Háblame, penétrame.
Llévame al mundo de tu centro entero
deja que las aguas resbalen por
nuestro cuerpo
y la sangre se mezcle en el suelo.
Cómete mi cuerpo,
empieza por mi abdomen,
recorre mis cicatrices
y termina en mi clavícula.
Hazme de lo tuyo,
arrástrame hacia ti,
hazme un santo,
uno que te pueda rezar.
Déjame comerte también,
déjame lamerte la piel,
las piernas, tu espalda,
déjame arrastrar mis uñas
hasta tenerte más a ti que a mí.
Explora de lo mío,
abre tu boca y combinemos saliva,
que escuchemos solo suspiros,
que en nuestro cuerpo junto hayan
latidos.
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