. Cleta también hacía de las suyas saltando y ladrando. Estuvo largo tiempo abrazada a ella, hasta que Marta que también la había visto fue a saludar a Ana y aprovechó para separarse de ellas, las dejó a las dos juntas hablando, seguro que a Marta le iría bien una buena conversación con Ana.

Entró en la casa y vio un ambiente muy raro, casi nadie hablaba entre ellos, la comida y la bebida estaba prácticamente intacta. Inició varias conversaciones, pero en la mayoría de las ocasiones solo conseguía sacar los monosílabos SI y NO. Todo le resultaba extraño y a los pocos minutos con una excusa u otra sus “amigos” fueron abandonando la fiesta, se quedaron en el salón Marta, Ana, Rosana y Cleta, la cual también se le veía triste, a ella se le notaba enseguida.

Salió al jardín y pensó en lo que había podido hacer mal, y enseguida pensó que había sido la maldita magia, esa magia utilizada para atraer a los compañeros, ellos habían venido, habían estado, le habían traído regalos, pero no estaban interesados en la fiesta.

Se maldijo una y otra vez y se repitió que no utilizaría esos poderes de nuevo, cada vez que lo hacía era una frustración para ella. También decidió en ese momento que se pasaría las vacaciones de verano en casa leyendo y caminando, no iría a casa de su abuela.

Mientras tanto, su madre y Ana continuaban charlando amigablemente en el salón, comiendo y bebiendo con naturalidad, incluso notó en la cara de Marta una cierta sensación de alegría, esto le hizo olvidar el enfado que tenía conmigo misma.

Ya hacia la noche Ana se vino a despedir junto con su madre.

-       Bueno Rosana, he estado muy bien en tu fiesta y me alegro mucho de que me hayas invitado.

-       He invitado a Ana el Domingo a comer con nosotros-dijo mi madre-

-       ! Estupendo ¡-contesté-.

Era una buena noticia, estaba viendo a su madre otra vez radiante de alegría y eso le daba mucha tranquilidad.

Ya se había matriculado, a pesar de las quejas de su madre en Astronomía y se quería ir preparando el primer curso y sus asignaturas, así que pensó en dedicar el verano a leer algo sobre los temas y así llevar adelantado algo el curso.
















 

PARTE 6. EL PAJARO CARPINTERO


Un día estaba leyendo en el jardín cuando sonó el teléfono, lo cogió su madre, pero no la oía hablar y se levantó y fue al salón, estaba escuchando con cara compungida, tenía la cara pálida y lo peor de todo, estaba jugando con el cable del teléfono y eso era muy mala señal.

Casi sin decir palabra colgó el teléfono y se sentó en el sillón. Le preguntó:

-       ¿Mamá, pasa algo?

-       Si Rosana, algo muy raro y que me preocupa mucho.

-       ¿Puedo saber de qué se trata Mamá?

-       Es la abuela.

-       ¿Qué le ha pasado a la abuela?

-       No aparece por ningún sitio, su casa parece como abandonada y nadie la ve desde hace semanas, la han buscado por todos los sitios y no hay ni rastro de ella.

-       ¿Qué crees que le ha podido suceder?

-       Ni lo sé, ni lo saben, no tienen ni idea.

Estuvieron varios días con el alma en vilo, no saber nada de la abuela les había vuelto a trastocar la vida y no dejaban de pensar en ello, incluso en los silencios se notaba la preocupación.

Pasadas varias semanas le dijo a su madre que quería ir a casa de la abuela, quería ir antes de que empezaran las clases.

-       Pero como vas a ir, no tenemos coche y sabes que hasta allí hay que ir en coche.

-       Voy a pensar en ello, pero me quiero acercar a su casa.

Estuvo haciendo averiguaciones de cómo poder llegar a la casa de su abuela, en esa investigación logró encontrar un tren de mercancías que pasaba una vez al mes por el pueblo cercano a su casa, y precisamente paraba allí para la revisión rutinaria y para provisiones de los empleados del tren. El próximo pasaba por la estación de la ciudad dentro de dos días, así que se preparó una buena mochila y tomo varios pares de zapatos deportivos y cómodos, así como ropa de abrigo por si acaso.

Al segundo día le dejó una nota a su madre para que no se preocupara y se dirigió a la estación, fue preguntando, intentando no levantar sospechas sobre el tren que estaba buscando, al final un guarda raíles joven y probablemente utilizó sus armas de mujer le señalo el tren y a la hora que salía. Se quedó sentada hasta media hora antes de la salida, disimuladamente y aprovechando que nadie la miraba o seguía y se dirigió a los vagones, como eran de carga todos ellos estaban cerrados, solo quedaba las plataformas que transportaban maquinaria pesada y estaban al descubierto. De momento se puso debajo de una de esas máquinas hasta que el tren se pusiera en marcha.

A los pocos minutos y con una velocidad muy, muy lenta el tren comenzó a moverse, iba bien oculta, pero temía que alguien la viera y entonces no podría conseguir su objetivo. Una vez que el tren había cogido velocidad y aunque era verano todavía notaba un cierto frío en el cuerpo, salió de su escondite, sacó de la mochila una chaqueta y se la puso encima, aun así, tenía frío y no encontraba rincón donde hiciera menos. En ese momento observó que la máquina era una gran excavadora, tan grande que parecía que con ella quisieran llegar al centro de la tierra, claro, pero una excavadora por muy grande que fuera debía tener una cabina, mirando hacia arriba la descubrió y rezo para que no estuviese cerrada, el ascenso no era nada fácil, parecía estar hecho para gigantes en vez de para personas, pero por fin alcanzó su objetivo y al tirar de la manivela, la puerta se abrió.

Entró en el interior, donde también refrescaba, pero no tanto como fuera. Sacó de su mochila un pequeño despertador que había cogido de casa, para que no se quedase dormida y el tren le llevara a otros sitios más lejanos. Se acurrucó en la cabina como pudo, se colocó otra chaqueta encima y consiguió quedarse dormida. El tren paraba en muchas estaciones, aunque poco tiempo, no sufría porque aquí arriba no le podía ver nadie.

El despertador sonó a la hora que lo puso y empezó a recoger todo de dentro de la cabina, todavía quedaba media hora más o menos para llegar, pero tenía que bajar de aquella torre y se imaginaba que bajar iba a ser más difícil que subir. Tenía razón, la bajada fue más peligrosa y lenta contando con que el tren seguía en marcha. Pero al final lo logró y se situó escondida en la plataforma como lo había hecho al subir.

A los pocos minutos el tren redujo su marcha y se iba parando, cuando se encontraba entrando en la estación y con una velocidad de tortuga aprovechó para bajar del mismo antes de que parara del todo, saltó por el lado contrario a la estación y se estuvo sentada un rato hasta que vio que no había movimiento y con la mochila a cuestas cruzó las vías y traspasando la pequeña estación entró en el pueblo y siguió camino de casa de mi abuela, ya había amanecido y hacía una temperatura ideal.

Esta vez volvió a pararse a la salida del pueblo y sacó de la mochila a Cleta, no había querido separarse de ella, o a lo mejor Rosana no se quería separar de ella, le dio agua y un poco de comida que llevaba y que compartieron. Después siguieron por el camino que se dirigía a la casa y después de dos horas ya la vieron, se acercamos a ella y estaba como abandonada, pero la puerta se encontraba abierta y entraron. El desorden era evidente, además alguien más que ellas habían pasado por allí. Estuvo otras dos horas mirando cosas que la abuela tenía por la casa, pero que ahora estaba descubriendo.

Encima de una cómoda vio una especie, pero extraño calendario, era un calendario que indicaba las fechas en las que se producían los cambios de luna. La última vez que hubo luna plena fue hace varias semanas, según nos comentaron debería de ser cuando la abuela desapareció.

Entonces se le ocurrió que el Akelarre que presenció ya hace casi 3 años, podía tener algo que ver con la desaparición de ella, así que volvió a tomar la mochila y con Cleta siguiéndole se adentró en lo más profundo del bosque buscando aquel lugar, al final y ya anochecía encontró el sitio, pero ya no se veía nada y prefirió refugiarme bajo un árbol, arropada y dormir hasta el día siguiente. Cleta también le daba su calor y compañía.

Se despertó como sobresaltada, sabía que estaba en un lugar mágico y allí no había señales de que nadie hubiera buscado a nadie por esas lindes. Así que comenzó su propia investigación, se acercó al lugar donde ocurrieron los hechos y todavía había señales de que allí había habido un gran fuego. Seguía buscando, pero no encontraba nada, entonces escuchó a Cleta gruñir a un árbol, se acercó a él y Cleta tenía razón, allí estaban la ropa supuestamente de mi abuela, junto con aquel saco que llevaba aquel día.

Tomó el saco y metió la mano, aquellos cuernos no se encontraban en el saco, ni los frascos que repartió entre las demás, solo había como una especie de pergamino con unos signos y palabras que para mí eran ininteligibles y dos plumas de pájaro, parecían plumas de pájaro carpintero.

Cogió las ropas y el saco y tomó nuevamente la dirección a la casa, cuando estaban llegando había un pájaro carpintero trabajando en uno de los lados de la casa, Cleta y Rosana fueron hacía él, el cual huyó, pero no se fue muy lejos. Observó entonces que había hecho un trabajo extraordinario, eran como las dos manos de una persona ofreciendo algo a alguien. No interpretó el sentido, pero tomo un trozo de papel y con un lápiz copió la figura. El pájaro continuó en su sitio mientras hacía esto, además notaba como la observaba, lo que disimulaba cuando alzaba la vista y lo miraba. Había una especie de química entre ambos, parecía que se entendían, que nos hubiésemos conocido anteriormente.

Rosana estaba muy cansada y entró a la casa, y se puso encima de la cama que había sido de su abuela y se puso a dormir, ahora tenía que pensar en cómo volver, el trayecto contrario del tren no se daba hasta dentro de otro mes y eso no lo podía esperar. Ya decidió desde ese momento que tenía que llegar al pueblo y salir a la carretera principal, donde en alguna gasolinera pudiese pedir a alguien que la fueran acercando a casa.

Durmió muy bien, además en la cama de la abuela se sintió como si estuviese con ella seguía teniendo el mismo olor. Se levantó, hizo lo que pudo para desayunar e iniciaron el camino hacia el pueblo. Le resultaba muy curioso que un pájaro carpintero nos iba siguiendo, saltando de árbol en árbol. Como si nos vigilase.

Llegó a una gasolinera después de tres horas de caminar y en muchas ocasiones cargando con Cleta cuando la veía muy cansada. Allí iba preguntando a todos los que se acercaban a llenar el depósito hacía donde iban y si la podían llevar. Tres de ellos eran de pueblos cercanos y no merecía perder la referencia de la gasolinera en la que se sentía más refugiada y segura, además ese pájaro carpintero se encontraba encima de la banderola de la gasolinera como si esperase algo, algo que ella no sabía y por lo tanto no sabía cómo actuar ni cómo explicarlo. Cuando estaba esperando me acordé del trabajo que fue capaz de realizar en la casa de mi abuela, unas manos abiertas con algo entre ellas como si te lo estuviese ofreciendo. Le daba vueltas y vueltas y no le encontraba sentido. Pensando vio como llegaba un pequeño coche con una persona de mediana edad, salió del coche, abrió el depósito y colocó la manguera en automático. Eso quería decir que seguramente esperaba hacer muchos kilómetros y le dio esperanzas de que nos pudiera llevar. Se acercó a él y le preguntó:

-       Perdone señor, ¿va usted muy lejos?

-       Bastante, ¿porque lo preguntas?

-       Nosotros vamos hacía Madrid, y pensaba en si nos podía llevar, sería muy amable por su parte.

-       ¿Dices nosotros?, ¿quién es el otro?

Ella abrió la mochila y la cabeza de Cleta salió para ver que ocurría, aunque muchas ganas de bajar al suelo no tenían

-       Nosotros somos ella y yo.

-       ¿Un perro?

-       Si, pero es educada y no le molestará absolutamente nada.

-       Bueno, yo voy cerca de Teruel, por lo que te puedo acercar a tu casa.

-       Estaría muy bien¡¡ gracias, de verdad gracias¡¡

Acabó de poner la gasolina, fue a pagar y subieron todos al coche e iniciamos el camino, desde un principio no se notó cómoda, pero lo asoció al accidente con su padre y que eso la ponía nerviosa, pero tenía una sensación extraña, incluso Cleta quiso salir de la mochila y miraba al conductor y le soltaba un pequeño gruñido.

El hombre no paraba de hablar, y de hacer preguntas y perdía demasiadas veces la vista de la carretera para mirarla. Empezó a preocuparle, todavía estaba más incómoda, pero como tampoco sucedía nada extraño no le quiso dar más importancia.

Llevábamos más de una hora de camino cuando vio que aminoraba la marcha y se dirigía a un camino a la derecha de la carretera. Cuando observó la maniobra le preguntó:

-       ¿Dónde vamos?

-       ¿No te preocupes pequeña, tengo que ir a buscar algo a una granja cercana y seguiremos el viaje?

Pero al poco rato paró el coche bajo dos frondosos árboles, bajó, dio la vuelta al coche y me abrió la puerta diciendo:

-       Baja pequeña, quiero enseñarte algo.

Todos los sentidos de mi cuerpo se pusieron en tensión y sabía que algo iba a pasar que no me iba a gustar nada. Me refugié en la excusa:

-       La verdad es que estoy muy cansada y no me apetece salir del coche.

Cleta ya no gruñía, ladraba de forma considerable y eso era mala señal también, casi nunca ella era agresiva.

-       Vas a salir porque yo quiero.

-       Lo siento, pero va a ser….

Me cogió del brazo y me sacó con una fuerza brutal que me hizo rodar por el suelo como si de una pluma, se fue acercando a mi lentamente, yo no sabía qué hacer, estaba colapsada mentalmente. Cleta actuó mucho más deprisa que yo y se fue directo a su pierna a la cual le pegó un considerable bocado a pesar de tratarse de un pequeño animal.

