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Recuerdo

Endregor

Endregor

23 Ago, 2026
📚 Relato corto

Removiendo cosas encontré una foto mía.

Aún me veía vivo en ella.

Ignoraba lo que vendría el día después.

Quizás tendría que romperla,

pero eso no me haría olvidar

lo que hoy quiero borrar.

Como si fuera fácil

borrar… ¿no?

Podría

descargar lo sucedido tras esa foto

en un escrito todo, pero solo sería

alivio de un momento.

Señalar un culpable,

poner una excusa,

intentar responder

el porqué.

¿Alguna vez te sentiste

preso de un momento?

Primero pensé que dejar pasar

el tiempo lo arreglaría.

Luego cedí a lo que me decían,

diciéndome: quizá tienen razón.

Pensé y repensé todo,

pero nada servía.

Mientras tanto,

una solución crecía escondida

mientras intentaba ser funcional.

La negaba al principio,

pero se fue acomodando…

poco a poco.

Cuando la acepté,

el alivio fue instantáneo.

Fue raro.

Nada pasaba por mi cabeza.

Despejada, como el cielo de la tarde.

Con todo listo,

eche un último vistazo:

todo iba a quedar

inerte dentro de un momento.

Una carta esperando ser leída,

los mensajes que ya no

tendrían destinatario.

La paz de ese momento

no se puede describir.

Todo terminaría esa tarde.

La viga era fuerte,

de hierro, capaz de soportar

el peso de todo lo que cargaba.

La cuerda, gruesa,

pero por las dudas

la puse doble.

Algo curioso:

nunca supe cómo hacer un lazo

y quizás por instinto

salió como si siempre los hubiera hecho.

Miré el celular.

Por alguna razón,

ese día muchos me habían escrito.

Ninguno fue leído

ni contestado.

Llegó el momento, ¿no?

Me pregunté a mí mismo.

Trepe en un viejo soporte

de un torno.

Ajusté todo,

tiré de la cuerda con bastante fuerza.

Sin dudas,

aguantaría.

La presión del lazo

fue gratificante al apretarlo.

Recuerdo cómo,

al dejarme caer,

mientras el peso de mi cuerpo

hacía que la cuerda apretara.

Mi perra me miraba,

sentada en el marco de la puerta.

En todo el día

no se había despegado de mí.

Ese día.

En ese momento,

la razón volvió.

No quería esto.

¿Qué estaba haciendo?

Entre el balanceo,

aún no recuerdo cómo logré zafar de eso.

Solo recuerdo que,

al estar de pie,

ya sin la soga al cuello,

todo lo que no me había molestado

ese día volvió de golpe:

angustia, dolor,

culpa, arrepentimiento.

Caí al suelo,

ya sin fuerzas para mantenerme en pie,

mientras miraba los mensajes

y el llanto no paraba.

Ella se movió

sin desviarme la mirada.

Mi perra se acercó

y, dejando escapar un resoplo,

se recostó a mi lado.

Raro.

Pero fue ella la que me hizo desistir.

la que me salvó la vida.




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