Reflejo
Viola_O'Connor
Se quitó el sombrero y se metió dentro. Así de pequeño e inservible se sentía. El anciano cababa de perderlo todo y solo quería desaparecer. Revisó con la mirada la calle desierta y cerró los ojos imaginando que estaba muy lejos de allí. Escuchó un leve murmullo mojado. Abrió los ojos y al bajar la vista observó con incredulidad que había una niña reflejada en un charco. Pero solo el reflejo. La niña no estaba. Se frotó los ojos con diligencia pensando que acaso se hubiera quedado dormido y esa imagen fuera fruto de pedacitos de sueño que le quedaran en los ojos. Ahí seguía. La niña en el charco, una niña pequeña y triste que lo miraba con ojos de cachorro. Intentaré sacarla de ahí, pensó. Y le ofreció la mano abierta, franca, un barco de rescate. Pero la niña cerró los ojos y se negó. Entonces pensó en animarla para que entrara a su sombrero- embarcación. Pero la niña se dió la vuelta, con la insolencia que otorga la infancia. Si seco el charco ya no tendrá más remedio que salir, imaginó. Pero su diminuta chaqueta solo conseguía crear pequeñas corrientes de aire, ondas que mecían la carita de la niña. Pasó la tarde y llegó la noche, y ambas estuvieron repletas de amagos de rescate y de intentos originales dignos de un mago. Pero allá que seguía la sonriente niña en el húmedo charco.
Y llegó la mañana. Y un barrendero se agachó a recoger un viejo sombrero del charco. Y vio en el reflejo a un anciano dormido, con una niña dormida en los brazos. Es bonito como mueren algunos, susurró mientras se escondía las alas debajo del abrigo.
ViolaO'Connor
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