-       Maldito perro, me has mordido.

Con un violento movimiento se desprendió de Cleta y acto seguido le pegó una patada como si fuera una pelota de futbol en una falta a larga distancia, larga distancia es la que recorrió Cleta y fue a parar a chocar con uno de los árboles y se quedó como inconsciente. El en ese momento siguió acercándose a Rosana y se iba quitando el cinturón y sin que pudiera hacer prácticamente nada se echó encima de mí y enseguida me mantuvo inmovilizada como él quería, yo trataba de resistirme. Pero fue imposible, estaba como inanimada, al final pensé lo que iba a suceder y cerré los ojos y pensaba en la estrella de mi padre, no quería pensar en otra cosa.

En ese momento escuché casi a la vez un graznido y un grito de dolor humano, otro graznido y otro grito. Notaba como la presión sobre mi cuerpo iba bajando, abrí los ojos y vi al pájaro carpintero que seguía atacando con inusitada fuerza al hombre, ya le había sacado de su sitio uno de los ojos y tenía un hilillo de sangre de la cara que provenía de su cabeza, a la vez escuché unos ladridos como si fuera un San Bernardo de Cleta, vi que se acercaba a la carrera y le daba un bocado en su trasero que volvió a provocar otro grito, enseguida otro graznido y otro ataque feroz del pájaro y otro, el hombre ya levantado estaba intentando quitarse el pájaro moviendo los brazos, pero los ataques eran certeros y sin piedad. Cleta se encontraba enganchada en la pierna sana del hombre sin dejar de morder con una fuerza desconocida. El hombre como pudo llegó al coche y consiguió entrar, aun así el pájaro bajando de una altura muy considerable pegó un golpe contra el cristal lateral del conductor que saltó hecho añicos.

Puso el motor en marcha y dando una vuelta marcha atrás muy rápida que se pegó con la trasera del coche contra uno de los árboles destrozándola y a una velocidad de mil demonios vi como abandonaba el lugar, mientras el pájaro y Cleta le seguían.

En ese momento empecé a reaccionar y pensé en lo que había sucedido y pensé que iba a morir ese día, ahora era consciente de ello y todo su cuerpo empezó a temblar y solo temía volver a ver ese coche entrando por el camino. Estaba pensando en todo ello y vi como Cleta volvía hacía mí y me dirigía sus lengüetazos que solo yo sabía cuándo se lo agradecía, me dio una paz y tranquilidad que necesitaba. Todavía su boca llevaba un trozo de pantalón y rastros de sangre. Me levanté, la mochila gracias a Dios cayó conmigo cuando el individuo me sacó a la fuerza del coche. La recogí y seguí el camino de nuevo hasta la carretera principal, antes de llegar a ella vi posado en la rama de un árbol muy alto a mi pájaro carpintero salvador, ahora empezaba a entender cosas, las plumas del saco de mi abuela, el escrito que no podía descifrar y la presencia continua y de vigilancia a la que era sometida por ese pájaro.

-       Es el alma de mi abuela, también ella estaba cerca de mi sin estar.

Con una mirada de complicidad lo miré con intensidad y con esa mirada le di las gracias, mil gracias.

Un sonido que no tenía que ver con un graznido salió en ese momento de su garganta y fue la confirmación a mis sospechas y pensé para mí.

-       Sigo teniendo que aprender mucho de ti abuela.





PARTE 7. EMPIEZA A VIVIR DE NUEVO



Con tranquilidad fue siguiendo la carretera, llevaba varias horas caminando y estaba oscureciendo, necesitaba descansar y no se veía nada a kilómetros a la redonda, así que a pesar del peligro decidió introducirse en el margen de la carretera, buscar un buen árbol y echarse un rato, con una chaqueta encima y Cleta al lado.

Soñé y soñé, con mi padre, con Cleta, con la abuela y hasta pensé que mi madre estaría muy preocupada, desde luego no le explicaría nada de lo que había sucedido. Solo la haría sufrir.

Me desperté que ya había amanecido hacía rato, y como siempre fue Cleta la que acabó de despertarme y mi pájaro seguía cerca de mí. Qué gran sensación de seguridad y paz. Volví a tomar la mochila y a continuar el camino por la carretera, muy a lo lejos volví a ver una gasolinera, me alegré por dos motivos, uno porque me podría asear algo y cambiarme de ropa, el incidente del día anterior la había deteriorado bastante y por otra parte podría volver a encontrar una manera segura de llegar a casa.

Aún tarde más de media hora en llegar, fui al bañó, me aseé lo mejor que pude, me cambié y con el poco dinero que tenía pude desayunar un café y una pasta que compartí con Cleta. Después me situé fuera sentada en una especie de banco de madera.

Fueron pasando vehículos, pero no me atreví a decir nada, ninguno me inspiraba suficiente confiada, pero tampoco me importaba si fuera necesario que llegara la noche y pasar la noche allí fuera. Seguía viendo el pájaro a muy poca distancia, estaba trabajando la parte alta de un árbol, pero yo veía como de vez en cuando dejaba de trabajar y volviendo solo la cabeza nos vigilaba. Yo le guiñé un ojo y levantó el vuelo solo un momento, volvió al mismo sitio y siguió trabajando.

Al poco rato un viejo coche aparcó al lado del surtidor, del vehículo salió una viejecita que debía de tener por lo menos 75 años. Y solo hacía que mirar el coche de un lado a otro, como si buscara algo. Al final se atrevió a acercarse y me preguntó:

-       Joven, ¿usted sabe cómo se llena el depósito de gasolina?

-       Pues sí, ¿pero no es su coche?

-       Que va es de mi madre y yo lo cojo pocas veces y nunca he puesto gasolina

!!SU MADRE¡¡, pero si casi era imposible.

-       Yo la ayudo señora, no tengo coche, pero se lo he visto hacer a mi padre muchas veces.

-       Gracias, te lo agradezco de corazón.

Abrió el depósito y le preguntó:

-       ¿lo quiere lleno?

-       Si, hasta arriba, esta joya tiene que llegar hasta Madrid.

Poniendo la manguera en automático le pregunté,

-   ¿Madrid?

-       Si a Madrid joven, tengo a mi hermana mayor enferma y quiero ir a verla. Oye y por cierto tu qué haces aquí sola, una joven como tu debería de estar en casa estudiando.

-       Ya me gustaría señora, pero también tengo que llegar a Madrid y me he quedado sin medio de locomoción.

-       Mujer, pues eso ya está arreglado, te vienes conmigo y ya está, eso sí, no conduzco muy deprisa y se te puede hacer algo largo.

-       ¿Estaría usted dispuesta a llevarnos?

-       Claro que sí, que venga Cleta que también viene con nosotros.

No me acordaba que le hubiese dicho que me acompañaba una perrita llamada Cleta, pero tampoco lo tenía seguro y no le di mayor importancia en ese momento. Llené el depósito y ella fue a pagar, mientras yo me acomodaba en el asiento delantero de copiloto con mi mochila y Cleta. Ella llegó al coche, abrió mi puerta y me dijo:

-        Dame la mochila, la pondré en el maletero e iras más cómoda, es un viaje muy largo.

No tenía ninguna desconfianza en aquella anciana y se la di, ella abrió el maletero, la puso dentro y lo cerró, fue a su sitio y puso en marcha el coche. Era verdad que conducía poco a poco, pero muy seguro, tanto es así que a veces me daba la sensación de que el volante giraba sin que ella moviese las manos. Poco hablamos en el camino, pero tenía una gran experiencia en la vida y me fue dando consejos, los cuales tomaba nota mentalmente porque me parecían muy interesantes y prácticos a la vez. De vez en cuando veía que nuestro pájaro nos adelantaba volando y nos esperaba más adelante a que pasáramos y repetía la operación.

Ya estábamos entrando en Madrid, y sin que yo le dijera nada ella se dirigió directamente a mi domicilio, me bajé extrañada, pero le di las gracias por todo, también lo hizo Cleta dándole dos lengüetazos por toda la cara. Me alejé del coche y oí la voz de la señora.

-       Rosana, te olvidas de la mochila, cógela tu misma por favor, yo tengo algo de prisa.

Con todo lo que hablamos tampoco me acordaba de que me hubiese preguntado mi nombre o yo se lo hubiese dado, pero claro fueron tantas horas y mucha conversación que seguro que se había producido en algún momento.

-       Es verdad, ahora mismo la cojo, gracias.

Fui a la parte trasera del coche, abrí el capó y tomé la mochila, al ir a cerrarlo vi una cosa que me dejó perpleja, en el maletero había una bolsa parecida a la de mi abuela y asomaba por ella la parte alta de un cuerno, durante unos segundos me quedé petrificada, solo noté que el coche se ponía en marcha, el maletero se cerró por sí mismo y la señora sacó la mano con un ademán de decir adiós.

Todavía estaba pensando en lo que había visto e intentar encontrar un significado cuando alguien se abalanzó sobre mí y me asusté, pero no tenía ningún motivo era mi madre abrazándome y sin decir ni palabra me hizo entrar en casa y me hizo sentar en el salón esperando que yo le explicase algo. Todo esto me lo decía con la mirada, porque como digo no abrió la boca en ningún momento.

Solo se me ocurrió decirle que había estado buscando a la abuela y que no conseguí nada más que una paz tranquilizadora que me hacía pensar en que la abuela estaba donde quería estar, que estaba segura, que no me preguntara porque, pero que estaba segura.

No como otras veces la cara de mi madre rebosó de satisfacción, al igual que la mía, era la primera vez que notaba en mi madre una confianza total en lo que le estaba diciendo. Se levantó sin decir palabra, trajo al instante dos infusiones las puso sobre la mesa y dijo

-       Explícame más cosas Rosana, han sido varios días, algo habrás hecho, ¿cómo has llegado hasta la casa de la abuela? ¿Qué ha ocurrido aparte de que me digas que debamos estar en paz y tranquilas?

Por una parte, me moría de ganas de explicarle todo, la veía receptiva, pero pensé que de una forma u otra descubriría mis poderes y sabía las consecuencias. Aunque yo no pensara utilizarlos para nada de una forma egoísta sabía que podía perjudicar a las siguientes generaciones y me limité a decir.

-       Mamá, en la ida utilicé el tren (sin decirle como) y en la vuelta tuve la suerte de encontrarme con una amiga de la abuela que también venía a Madrid y fue tan amable que me trajo hasta casa.

-       Y la casa de la abuela, ¿estaba bien?

-       Estaba descuidada y desordenada, pero conservaba toda la vida de la abuela, he decidido, que, si me lo puedes pagar, intentaría sacarme el carné de conducir. Intentaré trabajar los fines de semana e ir ahorrando para un pequeño coche. Me gustaría ir de vez en cuando allí y cuidar la casa.

-       Pero hija, lo del carné y lo del coche no me hace mucha gracias, y tú sabes muy bien por qué.

-       Lo se perfectamente Mamá, pero creo que debemos de superar nuestros propios miedos y seguir adelante con valentía. ¿Te acuerdas cuando yo era muy pequeña y me llevaste a una hípica?, tuve la mala fortuna que el segundo día, sin saber porque el caballo me tiró al suelo, no me hice mucho daño, pero cogí un miedo espantoso a los caballos.

-       Me acuerdo perfectamente.

-       ¿Y que me dijiste Mamá?

-       Que tenías que volver a montar de forma inmediata o jamás subirías.

-       Y no hubo manera de subirte

-       Pues no me atrevería a subir ahora a un caballo y no quiero que me suceda lo mismo con el coche. ¿Me entiendes madre?

-       No tengo más remedio que rendirme ante los argumentos y evidencias que presentas, tienes mi autorización y te apoyaré cuando y como quieras.

-       Gracias Mamá, como siempre te quiero mucho.

Así lo hice, empecé a tomar clases de conducir por las tardes, por las mañanas empecé las clases en la universidad, cada día estaba más fascinada con las asignaturas y ponía tanto interés y ganas que no me costaba nada ir superando las asignaturas.

Ya habían pasado tres años y todo iba de maravilla, mamá había superado el tiempo de crisis y vivíamos muy felices y unidos. Yo seguía observando el cielo por la noche en cuanto podía y siempre tenía un observador extraño cerca de mí, un pájaro carpintero que por las mañanas mi madre se quejaba del ruido que hacía con su trabajo y por las noches se situaba cerca de mi ventana, pero lo suficientemente lejos para no poder observado muy de cerca.

Ya tenía un pequeño coche, lo había conseguido trabajando en la panadería de una amiga de mi madre y con el cada mes más o menos iba a casa de la abuela y la arreglaba un poco, así la casa se mantenía correctamente, si no entre la degeneración y el saqueo estaría ruinosa. Siempre me llevaba a Cleta y me hacía mucha compañía.

No había podido descifrar el mensaje que dejó la abuela en el saco, tampoco había utilizado la magia salvo para arreglar mi habitación o la propia casa de la abuela y algunas tonterías más, pero nunca de la forma que lo había hecho anteriormente.

Cuando estaba en casa de la abuela me iba al bosque, recogía las hierbas y flores que me había enseñado ella y los combinada como ella lo hacía y la mayoría de ellos entendían para lo que servían y los utilizaba.

PARTE 8. LUISA Y ANTONIO


Con 21 años al salir de clase me encontré con una sorpresa, de la facultad de medicina, que estaba junto a la mía me pareció reconocer a Luisa, tuve que acercarme para comprobar que era ella, había cambiado muchísimo, seguía siendo muy alta, pero había adelgazado de tal manera que casi se podría decir que estaba dispuesta a pasar por un desfile de modelos, además vestía bien y se cuidaba mucho. No sé porque, todavía no lo entiendo, pero me alegró verle y fui a saludarla

-       Luisa, ¿eres Luisa no?

