Volviste.
Como un trueno que impacta de forma inesperada.
Volviste con tus espasmos, con tu forma de hablar a mil por hora, con el dolor en el pecho y las lágrimas tomando forma.
Volviste a hablarme de día y de noche.
Volviste a ocupar mi cuerpo y mi mente.
Y yo, que ya te había dado la despedida desde el amor y el descanso.
Querida amiga, ya le estaba dando tu lugar a la vida, a la idea de sorprenderme con el día a día, y tú vuelves con tu megáfono avisándome del peligro y del miedo; llegas caminando de la mano con el miedo y el pánico.
Querida amiga, si supieras que tu visita nada en el cuerpo lentamente y destruye el alma, como una tormenta que sacude el mar que estaba en calma.
Querida amiga, me llevas a la orilla a ver el desorden que creas sin poder calmarlo, porque ese mar se desvanece en mis manos.
Querida amiga, ocupaste el espacio que estaba destinado al amor y a la calma.
Llegas tú y se despide de mí el amanecer que tanto esperé en ese otoño e inviernos largos que parecían no terminar; en tu ausencia salió el sol por un fin de semana, ¡y qué resplandor me dejaba ver!
Querida amiga, cuéntame cuáles son tus planes en este cuerpo: ¿te quedas por un ratito o voy alistando tu cuarto de forma interrumpida?, ¿hacemos las paces o seguirás desordenando el reloj del tiempo y la mente?, ¿llegarás a robarme las fuerzas o podré seguir caminando sin prisa?
Querida amiga, tu forma de salvarme me mata, y qué doloroso es tu abrazo de amor.
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