Lo que nunca te conté fue que...
Me enamoré perdidamente de ti, cada vez que nuestras miradas se cruzaban sentía que todo mi mundo se movía. Mi corazón latía rápido, que me hacía pensar que todos podían escucharlo. Mis mejillas se ponían rojas, tan rojas que parecía tener fiebre. Mis ojos brillaban tanto que hasta a las estrellas podían opacar.
Pero tú nunca te diste cuenta de eso...o quizás sí y solo decidiste ignorarlo. Y aunque intenté olvidar esos sentimientos eras capaz de aparecerte en mis sueños, donde me dabas ese beso que tanto había deseado. Pero era solo eso, un sueño. Porque cuando despertaba, volvía a la realidad donde te podía tener solo como un amigo más.
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