-       Hombre, mira a quien tenemos aquí, si es la empollona y solitaria de Rosana, ¿qué haces aquí?

Había cambiado exteriormente, pero ya intuí que seguía con la misma prepotencia de siempre y eso me disgusto un poco, aunque contesté:

-       Estoy estudiando astronomía aquí al lado

-       ¿Astronomía?, ¿Astronomía? -repitió- pero ¿ahora te vas a dedicar a poner nombre a las estrellas?, vaya carrera rara, como tú, que has elegido. Yo estoy estudiando medicina y me va muy bien, espero que en un futuro no caigas en mis manos ja ja ja ja

Y riendo y sin despedirse se fue de mi lado. Allí me quedé como si de una piedra se tratase, estuve a punto de levantar mi mano hacía la oreja, y lo empecé a hacer, pero me arrepentí giré sobre mi cuerpo para ir a la facultad, y al momento de girarme choqué con un muchacho que me hizo caer todos los libros y papeles que llevaba encima.

-       Disculpa, dijo en voz alta, iba deprisa porque me esperaban y no me di ni cuenta, lo siento mucho, déjame que te ayude.

Y ambos nos agachamos a la vez para recoger el desastre y nuestras cabezas chocaron y el golpe nos hizo caer con el trasero en el suelo, ambos nos llevamos la mano a la cabeza, nos miramos y empezamos a reír a carcajada suelta.

Ahora me fijé en él, aparte de que iba elegantemente vestido, tenía un cabello castaño precioso y unos ojos verdes que hablaban por sí mismo, con sinceridad era guapísimo y parecía que también era simpático.

Mientras estábamos recogiendo todo, me preguntó

-       ¿Estudias Astronomía?, que interesante, a mí siempre me ha llamado la atención los secretos que nuestro espacio guarda para sí mismo.

-       Me llamo Rosana, ¿y tú?

-       Antonio, me llamo Antonio, aunque sea algo tarde, encantado de conocerte.

-       ¿Y tú que estudias?

-       Medicina, igual que mi padre y que mi abuelo, es una costumbre familiar.

-       ¡Y en serio que el tema de la Astronomía te interesa?, ¿o lo has dicho para quedar bien?

-       No, en serio, me conozco casi todas las constelaciones, me se guiar por las estrellas por la noche y es un misterio que siempre me ha atraído.

-       Pues si alguna vez quieres ver el firmamento de diferente manera te invito una noche abierta a mi casa, tengo varios telescopios, y algunos muy potentes y te lo podría enseñar muy de cerca.

-       ¿Me encantaría, donde vives?

Rasgué la hoja de una libreta, apunté el nombre, dirección y teléfono y se lo di diciendo:

-       Supongo que lo haces por educación, pero por si acaso aquí lo tienes.

-       Gracias por lo de educado, te llamaré, ahora si no te importa tengo prisa, ya legaba tarde y ahora ya no sé si llegaré.

-       Muy bien Antonio, no te robo más tiempo, un placer.

-       Adiós Rosana, nos veremos.

Yo hice como si continuara, pero con el rabillo del ojo lo seguía, iba deprisa pero su porte era magnifico, nunca me había gustado un chico como Antonio, algo se había despertado en mi corazón.

Cundo subía las escaleras y ya sin rubor me giré y le seguí con la mirada, el no se giró en ningún momento, buscaba algo o alguien

Por fin lo encontró, DIOS, Era a Luisa a quien buscaba y cuando llegó hasta ella le sonrió y le dio un pequeño beso en la boca. Ella solo hacía que recriminarle algo, y el intentaba explicarse, duró varios minutos, pero al final se dieron la mano y se fueron del lugar.

Mi corazón estaba a mil, creía haber topado con el hombre de mi vida y precisamente tenía que ser el novio de Luisa, volví a estar a punto de poner la mano en mi oreja, pero me volví a arrepentir. Giré y fui a clase.

Habían pasado tres semanas cuando recibí una llamada, cogió el teléfono mi madre y gritando me dijo:

-       Rosana, es para ti, es Antonio

Al escuchar ese nombre el corazón volvió a latir a una velocidad de espanto, tanto que parecía que iba a explotar

-       Rosana, ¿vienes o no vienes?

-       Voy Mamá, dile que voy.

Me levanté como un resorte y fui al salón y cogí el teléfono y dije:

-       Antonio, no esperaba tu llamada.

-       Te dije que lo haría, hoy he leído en el periódico que el cielo estará despejado y he decidido que si a ti te iba bien aceptaba tu invitación.

Me di cuenta de que, igual que hacía mi madre, yo estaba jugando con el cable del teléfono, cuando oí:

-       ¿Rosana, estas ahí?, ¿es que te va mal?

-       No, no, que va Antonio, es más te esperamos mi madre y yo a cenar, ¿a qué hora vendrás?

-       Te parece bien sobre las nueve.

-       Estupendo, aquí te espero, adiós, Antonio.

-       Hasta la noche Rosana.

Mi madre estaba realmente sorprendida, porque, aunque se había separado del teléfono había seguido más o menos toda la conversación. No tardó ni diez segundos para preguntar

-       ¿Quién es ese Antonio Rosana?

-       Mamá, tan solo es un amigo que conocí el otro día y que está interesado por la astronomía y quiere ver los instrumentos que tengo.

-       Ya, ¿y por lo visto le has invitado a cenar no?

Mi cara no podía estar más colorada en esos momentos, me dirigí al jardín y ya de espaldas le dije:

-       Viene a las nueve.

-       Vale Rosana, todo estará a punto.

Pensé en si había podido romper con Luisa y que yo pudiese tener una gran oportunidad, era un chico que me encantaba, me encantaba todo de él, su forma de hablar, sus silencios, su imagen y sobre todo sus ojos, a mí me hablaban y me habían dicho muchas cosas en muy poco tiempo.

Me arregle lo mejor que pude y los minutos no pasaban lo deprisa que deberían de pasar, por otro lado, es como si desease que no llegara nunca la hora, estaba completamente descentrada, todo era una contradicción.

Pero por fin sonó el timbre de la casa, eran las nueve en punto, dejé que fuera mi madre quien abriera y oí sus voces desde mi habitación, no me atrevía a salir, hasta que escuché a mi madre que gritaba:

-       Rosana, Antonio está aquí.

-       Voy Mamá, estoy acabando

Al final me decidí por salir, vi a Antonio hablando con mi madre, era evidente que habían conectado desde un principio. Me acerqué a ellos y les di las buenas noches, entonces Antonio sin ningún pudor se acercó a mi cara y me plantó dos besos, uno en cada mejilla. Mejillas que por otro lado estaban a punto de explotar, y supongo que se me estaba notando demasiado y ello me daba una vergüenza extraordinaria.

Mi madre salvó la situación, porque dijo:

-       Pasar al salón todo está preparado para empezar y una ligera cena.

-       Eso se lo agradezco señora-dijo Antonio- estoy cansado de esa comida basura a la que nos quieren acostumbrar.

La cena transcurrió fenomenal, los tres estábamos encantados, varias veces las miradas de Antonio y mías se cruzaron y se hablaron, y es más, se decían algo. Yo me ruborizaba y el y mi madre se daban cuenta.

Llegó la hora de los postres y la madre de Rosana había preparado unas trufas que estaban de muerte, creo que nunca le salieron tan bien. Antonio se comió casi una docena de ellas.

Después le acompañé al jardín donde tenía montado en una especie de tienda de campaña todo mi material, que no era poco, lo iba comprando por piezas y tenía algunas que merecía n la pena.

Desde el primer momento se quedó como alucinado de lo que tenía delante, aunque no sabía identificarlos precisamente sabía que aquello tenía mucho valor. Empecé por enseñarle la pieza más pequeña pero potente, era la que me había regalado Anna, con ella pudimos dar un repaso al universo de las estrellas, hasta tuvimos la oportunidad de ver una fugaz, fue un momento delicioso. Después le enseñé las otras hasta llegar a la pieza más grande, medía casi 3 metros y era muy potente, parecía que podías tocar las estrellas con las manos, además era una pieza bifocal de salida, es decir dos personas podían estar viendo lo mismo. Ese fue un momento mágico, al estar los dos contemplando el cielo estábamos uno muy cerca del otro, de hecho, nos rozábamos los hombros y eso me hacía poner los pelos de punta y estaba segura de que él oía los potentes latidos de mi corazón. En un momento determinado él se puso detrás de mí como queriendo observar por el mismo sitio que yo lo hacía, esto me puso excesivamente nerviosa y yo creo que él lo notaba, prácticamente nuestras caras se juntaban y en un momento dado el besó mi oreja, un escalofrío recorrió mi cuerpo y no pude evitar girar mi cara y entreabrir mi boca, la cual el besó apasionadamente.

Entonces muy a pesar mío recobré el conocimiento y pensé que estaba besando al novio de Luisa, eso no lo podía hacer, o por lo menos él no lo hubiera tenerlo que hacer, porque yo sí que lo deseaba en el alma, sabía que era mi hombre, aquel que solo se encuentra una sola vez en la vida, pero no se lo podía permitir. Así que retiré mis labios y fui muy directa:

-       Antonio, ¿pero tú no eres el novio de Luisa?

-       ¿Como lo sabes?, bueno novio, novio, somos muy buenos amigos

-       ¿Qué pensaría ella de todo esto?

-       ¿Te soy sincero?

-        Si.

-       Con el carácter que tiene creo que me mataría, pero yo siento por ti algo mucho más fuerte que por Luisa, desde el primer momento en que te vi.

-       Antonio, creo que ha llegado la hora de que te marches, no lo interpretes mal, pero para mí es una situación muy embarazosa.

-       Pero Rosana, ¿tú también sientes esto por mí no?

-       Eso lo hablaremos otro día Antonio, ahora te ruego que abandones mi casa.

-       Pero….

-       Antonio, hazme caso, es lo mejor para los dos.

Al final, pero no sin resistencia se fue, se despidió muy amablemente de mi madre y se fue no con buenas caras. Mi madre preguntó:

-       ¿Qué ha pasado Rosana?, parecía que os llevabais muy bien y parece un gran chico.

-       Lo es Mamá, pero hoy no es el mejor día para hablar de ello, me gustaría irme a dormir, si no te importa.

-       No, no haz lo que quieras, yo he recogido prácticamente todo mientras estabais en el jardín. ¿Me explicaras lo que ha pasado otro día no Rosana?

-       Te lo prometo Mamá.

Se fue a la cama llorando, era la primera vez en su vida que se encontraba completamente enamorada y estaba en una situación muy complicada. Le gustaba que Antonio la besase, pero no lo debería de haber hecho en su situación y eso le hacía perder mucho de su atractivo, pero volvía a pensar en él y el corazón se le salía del pecho. Le costó mucho dormirse, de hecho, salió a ver el cielo y vio a la estrella de su padre y esta no le indicaba nada, no había ninguna señal.                 Al que si vio era a su pájaro carpintero, sabía que por el día trabajada incansablemente, pero nunca tuvo la curiosidad de lo que hacía. Pensó que al día siguiente con sus maquinarias curiosearía en lo alto de ese árbol que se había convertido en su herramienta principal. Volvió a la cama y esa cierta calma conseguida se durmió al poco tiempo en un sueño profundo y con la mente en blanco.

Al día siguiente cumplió con so compromiso, cogió el telescopio de Ana, lo fijó en el suelo e intentó descubrir el trabajo de su pájaro preferido. Le costó mucho coger un buen ángulo, pero descubrió como dos dibujos, uno de ellos es similar al que hizo en la casa de su abuela, una mano extraña era tomada por una mano amiga y en la otra mano amiga un trozo que parecía pan a punto de depositarla en la mano extraña.

El otro dibujo era como si fuera un nido de pájaros con cuatro cabecitas de crías de pájaros con los picos abiertos, en un lado del nido su madre y su padre les ofrecía alimentos que llevaban en su pico.

No entendía nada, por lo que se puso en internet y buscando durante horas quiso interpretar que significaba la palabra “generosidad”. Había descubierto lo que le estaba intentando decir su pájaro, pero no sabía cómo aplicarla en la práctica y sobre todo en los últimos acontecimientos de su vida.

Pasaron los meses, seguía centrada en su carrera y a punto de acabar el curso. Se cruzaba muchas veces con Antonio, le saludaba, pero también lo rehuía a la vez, aunque le hubiese gustado que la parara, la pusiera contra la pared y le besara apasionadamente. Pero nada de eso sucedía.

Llegó el día de las notas y estaba encantada, había aprobado todo y con muy buena nota, estaba deseando llegar a casa y explicárselo a su madre, así que salió de la facultad con cierta prisa, pero aun así se fijó que se había agrupado la gente bajo las escaleras de la facultad de medicina. Su curiosidad no puso aguantar cuando vio que llegaba una ambulancia a toda velocidad. Se hizo un hueco entre la gente y vio a Luisa tendida en el suelo sin poderse mover, los sanitarios la inmovilizaron totalmente, la subieron a la camilla y salieron con las luces y sirenas a toda marcha hasta el hospital.

En ese momento vio a Antonio en un rincón, estaba llorando, se atrevió a acercarse a él y le preguntó:

-       ¿Qué ha pasado Antonio?

-       Ha sido una desgracia, Luisa había suspendido dos asignaturas y se puso como una fiera conmigo, diciendo que yo era el culpable de que hubiese descuidado sus estudios. Yo aproveché para decirle que lo nuestro no tenía futuro, que éramos muy diferentes y que no veía futuro a lo nuestro y ella me dijo.

-       Antonio, ¿qué vas a romper conmigo?!! NOOOOO¡¡, la que rompe contigo soy yo me entiendes, soy yo, no quiero saber nada mas de ti.

-       Entonces salió corriendo de la facultad con la cabeza girada e insultándome y en ese momento resbaló y cayó por las escaleras, el resto ya lo has visto tu

-       ¿Pero que tenía?

