Recuerdos del ayer
Claudina
El otoño de aquel 1992 amenazaba con irse, para mí, la mañana transcurría tranquila, ajena de lo que se avecinaba, cocinaba alegremente. Promediaba el medio día cuando José, que había salido hacia quizás una hora o tal vez algo más, regresaba un tanto nervioso.
-María, dijo, tenemos que hablar.
- Estoy preparando el almuerzo José, si te parece lo charlamos mientras comemos, comenté, pero para mi sorpresa mi marido me respondió.
-No mujer, esto no puede esperar, ha surgido un problema y nosotros lo tenemos que solucionar. Sentáte, sentate para que conversemos.
Verás María, tengo presente que vos tenés muy claro, y así lo has manifestado que ya criaste a tus hijas y que no te ocuparás de los hijos ajenos, hasta hoy los nietos han sido criados por sus madres. Pero algo ha cambiado, habrás notado que hace varios días dejo de trabajar para ir a ver cómo está Celeste.
-Lo he observado José, respondí, y he pensado que este nieto es muy especial para vos.
-María la razón por la que he estado yendo es porque me pareció observar que cuando yo llegaba la hija había estado llorando, quise estar seguro antes de hablar y hoy le he preguntado directamente que le está pasando. Realmente pensé que su esposo la estaba maltratando, pero no es así. Celeste llora porque ya se le acaba la licencia por maternidad y deberá volver a trabajar y tendrá que dejar solo a su hijo.
-Solo no, agregué, ellos ya han elegido una guardería cerca del trabajo de ella, tienen el lugar reservado, hasta la cuna que tendrá en ese lugar le han comprado.
-Lo sé, me dijo José, pero Celeste no quiere dejar a su hijo con personas que no conoce, que no sabe cómo se lo van a tratar, si va a estar bien cuidado o no. Y está pensando en renunciar al trabajo.
-¡Eso es una locura! respondí, un tanto alterada, no le será fácil después conseguir otro trabajo, ¿lo ha pensado?
-También yo lo sé, por eso te digo que tenemos que ayudar, te pido que dejes de lado tu idea de no criar a los nietos y que nosotros nos hagamos cargo del bebé mientras la hija trabaja, no podemos dejar de ayudarla. Reconoce que su situación es distinta a la de las otras hijas, ella tiene un empleo con el cual debe cumplir. Si nos ayudamos mutuamente podremos hacerlo.
- A regañadientes acepté.
Debo reconocer que Celeste, se sintió mucho más tranquila, para no recargarme de trabajo puso una señora que ayudará en la limpieza y de esa forma yo me pudiera ocupar de David. Pero nosotros estábamos acostumbrados a estar solos, entonces le dijimos que si bien la señora era muy buena nos íbamos a arreglar sin ella.
Hoy cuatro años después, te agradezco José, me hubiera gustado que lo hubieras podido ver. Nuestro bebe ha crecido y bailó en el Viejo Mercado, una cumbia. Está precioso nuestro nieto menor, tiene puesta una camisa estampada que le hizo la madre, unos Jeans que parecen gastados, pero que son recién comprados. Pongo mis manos en sus hombros como si quisiera aferrarme a su vida, tan dulce, tan inocente. Puedo decirte que su compañía ha compensado en parte tu partida. Ahora es él mi compañero de mateada, aunque no lo creas le enseñe a tomar mate, yo se lo tenía al principio, el mate era grande para sus manitos tan pequeñas, pero ahora se sienta en su sillita a mi lado y toma solito. Su madre aún no lo sabe, estoy segura de que me va a decir que es una locura, que se puede quemar, y esas cosas que dicen las madres, pero sé que vos me comprendés viejo.
Me olvidé de contarte que ésta es la última fiesta de la guardería, donde tantas veces lo llevaste, el año que viene empieza la escuela en Los Pías. ¡Ah! y algo más, se cumplió tu sueño viejo, el padre tiene taller propio, valoraron tu consejo, y ahora a nuestro nieto lo lleva y lo va a buscar su padre.
Estoy preparando un guisito de arroz, a David le gusta muchísimo y hoy me toca ir a buscarlo a la escuela, él ha pedido permiso para comer con su abuela, hasta la tarde va estar conmigo, le voy a decir a la madre que venga tarde a buscarlo así nos vamos juntos al centro a tomar un cafecito.
Han pasado los años y ya no cocino para esperarlo a David, me ha llamado y me dijo:” Abu esta noche cenamos juntos, pero no cocinés, yo llevo algo para que comamos los dos.” ¡Qué alegría tengo! Salgo a la vereda y pasa doña Chola, mi vecina de la vuelta de casa.
- ¿Cómo anda María? -
- Muy bien, porque espero a mi nieto que va a cenar conmigo y ya no quiere que trabaje, así que el vienen con la comida.
- ¡Qué suerte María! ¿Es el hijo de Celeste?
- Si, sí, David.
Después me cruzó al almacén voy a comprar dos felipes, en realidad, lo que quiero es que todos se enteren de que David viene a cenar conmigo.
-Buenas tardes ¿Le habrá quedado pan don Carlos? Porque hoy viene mi nieto a cenar. --Ah va estar acompañada entonces. ¿El hijo de Celeste viene?
_ Si David. Usted sabe el siempre viene a visitarme.
- ¡Como ha crecido! Recuerdo cuando venía a buscar el yogur o el postrecito, y después la madre pasaba a pagarme ¿Ya está en la universidad verdad?
- Así es don Carlos. Y se va solo fíjese. Yo no quería, pero la madre dice que ya está grande y que a la universidad los chicos van solos, que ya no los llevan los padres, y qué va hacer, son los padres y si ellos le dan permiso, yo tengo que aceptar. Bueno hasta luego, me voy rápido. Sino va a llegar y yo no voy a estar.
Es sábado a la tarde, agarro mi bastón y despacio me voy caminando a tomar un helado. Camino. Aunque me duelan las rodillas el médico me ha dicho que camine. Quizás mañana Celeste me lleve a comer a su casa. Los días están tan lindos que quizás se vayan a las sierras.
Me he levantado temprano y estoy regando las plantas cuando veo el auto de Celeste llegar. Como pensé, me dije, se van a las sierras, por lo menos pasaron a saludarme. Pero David bajó la ventanilla del auto y me gritó: ¿Te cargo la reposera abuela? ¿O pensás quedarte?
-No, no en un ratito estoy lista, respondí.
¡Y como esta alegría, cuántas me ha dado David!
¡Gracias José, por hacerme ver que un nieto es un regalo tan grande de la vida!
A veces los fines de semana a la tarde vienen a visitarme, y los cuatros nos sentamos en el patio del frente a comer una picadita, que Oscar se cruza a comprar a Don Carlos.
- ¿Tiene una botella de cerveza doña? ¿O vamos a tomar agua?
- ¡No Oscar mirá si nos oxidamos!
Celeste y David elijen cuál es estrella que brilla más fuerte en el cielo, ellos te buscan allí para que también vos estés presente.
Ahora que los dos estamos en el mismo cielo, sé que tenían razón, que siempre estuviste presente.
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