-       No lo sé, pero no podía mover las piernas, no sentía nada en ellas. Todo ha sido mi culpa, si no le hubiese dicho nada…

-       Antonio, no te culpes de lo que no eres culpable, el destino es así, lo que hay que esperar es que Luisa se ponga bien y os pidáis perdón mutuamente y continuar con vuestra relación.

Antonio, sin pronunciar palabra, se retiró y se marchó, seguía llorando y yo no sabía cómo calmarlo.

Pasaron un par de días y las noticias no podían ser peor, Luisa había quedado impedida de caderas para abajo. Esto, aunque Luisa no era mi amiga precisamente me afectó muchísimo, estuve pensando en ir a verla, aunque tenía una noción de cómo me recibiría.

Vencí esta resistencia y fui al hospital, llevaba un pequeño ramo de flores, en la puerta estaba su madre y ella sin conocerme se alegró mucho, así que me dejó pasar a la habitación, una habitación bastante vacía. Luisa en cuanto me vio me dijo:

-       Rosana, ¿a qué vienes?, ¿a regocijarte con lo que me ha pasado?

-       Luisa yo lamento….

-       Lárgate de aquí ser despreciable, como no eres mi amiga vienes a ver como sufro, seguro que piensas que me lo tengo merecido.

-       No Luisa, yo jamás...

-       Vete con el cuento a otra parte Rosana, conozco a la raza humana y vienes a reírte de mí.! MAMÁ¡, haz que se marche

Su madre, sin saber qué hacer, me miraba con una mirada como de ayuda y le dije:

-       No se preocupe señora, ya me voy, pero ponga estas flores en agua para que duren unos días, intentaré volver otro día que esté más tranquila.

-       Ni se te ocurra volver –dijo Luisa desde su cama-

Una vez fuera su madre me explicó que prácticamente no había tenido ninguna visita, tan solo el de un chico llamado Antonio y ella. Que estaba preocupada, que pensaba que su hija tenía muchos amigos

-       Y los tiene, engañé a su madre- pero no habrán podido acercarse todavía.

Tres veces intenté volver a ver a Luisa y no lo conseguí y también me enteré de que Antonio lo había intentado un par de veces y tampoco lo había conseguido y no había vuelto. Yo me fui a mi casa y pensé en como poder ayudar a Luisa si ella no se dejaba, entonces pensé en la magia que no utilizaba en temas importantes. Así que me llevé la mano a la oreja y dije

-       Que me deje hablar con ella.

Otra vez volví a poner la mano en la oreja y dije

-       Que Antonio vuelva a verla y que ella le atienda.

Cené algo y me fui a la cama, estaba dispuesta a volver al día siguiente al Hospital

Cuando llegue al hospital la madre de Luisa me recibió con una sonrisa y me invitó a pasar

-       Hola Luisa, ¿cómo te encuentras hoy?

-       Mira Rosana, no sé porque me he dejado convencer por mi madre de que hablara contigo.

-       Pues yo me alegro de que lo hagas.

-       Oye Rosana, tú eres tonta, ¿lo pareces o te lo haces?

-       ¿Porque dices eso?

-       Porque te he maltratado, me he comido tu desayuno, te he amenazado e incluso te he puesto la mano encima, y eres casi la única que se pasa por aquí. ¿Porque lo haces?

-       Mira, todo lo que has dicho seguramente era por culpa mía, no tenía suficiente carácter para hacerte frente, seguro que si lo hubiese hecho no hubiera ocurrido como tú lo describes.

-       ¿No sé si eres tonta o una buena persona?

-       Mira Luisa, a cada uno de nosotros la vida nos enseña de diferentes maneras, lo importante es que podamos aprender de ellas, que no las dejemos como simples anécdotas de la vida, mira te voy a explicar la mía

Acto seguido le expliqué tan solo una parte de la historia, pero lo duro que es sobrevivir sin un padre que te quería tanto y que hayas presenciado su muerte tan de cerca y de forma traumática, le conté la desaparición de la abuela a la que tanto quería y tanto me había enseñado. Todavía no la hemos encontrado. Pero también le expliqué la conexión tan intensa que tenía con mi padre y que le había otorgado el honor de convertirse en una estrella a la que podía ver cuando quisiera, además de notar su presencia cuando lo necesito. Lo mismo sucede con mi abuela, creo que es un pájaro carpintero que se ha afincado cerca de casa y me imagino que me sigue dirigiendo cuando me ve perdida. Todo esto sin explicarle en ningún momento de los poderes de que disponía, hablaba con ambigüedad y con la esperanza de abrirle un camino que ella por sí sola no había descubierto.

-       Todo, todo Luisa tiene una explicación y tu propia mente es la que te ayuda a superar todos los males, a sacar lo más positivo de lo más negativo y eso solo lo puede hacer una misma, cambiando de carácter y por supuesto de personalidad.

Noté que Luisa lloraba, no la quería mirar para que no se diera cuenta de lo que estaba viendo, pero fue ella la que me pidió que me acercase, me abrazó llorando y me susurró al oído:

-       Rosana, me has dado hoy una buena lección, te pido perdón por todo el mal que te he producido y te prometo que nunca volverá a suceder.

-       Luisa, todo está olvidado y no le tienes que dar más vueltas.

-       También te quería pedir algo a lo que sé que no tengo derecho, pero por favor piénsatelo.

-       Dime, ¿qué es?

-       Quiero que seas mi amiga, mi apoyo, tú tienes esa personalidad arrolladora y buena que me podría ayudar a superar esta nueva etapa de mi vida. Te juro que me va a ser muy difícil y tú eres de las pocas, que a pesar de todo lo dicho anteriormente, que me ha venido a visitar, y aunque no te he querido recibir has insistido e insistido hasta que mi madre, gracias a Dios me ha convencido. No hace falta que me contestes ahora, pero solo te pido que te lo pienses.

-       Luisa, lo tengo claro, soy ya tu amiga e intentaré ser lo que tú no puedas hacer, pero solo pongo una condición

-       ¿Cuál es?

-       Te has de mostrar con todos más amable, además la recuperación y la mentalización es solo cosa tuya, los demás estaremos para aguantar tus malos o tus bajos momentos, pero tú tienes que querer recuperarte al máximo y conseguir funcionar con partes que probablemente nunca más sentirás.

-       Estoy de acuerdo, pero también estoy segura que sin tu ayuda será imposible.

-       Con mi ayuda y con la de Antonio.

Esto sorprendió a Luisa, no sabía que Rosana conociese su relación con Antonio

-       Pero…

-       Es igual, lo sé y ya está, también sé que te quiere ver y que no le aceptas la visita. Según tengo entendido es un gran chico y te quiere.

-       Rosana, rompimos en el mismo momento en que me caí, y como tú dices es un gran chico y no quiero que ahora vuelva por pena, no lo podría soportar.

-       Pero eso Luisa, lo tendrá que decidir el, ¿no te parece?

-       Es que no quiero hacer sentir pena Rosana, contigo ahora sé que no actúas por pena, si no por personalidad y convicción, Antonio es tan bueno que es capaz de sacrificar su vida por mí.

Y tanto que sabía de lo que era capaz Antonio, y que podía cometer el mayor error de su vida, pero esto lo tenían que decidir ellos dos.

-       Mi madre también me ha convencido para que lo reciba hoy, pero me da mucho miedo. Por cierto, podrías estar tu cuando el venga.

El sudor llegó a todos los extremos de mi cuerpo, me podía pedir todo menos eso, no sería capaz de soportarlo y seguro que estaría condicionando la decisión de Antonio,

-       Mi madurez personal- y sonreí- me impide estar en un acto tan intimo como este, a mí no me hubiese gustado que Antonio estuviese en nuestra conversación y además estoy segura que no habría sido como ha sido.

-       Seguro que tienes razón, pero lo hubiera deseado tanto

En ese momento apareció la madre de Luisa y dijo en voz baja, como si no quisiera molestar, ha llegado Antonio

-       Que, entre Mamá, ahora quiero hablar con el

En ese momento me levanté y le di dos besos a Luisa y ella los respondió con cariño, fui a salir de la habitación y me crucé con Antonio

-       Buenos días, Antonio- le dije con una cara coloradísima-

-       Buenos días, Rosana, nos vemos

-       ¿Qué tal te encuentras hoy Luisa?, por fin podemos hablar un rato

-       Si, tienes razón Antonio, lo teníamos que haberlo hecho antes, perdona no estaba en condiciones

Antonio, que se esperaba alguna especie de reprimenda, se quedó sorprendido y eso, aunque le gustara no le ponía las cosas fáciles. Yo acabé de salir de la habitación, le di dos besos a su madre y ella me dijo

-       Rosana, no sé qué has hecho, pero veo a mi hija fuerte y con ganas de afrontar la nueva vida, hasta ayer estaba completamente derrotada y no quería saber nada ni de los médicos

-       No se preocupe, entre todos la ayudaremos a salir adelante.

Me imagino la conversación que estarían manteniendo Luisa y Antonio, yo estaba completamente enamorada de él, pero las circunstancias de Luisa hacían cambiar las cosas y seguro que ella le necesitaba más a el que yo.

Algo de razón debería tener cuando aquella noche tuve la visita inesperada de Antonio en mi casa, como siempre abrió la puerta mi madre y vi que se quedaba gratamente sorprendida,

-       Pasa, pasa Antonio, ¿te quedarás a cenar?

-       Señora, solo si tiene alguna de esas trufas maravillosas que sabe hacer

Es una de las pocas veces que he visto a mi madre sonrojarse que no fuera por una copa de vino.

-       Tengo siempre para invitados especiales

-       Gracias, entonces si Rosana no tiene inconveniente, me quedo

Di mi aprobación con la cabeza y también algo sonrojada. La que no tuvo ningún pudor fue Cleta que se le echó encima esperando cariños y carantoñas

Mientras mi madre iba a preparar la cena, nos sentamos en el jardín, él no sabía cómo empezar la conversación, le ayudé yo

-       ¿Como estaba Luisa hoy?

-       La verdad es que estaba estupenda, incluso mejor que antes del accidente, me ha preguntado si la quería

-       ¿Y que le has dicho?

-       Que sus últimas actuaciones habían hecho mella en mi corazón y me habían hecho tanto daño que estaba dispuesto a cortar lo nuestro

-       ¿Y?

-       Pues estuvo de acuerdo en todo, también me dijo que no deberíamos seguir por un sentimiento de pena o de sentimiento de culpabilidad.

-       ¿Y?

-       Siguió diciendo que, si esto último no era así, que le diera una nueva oportunidad, que se sentía diferente y capaz de dar mucho amor.

-       Y tú, ¿qué le dijiste?

-       ¿Que tenía que pensarlo, por eso he venido aquí en busca de consejo, tú sabes lo que pienso y lo que siento, pero por otro lado han sido muchos meses de relación que no quiero que piense que ahora no quiero estar con ella por su estado actual

-       ¿Y quieres que yo te lo resuelva?

-       Si te soy sincero y egoísta si

-       Pues estas equivocado Antonio, la decisión ha de ser tuya, solo me atrevo a decirte que Luisa, de una forma u otra te necesita y no la puedes defraudar

-       Estoy de acuerdo, pero tú ya sabes lo que yo siento por….

-       No sigas Antonio, ese no es el camino, ahora tú y yo debemos de ayudar a Luisa a que salga adelante y en este momento-mentí- no tengo otro propósito en mi vida.

-       Ya, entonces no tenemos nada que hacer

-       Antonio, en estos momentos nada, debo ver como transcurren los acontecimientos para saber cómo tengo que actuar, siendo egoísta no me ha ido bien en la vida y no pienso caer otra vez en esa tentación.

Antonio se quedó cabizbajo y sin saber que decir. Pasaron dos largos minutos hasta que volvió a decidir hablar.

-       Quiero entenderte Rosana, pero en el fondo no te entiendo, creo que hay algo entre nosotros y no lo quieres descubrir.

-       Lo has entendido perfectamente Antonio, no es el momento.

-       Creo que me estás diciendo que recapacite y piense solo en Luisa, ¿es eso?

-       Así es, ¿ves cómo lo has entendido?

-       Pero me estas lanzando en brazos de otra, ¿eres consciente?

-       Lo soy y voy a correr ese riesgo.

Antonio se levantó y se marchó sin decirle nada incluso ni a mi madre ni a Cleta que iba constantemente detrás de él, era la única persona que la separaba algunos momentos de mi

Yo note que mi corazón me daba un vuelco, que había provocado una situación muy tensa y que a lo mejor había perdido a Antonio para siempre, después de decirle a mi madre que no habría cena salí al jardín y miré al cielo, esa extraña estrella estaba más reluciente que nunca y eso me relajó, mi padre estaba de acuerdo con lo que había hecho. Me fui directamente a la cama y aunque estaba segura de que había hecho lo correcto, se me escaparon unas cuantas lágrimas, Antonio era mi amor, mi único amor y estaba segura que no encontraría a nadie como él en toda mi vida.

Al día siguiente volví a ir al hospital, estaban los padres de Luisa muy contentos, a partir de mañana Luisa podría irse a casa siempre y cuando se comprometiera a hacer diariamente la rehabilitación en casa y en un centro que les habían asignado. Entré corriendo en la habitación para compartir esta buena noticia con Luisa, pero me encontré con algo que no esperaba, junto a ella estaba Antonio y en la mesa había un gran ramo de flores, no pude evitar un cambio en mi cara, aunque intenté disimularlo, nuestras miradas se cruzaron, pero yo no fui capaz de mantenerla. Miré a Luisa y le dije

-       ¿Es una gran noticia no, Luisa?

-       Rosana, haré todos los ejercicios que me mandaron y también tendré entrenador personal, ¿verdad Antonio?

-       Verdad cariño, me tendrás a tu lado hasta que tu no me eches

Esto es lo que había querido Rosana, pero ahora enfrentándose a la realidad no le pareció tan bien y se le escaparon dos lágrimas de sus ojos. Lágrimas que no pasaron desapercibidas por Luisa

-       ¿Estás llorando Rosana?

-       Si Luisa, de alegría, de alegría de que estés así de animada y de querer vivir de nuevo, nos tendrás a Antonio y a mí siempre que quieras

-       ¿Sabes Rosana? ¿me arrepiento de haberte hecho tanto daño en el pasado?, eres una magnifica persona y ahora entiendo que yo era maléfica y sin sentimientos. Tú los has puesto en su sitio y no sabré nunca como agradecértelo. Pero ahora has de estar contenta por mí, vuelvo a casa, tengo a Antonio a mi lado, y a una nueva amiga que ya es parte de mi vida

-       La tienes Luisa, la tienes

-       !!MAMÁ, MAMÁ¡¡

¿Entró su madre preocupada por si le pasaba algo a Luisa y pregunto?

-       ¿Qué pasa Luisa?

-       Mamá, quiero que prepares una fiesta mañana en casa cuando vuelva, quiero compartir con algunos mi regreso a la vida

-       ¿Pero qué dices hija?, no te entiendo

-       Que compres comida, dulces y bebida, entre Rosana y Antonio convocarán a mis amigos y lo vamos a celebrar. ¿Verdad que si Antonio?, ¿verdad que si Rosana?

Ambos nos miramos como preguntándonos como lo íbamos a hacer, yo pensé en la última vez que utilicé mis poderes para hacer una convocatoria de fiesta y como resultó, no me atrevería a hacerlo de nuevo. Aunque respondí

-       No te preocupes Luisa, aunque es poco tiempo lo vamos a intentar, ¿verdad Antonio’

-       Por supuesto Rosana, esta tarde después de comer paso por tu casa y a ver como lo organizamos

Después de esto me despedí, no podía estar más tiempo en ese triángulo con la excusa que tenía que hacer unas compras.

Salí del hospital pensando en cómo lo podía hacer para que la fiesta resultase un éxito, iba caminando a casa y seguía dándole vueltas, faltaban unos pocos metros cuando el pájaro carpintero se abalanzó sobre mí, pe pegó un picotazo en la cabeza, sin hacerme daño y vi cómo iba a su árbol y con el pico y un graznido me señalaba las figuras por el recreadas. En un principio no lo entendí, seguí pensando porque ese pájaro me había dado un toque de atención. Me señalaba su trabajo, lo que yo había interpretado como “generosidad”.

Le daba vueltas y vueltas, no sabía cómo ayudar a Luisa, pensó varias veces el utilizar su magia, pero con la experiencia que había tenido se resistía a hacerlo, ya que flaco favor le haría a Luisa. Salió al jardín y vio la estrella de su padre que como si se encendiera y se apagaba, se sentó en el césped para observar aquel maravilloso espectáculo, sabía que su padre le quería decir algo, pero tampoco sabía descifrarlo.

En ese momento sentí como un viento cálido a su alrededor, olía igual que su padre, muchas veces había ido al baño de sus padres y se había puesto un poco de colonia que utilizaba su padre y la estaba oliendo todo el día. Pues ahora sentía ese característico olor y de pronto escuchó como un susurro “hija, no tengas miedo, utiliza tus poderes para hacer felices a los demás”. Y de repente el viento y el olor desapareció.

Ahora creía entender todo, ella había conseguido que vinieran a su fiesta todos sus compañeros, pero vinieron sin convicción, era un acto más bien egoísta, si hiciera lo mismo con Luisa seguramente esto no pasaría y era lo que le estaban indicando su estrella y su pájaro. Así que no lo dudó dos veces, pasó su mano por su oreja y dijo en voz alta.

-       Que vengan todas las compañeras y amigas de Luisa a su fiesta de mañana

Aun así, sintió algo de miedo, pero se le pasó enseguida cuando mirando al cielo vio radiante la estrella de su padre, no se había equivocado.

En ese momento sonó el timbre, esta vez fue ella la que abrió la puerta, allí se encontraba Antonio

-       Lo siento Rosana, llego tarde, Luisa no me ha dejado hasta ahora y lo malo es que no deja de hablar de su fiesta. Te juro que no sé cómo hacerlo, casi nadie la podía ver por su carácter y prepotencia.

-       No te preocupes Antonio, yo lo he arreglado todo y mañana la fiesta estará a rebosar

-       Pero ¿cómo lo has hecho Rosana?, era misión imposible

-       No te creas, ha sido más fácil de lo que me pensaba

-       ¿Así que todo arreglado?

-       Todo

-       Bueno pues yo…

-       Antonio, mi madre ha hecho hoy trufas, ¿te quieres quedar a cenar?

-       ¿Estás segura?

-       Más que nunca Antonio

-       Me encantaría si es lo que tu deseas

-       Por favor

Pasaron una noche maravillosa los tres, hablaron y hablaron sin parar y de todos los temas. De vez en cuando las miradas de Rosana y Antonio se encontraban, pero una vez uno y otra vez otro la apartaban como avergonzados. Al final llegaron las trufas y Antonio se hizo con su parte y la mía. Tomaron una infusión y Antonio se despidió hasta el día siguiente.

Rosana además de la magia también había llamado a Ana y le explicó el caso y se mostró encantada en ir a la fiesta e intentar hablar con Luisa.

Se fue a dormir convencida de que todo sería un éxito, pensaba que era boba, como no se había acordado de las palabras que le dijo su abuela, utiliza tus poderes para hacer feliz a los demás y tú serás feliz. Se durmió soñando en aquel aquelarre especial que había contemplado, quedaba poco tiempo para que cumpliera los veintidós años y estaba en disposición de ir a él. Tenía verdadera curiosidad.

Llegó el día siguiente y desde primera hora estuvo en casa de Luisa con Antonio intentando decorar la casa para que no quedara ninguna duda de que la fiesta se celebraba allí. Luisa estaba radiante a pesar de encontrarse en una silla de ruedas que todavía le costaba manejar.

Antonio y yo coincidíamos cerca muchas veces, yo creo que incluso ambos lo buscábamos, y unos ligeros roces nos hacían todavía más felices, aunque intentáramos disimular, era difícil porque mi corazón se salía del cuerpo y creo que el de él también. De todas formas, Antonio estaba pendiente de Luisa, todo lo que le pedía, cuando veía que tenía dificultad de movimientos, como digo estaba por ella. Y ella era feliz, muy feliz, era su cara, sus ojos, hasta creo que la parte que tenía imposibilitada transmitían esa felicidad.

Yo por otra parte estaba temblando, estaba convencida de que todo saldría bien, había tenido suficientes señales para que no fuera así, pero conforme se acercaba la hora mis nervios empezaban a brotar y hasta rompí una botella y lo puse todo perdido, incluso mis pantalones. Lo recogí todo enseguida y lo que no pude hacer fue arreglar lo del pantalón.

Llegó la hora y era como si se hubiese abierto la puerta de una discoteca de moda, empezaron a desfilar, compañeros actuales y pasados de Luisa, ella estaba maravillosa, se entretenía hablando con todos y lo más extraño es que la trataban no por un sentimiento de pena, si no con una normalidad que yo misma el primer día que vi Luisa postrada no tenía.

La magia había surtido efecto y yo estaba feliz porque había aprendido algo muy importante y que tenía mensajes continuos sobre ello y no fui capaz de descifrarlos hasta que el susurro de mi padre me dio, como siempre, su mejor consejo.

La fiesta duró y duró, eran altas horas de la noche y todo continuaba como al principio, la gente se lo pasaba bien, todos hablaban con todos, explicaban anécdotas esplendidas y muy atractivas, hubo un momento dado que alguien tiró a la piscina a otro y seguidamente como si de un dominó se tratase iban cayendo uno a uno, algunos de forma intencionada y otros que eran empujados.

Entonces vi a Luisa que llamaba repetidamente a Antonio, con el cual yo había estado hablando un buen rato sin hacer referencia a lo nuestro y por lo tanto fue una conversación relajada, distendida y además deseada. Al final consiguió que la oyera y fue rapidísimo hacia ella, yo también iba hacía allí al ver que Antonio no la escuchaba, pero llegó antes él y escuché como le decía

-       Antonio, tírame a la piscina

-       Pero Luisa, ¿estás loca?

-       Antonio, por favor tírame a la piscina

-       No puedo hacerlo cariño, no sé el riesgo que puedes correr

Si hubiera sido la Luisa de siempre en este momento le estaría gritando a Antonio lo que tenía que hacer, pero me sorprendió que tomó la mano de Antonio, con la otra le acercó su cara y muy bajito, pero con un tono suplicante y a la vez convencido le dijo

-       Antonio, por favor, te lo ruego, tírame a la piscina, quiero estar con ellos

-       Yo haría por ti lo que quisieras, y si así lo quieres lo haré, pero sufro por tu seguridad

-       Antonio, Antonio

Me pareció que era el momento de entrar en acción y salvar a Antonio y Luisa de una situación complicada, así que me acerqué a ellos y les dije

-       Os está oyendo toda la gente, Antonio, ¿la tiras tu o la tiro yo?

-       Pero…

-       Mira, es mejor que la tires tú y yo la espero abajo por si acaso ¿y así te quedas tranquilo no?

Luisa me miró y además de darme las gracias de palabra lo hizo con esos lindos ojos que tenía ese día

-       Está bien, es inútil pelear con dos tozudas como vosotras

Yo enseguida me toqué la oreja y pensé intensamente

-       Que no le pase nada

Sin pensarlo dos veces me lancé como uno más a la piscina, mis pantalones lo agradecerían y esperé allí viendo como Antonio cogía a Luisa de su silla de ruedas, se acercaba al borde de la piscina y la tiró cerca de donde estaba yo. Todo el mundo se quedó callado, todos se habían dado cuenta de la maniobra y cuando vieron salir la cabeza de Luisa del agua riendo a carcajada limpia e intentando aguantarse en el agua, todo volvió a una normalidad.

Fue una experiencia increíble y todo el mundo se lo pasó bomba, Luisa se había quedado sin piernas, pero le sobraban amigos por todas partes, con todos iba quedando un día u otro, estaba radiante de felicidad, había comprendido que la belleza de una joven no está en el exterior, si no en la fuerza que proviene del interior.

Durante la fiesta estuve hablando con Ana que como siempre había venido a mis suplicas, ahora que se fue todo el mundo aproveché para presentársela a Luisa y estuvimos los cuatro hablando un largo rato sobre cosas superficiales. En un momento dado le dije a Antonio

-       Tengo ganas de tomar algo, voy a preparar un ponche delicioso, ¿me ayudas Antonio?

-       Por supuesto, allá voy

Antonio había entendido perfectamente que las quería dejar solas un rato, nos fuimos a la cocina e iniciamos la preparación de un brebaje que se pudiera beber, nosotros seguíamos hablando de forma distendida, Antonio no intentó nada en ningún momento, solo algunos roces más inocentes que otra cosa y la verdad es que no sabía si los había provocado el o yo misma, me sentía muy a gusto con el aunque fuera solo conversando y riendo, no era un hombre muy hablador y su semblante era serio, pero tenía algunas salidas que hacían que mis mandíbulas no pararan, seguro que mañana notaría las agujetas.

Cuando había pasado un buen rato aparecimos con el ponche donde se encontraban Luisa y Ana, creí que habían tenido suficiente tiempo para iniciar una relación. Y así fue, en seguida Luisa dijo

-       Rosana, Ana es un encanto y además me parece muy profesional y hemos quedado en vernos a menudo a ver si nos ayudamos mutuamente. ¿Qué te parece?

-       Fenomenal Luisa, a mi Ana me ayudó muchísimo en momentos muy amargos para mí.

Con algo que beber alargamos un rato la charla hasta que nos despedimos y todos nos fuimos a nuestras casas. Antonio acompañó a Ana hasta su coche y después me acompañó a mi junto al mío. Yo creo que quería besarme, pero se estaba reprimiendo y entonces le dije

-       Antonio, lo que estás haciendo por Luisa es inaudito, estás consiguiendo que sea feliz a pesar de su reciente desgracia. ¿Te das cuenta de ello?, ¿eres consciente?

-       Creo que tú tienes algo que ver en todo esto, pero es verdad, Luisa ha cambiado y ahora es una persona entrañable, amable y amiga de sus amigos. Yo solo la estoy acompañando, la fuerza y la energía la tiene ella, es ella la que me hace cargar las pilas a mí de vez en cuando.

-       Eres maravilloso Antonio

-       Rosana, pero eso no deja de lado lo que realmente siento por una persona que no quiere saber nada de mí, aunque también tengo que decir que lo que hago por Luisa no es por pena, también es por amor, pero es otra clase de amor.

-       No te creas que esa persona no quiere saber nada de ti, todo, al contrario, si fuese así, no querría ser ni tu amiga y eso es lo que más desea en el mundo esa persona, que siempre, de una manera u otra estar cerca de ti. Con eso es inmensamente feliz.

-       Buenas noches, Rosana, muchas veces me cuesta entender lo que me dices, pero cuando estoy a solas siempre pienso en ello y llego a mis propias conclusiones, o incluso ilusiones o sueños, no sé cómo definirlo

-       Pues sigue así y se feliz, sobre todo se feliz. Hasta mañana Antonio










PARTE 9. LA GENEROSIDAD TIENE PREMIO


La vida fue transcurriendo de una forma normal, Rosana fue un par de veces a la casa de su abuela, la cual no cabe decir que estaba impecable y ordenada. Pero esta vez lo hizo cuando solo faltaban seis meses para su veintidós cumpleaños, y quedaba un interrogante en mi vida. El pergamino que le había dejado su abuela en su saco, no sabía entenderlo y quería buscar la forma de hacerlo. Registró toda la casa y encontró escritos que utilizaban los mismos caracteres que la nota de su abuela, pero seguía buscando y no vi nada más.

En un momento determinado me acordé de que en los frasquitos que utilizaba la abuela escribía de la misma manera y ella le había explicado lo que significaba cada una de esas etiquetas, así que fue al cuarto donde se encontraban los frascos y en un papel apuntó el nombre que tenía la etiqueta y al lado el que se acordaba le había comentado la abuela. Así lo hice con todos los frascos, me guardé la nota y me llevé los manuscritos que había encontrado. Esperaba llegar a casa para ver si entre una cosa y otra lograba descifrar su secreto.

Llegué rendida a casa y dejé el tema para los días siguientes. Me eché en la cama tal como iba vestida y me quedé dormida en un profundo sueño que interrumpió el despertador, era hora de ducharse, desayunar e ir a clase.

Durante días no pudo dedicarse, ya que entre los estudios y el visitar a Luisa se me pasaban las horas volando. Además, en casa de Luisa siempre estaba Antonio y la relación entre los tres se podría decir que era fluida y de una gran amistad. Siempre esas miradas furtivas que cada día se aguantaban más, ya no se separaban enseguida buscando otro entorno para su vista. Un día que Antonio estaba explicando una anécdota que le había sucedido en la facultad, y tal como lo estaba explicando me quedé embelesada, tanto es así que Antonio acabó y yo seguía mirándole con el mismo interés. Hasta que Luisa dijo

-       Rosana, ¿te pasa algo?

Eso me hizo volver a la realidad y saqué una excusa tan tonta que todo el mundo creo que lo notó. Pero Antonio me tenía el corazón robado, era como me imaginaba que sería el caballero que viene a salvar a la princesa de las garras del dragón. No pasó nada más, seguimos charlando y riendo como siempre, era una terapia para los tres.

Pero Luisa había ganado mucho, entre Antonio y las visitas de Ana había cogido carácter a la vez que amabilidad y sobre todo mucha cercanía, hasta se compró un perro parecido al mío para que le hiciera compañía cuando no estábamos. Cleta al principio no se movía de mis faldas, pero al poco tiempo me abandonó y siempre estaba jugando con Devil que era el nombre que le había puesto Luisa porque decía que era un diablillo. A Luisa se la veía capaz y madura, sus conversaciones eran cada vez más profundas, leía mucho y recibía muchas visitas. Se había apuntado a derecho, y cuando lo decía se partía de risa

-       Luisa estudiando derecho ja ja ja ja ja

Era feliz y se le notaba, aunque también notaba que, a pesar de los cumplimientos de Antonio, se iba alejando poco a poco de él, ya no lo necesitaba tanto ni requería tanto de su atención. Me chocó enormemente, ya que parecía completamente enamorada de él, pero había un velo entre ellos que no sabría como describirlo.

Pasaron los meses, los estudios me iban perfectamente, aprobaría todo, seguía acudiendo a casa de Luisa, pero cada vez nos necesitaba menos, se valía por si sola prácticamente para todo, sin que esto quiera decir que no nos hiciera caso, al revés, cada vez estábamos más unidas, pero no por la necesidad, unidas mental e interiormente, nos entendíamos a la perfección. Hasta un día se atrevió a decirme

-       Rosana, ¿sabes qué?

-       Que Luisa

-       Que me alegro de que me sucediera aquel accidente

-       Pero ¿qué estás diciendo Luisa?, que tontería es esa

-       No Rosana, te lo estoy diciendo de verdad, antes era una niña prepotente y sin sentimientos, no tenía empatía y los amigos que tenía era tan solo porque era una especie de líder a quien seguir. Que equivocada estaba en todo, este accidente me ha vuelto a la vida, tengo más ganas de vivir que nunca, tengo verdaderos amigos y noto que son amigos, tengo ganas de aprender, no solo de lo que se da en la universidad, si no de la vida misma. Mis sentidos se han multiplicado por mil, siento, toco, huelo, saboreo todo mucho mejor. Después aquella persona a la que menospreciaba y maltrataba resulta que ahora es mi mejor amiga. Y la persona que se fijó en mí antes, que todavía no lo entiendo por qué continúa conmigo, me quiere mucho, mucho, pero últimamente es más cariño que amor, lo noto

-       Luisa, yo creo que estás confundida con Antonio

-       No Rosana, como te he dicho mis sentidos se han agudizado y sé que me quiere, pero empieza a ser más un amor de amigo íntimo incluso de hermano.

-       Antonio es una gran persona y yo sé que te quiere, debes corresponderle, creo que se lo merece.

-       Rosana, no disimules más, tú sabes mejor que yo que es así, te piensas que no veo como os cruzáis unas miradas que van más allá de una simple amistad

-       Luisa, no….

-       No, déjame seguir, te repito que mis sentidos se encuentran a pleno rendimiento y veo como de vez en cuando aprovecháis un roce para miraros, miradas de Antonio que yo no recibo.

-       Luisa, creo que….

-       Rosana, déjame acabar, yo creo que Antonio se encuentra completamente enamorado de ti-decía esto con lágrimas en los ojos-, ha encontrado a la mujer de su vida en ti, se perfectamente que no está conmigo por pena, por lo que me ha sucedido, sé que me quiere. Pero a ti te ama y cada día con más intensidad.

-       Luisa, te prometo que yo….

-       No tengo la menor duda de que tu no has querido acercarte a Antonio porque estaba conmigo y como eres una gran amiga no has hecho nada para acercarte a Antonio, es más, creo que intentas separarte de él, porque lo que si estoy segura es que tu sí que estas enamorada de Antonio.

Con lágrimas en los ojos ambas estábamos mirándonos fijamente una a otra y además de estas palabras estaban hablando nuestros ojos.

-       Luisa, si te negara lo que has comentado te estaría engañando, es un chico que me gustó desde el primer momento, incluso antes de que tu tuvieras el accidente, pero no he intentado más acercamiento a el que intercambiar esas miradas y poder hablar con él y compartir nuestras experiencias. Te ruego que no me niegues eso, me moriría, puede ser tu esposo y te juro que jamás te lo intentaré quitar, pero no me dejes sin él. Él es el que hace girar mi mundo y….

-       Para, para Rosana, nunca se me ocurriría alejarle de ti sabiendo lo que se, una cosa que me ha aportado mi accidente es equilibrio y coherencia, ambos sois mis mejores amigos y te aseguro que no os haré daño nunca.

-       ¿Entonces?

-       Te lo acabo de decir, y aunque lo haga llorando, nunca os haré daño a ninguno de los dos, y ahora os lo estoy haciendo, sin querer, pero os lo estoy haciendo. Si es verdad que ambos os queréis no puedo manteneros separados, eso me haría muy infeliz y a la vez los dos seríais infelices.

Luisa estaba llorando a lágrima viva, pero todo lo que decía era sinceramente, lo estaba notando y además mi cuerpo parecía que no iba a resistir y se iba a venir abajo, mi corazón estaba latiendo a tal velocidad que esperaba que se parase en cualquier momento. Estaba entendiendo perfectamente lo que me estaba diciendo Luisa y casi que no me lo podía creer, la vida me estaba dando un giro brutal. Yo también estaba llorando, pero en este caso de felicidad, de plena y absoluta felicidad. No sabía que decir

-       ¿Luisa, donde quieres ir a parar?, creo entenderlo, pero necesito escucharlo de tu boca de una forma clara y contundente.

-       Tienes razón Rosana, esta tarde voy a hablar con Antonio y lo haré en los mismos términos que contigo y si es sincero y me reafirma lo que pienso quiero que habléis los dos y que si es amor lo que sentís no sea yo la que os impida que seáis felices. Y sobre todo lo que quiero conservar es vuestra amistad, esto no puede afectarnos, entonces sería yo la que moriría. Te lo he aclarado suficientemente

-       Suficiente y claro Luisa, si ya eras mi mejor amiga ahora me has demostrado que eres mucho más, porque yo sé que tú quieres a Antonio con locura y este es un sacrificio que no puedo calificar. Es el gesto de mayor generosidad que me han ofrecido nunca.

Ambas nos unimos en un fuerte abrazo, llorando, cada una por un motivo diferente, pero llorando ambas y sin abrir la boca, estaba todo dicho. Después de muchos minutos juntas Luisa dijo

-       Rosana, Antonio está a punto de venir, será mejor que te vayas, quiero tener una conversación muy larga con él. Te informaré de cómo ha ido, siempre cabe la posibilidad o la esperanza para mí de que estemos equivocadas.

-       Me voy, no sería capaz de mirarlo ahora a la cara.

-       Mejor así Rosana

-       Hasta mañana Luisa y muchas gracias por tu sinceridad y tu generosidad.

Marché rápido para no correr el riesgo de encontrarme con Antonio, me iba como escondiendo por las esquinas y entonces empezó a llover y aunque era fuerte y calaba yo no sentía nada. Llegué a casa y pensé que tenía que hacer algo para distraerme, si no me iba a volver loca. Entonces recordé que estaba haciendo un trabajo que ya estaba llegando a su fin. Subí a la habitación y saqué de una caja varios apuntes. De las etiquetas de los frascos pude interpretar algunos de los signos de aquel extraño idioma, una vez comprobar que no estaba equivocada y con los pergaminos que me traje fui intuyendo el resto de los signos y estaba en un punto final para poder interpretar lo que mi abuela me quería decir. Estuve dos horas más buscando las palabras que me faltaban y al final conseguí descifrarlo, o por lo menos eso pensé.

                             “Rosana, mi vida humana acaba cuando                          descubres

                             Todos los secretos a tu próxima nieta

                             Estaré contigo siempre y cerca de ti

                             Esta atenta a tu alrededor

                             Los poderes no consiguen dinero

                             No consiguen felicidad

                             La felicidad solo se consigue cuando

                             Utilizas tus poderes para la

                             Felicidad de otros, entonces lo sabrás”


Cuantos disgustos se hubiese ahorrado si le hubiera dedicado más tiempo a este jeroglífico, ahora entendía toda su vida, cuando había mal utilizado los poderes y cuando los había utilizado en beneficio de terceros estos se los estaban devolviendo con creces

Después de conseguido más o menos descifrar el documento, pensé en irme a dormir, pero por otro lado me picaba la curiosidad de lo que contenían el resto de los documentos que me había traído de casa de mi abuela. En ese momento sonó el timbre de la puerta y como si hubiera tenido un resorte en el trasero corrí sin pensarlo hacía la puerta, casi llega primero mi madre, pero la logré abrir yo y mis ojos brillaron de tal manera que creo que se iluminó hasta la habitación. Era Antonio

Antonio me miró, unos segundos solo, después entró en la casa y cogió mi mano y me llevó con él mientras le decía a mi madre

-       Marta, hoy si no le importa me quedaré a cenar y espero que tenga trufas de postre.

Lo dijo con ímpetu y fuerza, pero con educación y naturalidad. Mi madre no pudo ni abrir la boca, solo cuando ya habíamos dado unos pasos le escuché un flojo

-       De acuerdo

Antonio me sacó al jardín, me llevó a esa especie de tienda de campaña en la que tenía mis artilugios, descubrió el más grande de ellos, el que tenía doble visión, estuvo revisando el cielo un rato, yo no sabía qué hacer, todo me era desconcertante, pero muy interesante a la vez.

Antonio fijó el telescopio en una posición determinada y con la mirada y un gesto de su mano me hizo mirar por el visor.

Había enfocado precisamente la estrella de mi padre, la cual estaba más radiante que nunca. La estaba observando embobada cuando de repente noté un calorcillo en mi oreja izquierda, era Antonio que la estaba besando delicadamente, pero que me hizo vibrar y puso mi corazón a tope, mi impulso fue el dejar de mirar y girar lentamente mi cara ofreciéndole mis labios entreabiertos, los cuales el besó como el solo sabía hacer, con delicadeza y acompañando el ritmo que yo misma marcaba.

Separó un momento sus labios de los míos y me dijo

-       Rosana, aquí lo dejamos la otra vez, pero ahora va a ser diferente

Y volvió a acercar lentamente sus labios a los míos y estuvimos abrazados y cariñosos durante un buen rato, hasta que apareció mi madre diciendo

-       La cena está lista, cuando queráis

Al ver la actitud de los dos jóvenes con una sonrisa en su boca añadió

-       No hay prisa

Al escuchar esto ambos nos pusimos a reírnos como si estuviéramos locos y mi madre, aun sabiendo que nos reíamos de la escena, también rompió a carcajada limpia y se acercó a nosotros y solo pronunció unas palabras que desde que murió mi padre no se las había escuchado

-       Soy muy feliz

Estuvimos un rato juntos sin pronunciar palabra, y los tres a la vez sin que nadie dijera nada nos dirigimos a la mesa y se notó en el ambiente que todos teníamos hambre, pero no era una necesidad fisiológica de comer, se trataba de una necesidad de estar juntos el mayor rato posible.

Por supuesto al final salieron las trufas de la cocina y a Antonio se le pusieron unos ojillos de goloso que además le quedaban muy bien. Cada uno, bueno no Antonio el doble, nos hicimos con nuestra ración. Descubría a Antonio dándole pedacitos pequeños de trufa a Cleta, ahora sabía porque muchas veces me abandonaba para ir con Antonio, la estaba malcriando, pero la verdad. Me pareció maravilloso y no dije nada, dejé que la siguiera mimando durante un rato más.

Acabadas las trufas vinieron las infusiones y un poco de sobremesa, muy poco porque lo que realmente queríamos Antonio y yo era quedarnos a solas. Entonces mi madre hizo un gesto disimulado de cansancio y dijo

-       Me parece que me voy a ir a dormir, el día para mí ha sido muy intenso, ya arreglaré la cocina mañana

Se levanto de la silla y sus movimientos de marcha los acompañó con un

-       Hasta mañana Rosana, hasta mañana Antonio, que Dios esté con vosotros

Esperamos un rato más en el salón intercambiando frases superficiales por si mi madre todavía pudiera estar escuchando. Pasados unos minutos nos levantamos y fuimos al jardín, nos sentamos en unos pequeños sillones muy juntos y nos pusimos a hablar, lo primero que le pregunté es como había ido con Luisa

-       Luisa es una gran chica, la mejor que he conocido y he tenido el placer de disfrutar de ellas varios meses tal como es ella ahora. Ha sido muy generosa, sé que me quiere y yo Rosana, también la quiero, pero no es la misma clase de amor, ella me quiere como yo te quiero a ti y eso todavía me lo ha hecho más difícil. Pero sabes que ella es terca y se ha dado cuenta que estamos verdaderamente enamorados y me ha dicho que viniera a buscarte y que fuéramos muy felices, ya que su sufrimiento lo apagaba el saber que estaba haciendo lo correcto, no podía impedir lo que la naturaleza quiere unir. Ella sabe que nuestro amor es cierto, no es un amor pasajero, se ha dado cuenta que somos como dos gotas de agua y que sería una lástima que esos deseos no se cumplieran.

-       A mí me ha dicho algo semejante y no he podido evitar llorar y abrazarla, ahora mismo solo de pensarlo se me vienen las lágrimas a los ojos y si la tuviera aquí le diría bien fuerte LUISA, TE QUIERO Y TE QUERRE SIEMPRE

-       Yo también he llorado, y si te soy del todo sincero la he intentado convencer de que ella y yo podríamos funcionar bien, que nos queríamos. Pero ha sido imposible convencerla, conmigo no ha llorado, pero estoy seguro de que ahora lo está haciendo y a lo mejor se está arrepintiendo

-       No creo Antonio, hoy he visto a una Luisa diferente, una Luisa muy segura de si misma y con una enorme decisión. Este paso la habrá costado muchísimo darlo, pero una vez que lo ha dado no se va a echar atrás. Además, me ha pedido que no la dejemos, que quiere seguir siendo nuestra mejor amiga

-       Mañana, si te parece bien iremos los dos a verla juntos y ver cuál es su reacción y actuamos en consecuencia en función de lo que veamos.

-       Antonio, no te preocupes, vas a ver lo mismo, una Luisa animada y con muchas ganas de vivir, celebrará lo nuestro y además se sentirá orgullosa de ello, no lo dudes por favor

-       De acuerdo, así lo haremos.

Durante varios minutos se fundieron en un abrazo de amor, los dos sabían que eran el uno para el otro y eso les daba mucha fuerza, estuvimos así hasta que Cleta vino a demandar algo (supongo que algo de trufa) y logró separarnos, si no aquel abrazo hubiese durado toda la noche. Antonio dijo que era tarde y que sería mejor que se marchase, estuvimos de acuerdo y quedamos que a las 10 me vendría a buscar para ir a casa de Luisa.

Lo acompañé hasta la puerta donde surgió el último beso de esa noche, luego me dirigí de nuevo al jardín y estuve muchos minutos contemplando el esplendor de aquella extraña estrella.










EPILOGO


Subí a mi habitación y no tenía nada de sueño, estaba como montada en una nube, tropezaba con todo, me sentía torpe. ¿Es esto el amor?, me preguntaba. Así que decidí seguir con la labor que estaba haciendo cuando sonó el timbre. Intentar desvelar los jeroglíficos de mi abuela. Al final conseguí descifrar uno de ellos que decían así               http://img1.blogblog.com/img/icon18_wrench_allbkg.png

http://img1.blogblog.com/img/icon18_wrench_allbkg.pngPoco a poco Dios nos quita la belleza humana:

poco a poco el árbol joven se marchita.

Ve y recita: "Todo cuanto está dotado de vida, acabará pereciendo".

No te enamores de los huesos, busca el espíritu


Por esa noche ya estaba bien, ahora sí que me sentía en realidad cansada, lógicamente eran las 4 de la mañana. A dormir


Me sonó el despertador, había días que lo odiaba. Me levanté de mala gana, fui al baño, estuve más tiempo del habitual, y mientras estaba en el baño me di cuenta de que mi vida estaba cambiando, que lo de la noche anterior fue un sueño. Entonces reaccioné con una sonrisa radiante y una cara de felicidad que yo misma podía admirar en el espejo, al cual le comencé a hacer muecas como lo hacía de pequeña, y contra más monstruosas eran las muecas más me reía, ahora ya eran carcajadas. Salí del baño rápidamente y fui a la cocina, mi madre todavía no se había levantado y estaba todo patas arriba, tomé la decisión de arreglarlo. Mi esfuerzo me costó, hacía mucho tiempo que esto era una tarea de la que se encargaba mi madre.


Una vez finalizado todo, me preparé el desayuno y ya estaba dando buena cuenta de el cuando apareció mi madre, realmente se sorprendió de lo que había hecho y tenía una cara rara, aunque la notaba feliz, más feliz que nunca. Le dije


-       ¿Quieres que te prepare algo de desayuno?

-       No, no yo misma lo haré, pero estoy sorprendida de lo que has hecho, hasta ahora no se te había ocurrido nunca, estas realmente cambiada

-       Y riendo le contesté, será el amor Mamá, será el amor


Entonces sin prepararse nada para desayunar se sentó muy cerca de mí y me dijo


-       Pero entonces, ¿hay algo entre Antonio y tú?

-       Eres una curiosa ¿eh, Mamá?

-       Bueno, lo soy, pero contéstame

-       Si, Mamá, creo que sí, creo que ha surgido entre nosotros un fuego que ya no se va a poder apagar, yo pienso que es el hombre de mi vida, y él también me lo dice, pero vamos a dar tiempo al tiempo, ¿verdad Mamá?

-       Por supuesto hija, solo quiero que sepas que Antonio me ha gustado desde el primer día que llegó a esta casa, es educado y a la vez de convicciones fuertes, no habla mucho, pero lo expresa mejor. Si te digo la verdad se parece a tu padre cuando éramos jóvenes-ahora los ojos se llenaban de lágrimas, pero continuó- estoy segura de que el aprobaría también a Antonio

-       Mamá, ya sabes que soy muy rara y sé que Papá ya me ha dado su aprobación, lo siento, lo escucho

-       cuando más falta me hace y siempre me ayuda en los momentos más difíciles. Ya te digo que soy muy rara.

-       Pues fíjate, no se lo iba a explicar a nadie, pero ya entre personas raras, te he de decir que esta noche he notado a tu padre junto a mí, y de espaldas y el abrazándome durante toda la noche. Era una sensación tan deliciosa que apenas he podido dormir. Eso si el roncaba como siempre


Este comentario nos hizo reír a las dos y no podíamos parar, lo hacíamos, pero cuando se cruzaban nuestras miradas volvíamos a la carga. Desde luego a esa casa había vuelto la felicidad.


Eran casi las diez y ya estaba en la puerta esperando que Antonio tocará al timbre, como así sucedió y antes de que acabara de sonar ya había abierto la puerta y sin que el se lo esperase me tiré a sus brazos, tenía necesidad de sentirlo, de tocarlo de nuevo, se había convertido en mi vida. El primero se sorprendió, pero reaccionó rápido y me abrazó fuerte, muy fuerte.


-       Tenemos que marcharnos me dijo

-       No lo soltaría, pensé, pero tenía razón


-       Vamos, MAMÁ NOS VAMOS, HASTA LUEGO NO ME ESPERES A COMER

-       ¿Con quién vas a comer? - me dijo Antonio-

-       Pues contigo tonto, buscaremos un lugar apartado, compraremos cuatro tonterías e iremos de picnic


Antonio no se esperaba nada de eso, pero aceptó la propuesta porque le encantaba la idea de Rosana. Se pusieron en marcha y se dirigieron a la casa de Luisa. En ambos había una expresión de miedo, sin decirnos nada decidimos entrar en su casa con las manos entrelazadas.


Una vez dentro encontraron a Luisa haciendo sus habituales ejercicios, los cuales no dejaba de hacer nunca, ella los miró y observó el detalle de las manos, nos miró y nos dedicó una sonrisa de oreja a oreja.


-       Sentaros un momento, estoy acabando


Así lo hicimos y esperamos en silencio y con algún que otro temor los dos en un sillón y no fuimos capaces de articular palabra. Observando a Luisa haciendo sus ejercicios y ella de vez en cuando nos miraba y seguía sonriendo, aunque con los esfuerzos que estaba haciendo casi no le permitían hablar.


Acabó enseguida, buscó el asiento de su silla y como si lo hubiese hecho toda la vida giro y movió la silla con una habilidad tremenda. Se fue acercando a nosotros, se quedó enfrente y nos miró y sonrió diciendo


-       Sois la mejor pareja que he conocido, sois complementarios y estáis muy enamorados el uno por el otro

-       Tú has hecho esto posible Luisa, nunca sabré como agradecértelo

-       Rosana, en este mundo nadie da nada por nada, me debes un gran favor

-       El que quieras y cuando quieras

-       Pues, ¿porque no ahora mismo?

-       Adelante, ¿qué quieres?

-       Quiero una promesa de ambos que por ningún motivo que no sea provocado por mi dejéis de ser mis mejores amigos. En estos últimos meses nos hemos conocido muy en profundidad y eso ya no lo quiero cambiar, quiero que siga igual. Yo quiero disfrutar de la vida que alguien ha querido que sea así, pero no lo quiero hacer sola, sé que sin vuestro apoyo toda la fuerza que ahora parece que tengo la voy a perder y eso sería echar a perder mi vida

-       Luisa, no digas nada más, entendemos la situación, sabemos el gran daño que te has hecho a ti misma y sabemos lo generosa que has sido y por lo tanto tendrás a unos amigos, unos buenos amigos para toda la vida que nos quede a todos.

Después de este intercambio de palabras que dejaba la situación bien definida nos pusimos a charlar de otras cosas, unas más importantes que otras, pero que se nos hicieron pasar las horas como si de minutos se tratase. Aquella magia la rompió la madre de Luisa que la llamó a comer y como nos vio allí nos invitó a que nos quedáramos.


-       Le hemos dicho a mi madre que iríamos a comer-mentira- y además Luisa después de comer tiene que descansar como le ha recomendado su médico y si estamos nosotros seguro que tiene la tentación de no descansar

-       Si, déjalos, madre, que tienen cosas que hacer

-       Bueno, la invitación sigue en pie, si os arrepentís lo decís

-       Gracias de todos modos


Luisa comenzó a manejar su silla con su habilidad habitual, nos quiso abrazar y besar a los dos y como en un susurro nos dijo


-       Pasarlo bien


Y dicho esto se marchó, y lo mismo hicimos nosotros, fuimos a una pequeña cafetería que había muy cerca y que su dueña me conocía y teníamos confianza, le pedí que me preparara unos bocadillos de tortilla y un par de coca colas, además de unas pastas de coco que estaban riquísimas. Ella me preguntó


-       ¿Os lo preparo como para un picnic no?

-       Lo has acertado, por favor

No tardo mucho tiempo en prepararlo en unas bolsas individuales para cada uno. Quiso pagar Antonio, pero Rosana no le dejó.


Fueron hasta el coche que conducía ella y le llevó a un recóndito sitio que les costó casi una hora llegar, pero las vistas eran extraordinarias y el entorno encantador. Por eso desde el primer momento se abrazaron junto al coche y disfrutaron del mismo casi dos horas, sus besos y caricias eran suaves y tranquilas, no había prisa para nada. Tan poca prisa había que se olvidaron hasta de comerse los bocadillos. Bajaron de nuevo a la ciudad con las bolsas llenas de la comida, pero también el corazón estaba lleno de ternura y amor. Rosana recordaba que durante todo el trayecto Antonio no dejo de tener una mano sobre ella, en la pierna, en el hombro, en la mano, pero no se podía despegar de ella. Eran unos enamorados completamente felices y tenían su mundo para ellos y eso no lo querían compartir.

 

Llegaron a casa y Antonio se despidió de ella en su puerta repitiéndole una y otra vez que había sido el día más feliz de su vida. Quedaron a la mañana siguiente y se dieron un suave beso de despedida. Ya era tarde y aunque no había comido no tenía ganas de cenar, así que le dijo a su madre que no tenía hambre y que subía a su habitación a descansar.

Seguía preocupada por el último texto que había logrado descifrar de su abuela, solo había conseguido traducirlo, pero no entenderlo. Así que se lo puso delante de ella y lo leía una y otra vez

http://img1.blogblog.com/img/icon18_wrench_allbkg.pngPoco a poco Dios nos quita la belleza humana:

poco a poco el árbol joven se marchita.

Ve y recita: "Todo cuanto está dotado de vida, acabará pereciendo".

No te enamores de los huesos, busca el espíritu

 

Sabía lo que quería decir al final, pero entremedio no entendía nada. Repetía en voz alta

-       Poco a poco Dios nos quita la belleza humana

-       Esto está claro, vamos envejeciendo poco a poco y perdemos nuestra belleza de juventud

-       Poco a poco el árbol joven se marchita

-       Sigo pensando que es lo mismo que el anterior

-       Todo cuanto está dotado de vida acabara pereciendo

-       Era tan obvio que consideraba que debería tener otro significado, no puedes estar diciendo lo mismo en tres párrafos diferentes

-       Repitió- todo lo que está dotado de vida acabara pereciendo

-       Es lógico pensó, ella lo había padecido en sus propias carnes. Su padre, su abuela, bueno pensó mi abuela no lo sabemos, más bien fue una desaparición rara. Quizás tenga algo que ver con este párrafo, pero pensando que en algún caso la vida debe de continuar. ¿Porque pienso que mi pájaro carpintero es mi abuela?

Continuó leyendo para seguir encontrando más significados.

-       No te enamores de los huesos, busca el espíritu

Ahora creía que lo había pillado, todo el mundo se hace viejo, todos degeneran, se hacen viejos y mueren y dejan a la generación siguiente el proceso natural del mundo. Pero el cuerpo es una cosa y el alma o espíritu es otra, por eso ella veía a su padre en la estrella que a veces parecía que cobraba vida. Pero lo de su abuela seguía despistándola, desapareció, sabía que ella iría al lugar del aquelarre y encontraría su saco, su escrito y esas alas de pájaro carpintero y la aparición de uno de esos animales que la sigue y que la cuida. Ella siempre pensaba que la abuela estaba con ella. Entonces pensó en una parte de la primera frase “belleza humana”, es decir la abuela se podía haber convertido en ese pájaro carpintero que, si miraba por la ventana, seguro que se lo encontraba allí, apostado y atento a todo lo que ella hacía. Pero porque en ese momento, la abuela se encontraba bien, no tenía enfermedad conocida y mucho menos enfermedad mental.

Se quedó por un momento dormida, debieron ser pocos minutos, pero lo suficiente para perder el hilo de sus pensamientos. Los recuperó enseguida, ¿porque en ese momento? Y sin previo aviso ni notas.

Tuvo lo que ella pensó una buena idea, fue a buscar los demás escritos que tenía bien escondidos y los puso encima de la mesa, se tocó la oreja y pensó

-       Que se traduzcan.

Abrió los ojos y nada paso, los textos seguían igual, en su lenguaje inicial.

Lo intento de nuevo, mano a la oreja y

-       Que se traduzcan

Nada de nada, los textos estaban en su formato original, estaba claro que para ellos no valía la magia. No hacía que dar y dar vueltas, Rosana también era muy terca, pero no pudo sacar nada en claro, lo entendía, pero no llegaba a su final. Cayó en otro sueño que fue mucho más profundo y que ya duró hasta el día siguiente.

La vida transcurría con una felicidad inmensa y no falta de actividades con Luisa, con Antonio y con ambos a la vez, un fin de semana viajaron a la playa y todos se lo pasaron muy bien, la convivencia entre los tres no había quedado afectada por lo sucedido semanas atrás. En más Luisa en una de sus sesiones de fisio había conocido a un chico que suplía al que habitualmente la trataba, era un chico norteamericano que se encontraba en prácticas y aprendiendo español, llevaba seis meses y le quedaban otros seis meses. En ellos apareció la chispa y habían quedado ya varias vec1



es para tomar algo. Richard que así se llamaba el yanqui era muy amable y servicial, toda su familia eran médicos, pero él había preferido ayudar a la gente con esta profesión, no le parecía tan agresiva como la de sus familiares y los disfrutaba más tiempo que ellos. La cosa iba bien, Luisa tenía los ojos que se le iban detrás de él y su rostro recuperó algo de la felicidad que rebosaba.

A la semana siguiente cumplía veintidós años, y pensaba ir a casa de su abuela para celebrarlo allí con Antonio y aprovechar para acercarse al Akelarre y disipar muchas dudas. Estuvo trabajando con los manuscritos de su abuela y al final consiguió traducirlos todos, casi todos eran como oraciones de cómo ellas se llamaban buenas brujas. Se las aprendió todas de memoria, traducidas claro, porque no sabía pronunciar nada de aquellos signos.

Llegó el fin de semana de su cumpleaños y con Antonio recorrieron el camino hasta la casa de la Abuela, cuando llegaron Antonio se quedó sorprendido de lo arreglada y recogida que estaba la casa y lo acogedora que resultaba, pasaron el día caminando, cocinando, comiendo, durmiendo, vuelta a pasear. Por fin llegó el momento de la cena, no faltó un pequeño pastel de cumpleaños. Cuando Cleta vio el pastel, me abandonó y se fue a acurruca en los pies de Antonio. Bien sabía yo por qué. Después de la celebración Rosana fue al cuarto e los frascos de a la abuela, buscó una etiqueta concreta y se lo puso en el bolsillo. Fue a la cocina, hirvió agua y preparó dos infusiones, pero en una de ellas puso cinco gotitas del contenido del frasquito. Naturalmente esta infusión fue para Antonio. Siguieron charlando una media hora, a Antonio se le cerraban los ojos y no tuvo más remedio que decir que se tenía que ir a dormir, que no podía más, lo acompañé y cuando estaba bien dormido miré la hora que era. Las once y media, tenía que darse prisa, el lugar estaba al fondo del bosque, y aunque la luna iluminaba el camino, seguía siendo de noche.

Con la seguridad de que Antonio no despertaría, salió de la casa y se dirigió al bosque, caminó casi media hora hasta llegar al lugar donde ella había asistido hace muchos años a aquel primer aquelarre de su vida, aunque ella fue una mera espectadora y ahora quería ser la protagonista, había un fuego encendido, pero no había nadie. Se sentó junto al fuego y en seguida apareció el pájaro carpintero que se situó muy cerca de ella, de hecho, si hubiese alargado la mano lo hubiera tocado. Al momento siguiente una serpiente se acercó haciendo sonar su cascabel en la cola, se situó al otro lado del fuego y se quedó quieta, esto me tranquilizó bastante. Otro animal se acercó con un fuerte aleteo de alas y se situó junto a ella en el lado contrario del pájaro carpintero, era un búho. Sin dejar de estar sorprendida vio a un perro y a un gato que se acercaron también al fuego. Una cotorra haciendo un estruendoso ruido hizo seguidamente su aparición y se situó cerca de la serpiente de cascabel, no entendía nada. Un cerdo salvaje, o sea un jabalí apareció entre los matorrales y también buscó el refugio del fuego y por último un pavo real apareció en escena. En total éramos nueve personas en el corro.

No entendía nada ni nadie se movía, en un momento determinado una luz que provenía de entre dos copas de grandes y altos arboles se situó como un anillo alrededor del fuego. ¡¡No me dio tiempo a reaccionar cuando se produjo un estruendo y mucho humo, cuando se disipó ese humo no había ningún animal, había ocho mujeres cuyas edades oscilaban entre los 70 y los 90 años alrededor del fuego, pero cuando las miré a todas y giré la cabeza hacía la izquierda, !!no me lo podía creer!! ¡!era mi abuela¡¡, estaba igual que la última vez que la vi, ambas nos acercamos y nos fundimos en un largo abrazo y le susurré al oído

-       Sabía que estabas conmigo, lo sabía

-       Siempre dije que eras una chica inteligente, te hemos tenido que ayudar en algún momento, pero tú lo has ido averiguando por ti misma, equivocándote a veces, pero tu respuesta ha sido genial, muy lista.

-       Pero tengo muchas dudas todavía

-       No te preocupes, has entendido las básicas, que eres una buena bruja, por lo que no debes de utilizar tus poderes para el mal, no debes de hacerlo en beneficio propio de forma directa, no funciona, siempre sale al revés y no puedes hacer nada contra lo que sea irreversible. Haz de utilizarlos en beneficios de terceros y estos actúan sobe ti como un espejo, son ellos los que te hacen llegar la verdadera felicidad.

-       Creo intuir algo abuela, ¿pero porque te fuiste de aquella manera?

-       Me fui de mi forma humana y me convertí en ese pesado pájaro carpintero

-       ¿Y porque esa transformación?

-       Porque cuando explicas a tu nieta mayor el secreto de nuestros poderes, nuestra misión humana se ha acabado, en tu caso fue antes de lo que esperábamos todos, pero si te digo la verdad hacía años que tenía muchas ganas de explicarlo a alguien.

-       ¿Quieres decir que lo mismo me pasara a mí?

-       Por supuesto, tú sabrás cuando se lo has de decir y decidirás la forma animal que tomarás desde ese momento y te deberías convertir como en un ángel protector de tu nieta hasta que esta lo sepa todo y tenga su bautizo del aquelarre

-       ¿Y eso quiere decir que me abandonarás?

-       No, quiere decir que no necesitarás que este tan cerca y pendiente de ti, que te valdrás por ti sola, pero si alguna vez me necesitas sabrás que estaremos allí

-       ¿Estaremos?

-       Si todas nosotras, todas hemos sido abuelas de alguien y nietas de alguien, somos la familia de las brujitas y siguiendo los designios de la luna no te abandonaremos nunca, tu invócanos y nosotros estaremos allí.

-       ¿A si?

-       Si, y ahora hemos de comenzar el rito, si no la magia de luna nos puede abandonar este año.

-       ¿Qué debo de hacer?

-       Tu haz lo mismo que nosotras, sé que te conoces las oraciones a la luna del aquelarre

-       Pero no se pronunciarlas

-       No te preocupes, te hemos hechizado y sobre algo que sabes te irá saliendo tal como te lo sabes, pero en nuestro peculiar idioma y plegaria

Rosana, estuvo atenta a todo lo que hacían, primero una de ellas, que reconoció como la que acompañó en el coche hasta Madrid vació los cernos de carnero que llevaba en el saco, los clavó cerca del suelo con las puntas hacia abajo, luego repartió una especie de crema verde tirando a marronosa y seguidamente se puso en su sitio. A un grito de esta dama todas dieron tres vueltas sobre si mismas y se convirtieron en lindas jóvenes completamente desnudas.

Yo hice lo mismo y también me sucedió lo mismo, al principio sentí cierta vergüenza, pero al ver la naturalidad del resto me tranquilicé mucho. Ahora empezaron a esparcir la crema por todo su cuerpo, y cuando digo todo giro decir eso todo. Yo iba repitiendo como en una clase de gimnasia, mientras se iban colocando ese ungüento iban repitiendo oraciones que yo recordaba, y las repetía, pero las pensaba en mi idioma y sin embargo se expresaban en el mismo que ellas lo estaban haciendo. Estuvimos al menos una hora adorando a la luna y bailando alrededor de la hoguera.

Sin darme ni cuenta y coincidiendo con que desaparecía ese misterioso anillo alrededor del fuego todo cambió de repente, el fuego se apagó y desapareció todo el mundo, los animales corrían, se deslizaban o volaban a la vez desapareciendo de allí.

Me habían dejado un saco, donde puse los cuernos del carnero, al introducirlos vi una especie de formula y pensé que el año que viene me tocaba a mi montar la fiesta.

Tenía una sensación de estar volando, todo había sido largo, pero se había hecho corto, ahora sabía más cosas y además estaba en posición de aprender muchas más.

Llegó a casa rendida, dejó el saco en el cuarto de los frascos de la abuela y se fue a dormir, allí estaba Antonio durmiendo dulcemente, con mi magia me hice desnudar toda y me metí en la cama casi sin hacer ningún ruido, Antonio de encontraba de espaldas, me coloqué junto a él y le pasé un abrazo por todo el cuerpo, y pensé

-       Me encanta la temperatura de su cuerpo

Y se quedó dormida al instante. Hasta la mañana siguiente que oí ruidos abajo, Antonio ya estaba levantado y preparando todo para la marcha. Bajé, le di los buenos días con un dulce beso, me sentía completa y bien conmigo misma, ahora sabía cuál era mi futuro, el primero tener hijos con Antonio para que estos a su vez se casen y tengan “nietas” y yo pueda cumplir la misión que se me había encomendado en mi bautizo del aquelarre.

Con todo dispuestos nos pusimos en viaje de vuelta a casa y Antonio conducía esta vez, no soltó mi mano ni para coger las curvas, lo cual era peligroso, pero yo estaba todavía volando y no podía y no quería separarme de él jamás.

Después de todo esto os podéis imaginar lo que fue pasando hasta el día de hoy, nos sucedieron muchas cosas, pero quizás una a recalcar fue que, a los dos años de conocerse Luisa y Richard, éste se la llevó a Estados Unidos durante tres años. Estuvimos en contacto con ella vía internet, ya se habían casado y un buen día me dijo.

-       Mañana a las diez e la noche llegamos a Madrid, ¿porque no nos venís a buscar y vamos a cenar juntos?

-       Estupendo, allí estaremos, en que vuelo venís

-       El que llega vía Boston

-       Ok

Se lo comenté a Antonio y se puso muy contento, ya que nosotros teníamos una buena noticia que darle, Rosana estaba embarazada.

Al día siguiente llegamos al aeropuerto a la hora prevista y en la puerta de llegadas estuvimos esperando hasta que dentro de un tumulto de gente vimos la cabeza de Richard y lo saludamos con las manos para que nos localizaran, Richard respondió con las manos

¡¡LA SORPRESA QUE TUVIMOS !!Luisa venia andando¡¡, muy poco a poco y con unos hierros extraños, pero sin silla de ruedas, había recibido un tratamiento que le permitía andar y que además con los años iría mejorando. Y ella vio gorda a Rosana y se puso a reír y llorar cómo yo. Entonces entre susurros le dije

-       Cleta y Devil también van a ser padres


A pesar de que ella había acabado el relato, aquellos dos hombres le seguían mirando como si esperaran que siguiera, ella había visto que en un par de ocasiones alguna lágrima había resbalado por sus mejillas.

-       Bueno, ya no sé qué más os puedo explicar.

-       Perdone señora, estábamos tan entusiasmados con lo que escuchábamos que no queríamos que acabase, ha sido una historia fantástica

-       Me alegra que les haya gustado

-       ¿Puedo hacerle una pregunta?

-       Por supuesto

-       ¿Seguro que no era su propia historia?

-       ¿por qué puedes pensar eso?

-       Pues, en muchas ocasiones parecía que lo explicaba en primera persona, no había terceras personas, hablaba como si fuera usted misma.

-       Vaya, eres muy sutil, seguramente es que me gusta tanto lo que explico que me meto yo misma en ese papel, pero no piensen como los aldeanos de aquí, soy una pobre abuela que está esperando a su nieta, solo eso.

-       Disculpe señora, no pretendíamos molestarla, ha sido usted muy amable con nosotros.

-       Gracias, su compañía sí que ha sido agradable. Espera oigo el ruido de un coche, es mi nieta, seguro, ¿les he dicho que tiene casi veintidós años?

Se levantó de la silla muy rápido, el coche aparcó muy cerca de ella.

Se abrió la puerta del coche y nieta y abuela su fundieron en un gran abrazo

 




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