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mensaje escuchado.

Stiven Gómez

02046s

22 Abr, 2026
📚 Cuento corto

—Déjame amarte— dijo él al celular mientras se grababa el correo de voz.


Encima de la mesa aún permanecía aquel libro que ella le había obsequiado antes de desaparecer repentinamente, mientras sonaba la canción con la que sus manos se sintieron por primera vez cuan fuego enciende una vela de manera voraz.


Aquel chico no era feliz desde ese atardecer melancólico en que su amada había sido abrazada por última vez, las paredes de su casa parecían infinitas y las estrellas recordaban las pupilas de sus ojos en aquellas noches lluviosas donde su amor idílico parecía inmortal; en el armario reposaba el suéter color café que él pensaba obsequiarle como muestra de su amor. 


Él, con una mirada distraída y una inminente hipofrenia, apenas lograba dar unos cuantos pasos hacia su carro sin pensar en ella y en lo que sería de su vida. Cuando llegaba a la oficina y redactaba los documentos necesarios para las presentaciones requeridas lograba sentirse mejor eventualmente. Pero todo era en vano.


Al regresar, manejando, observó de lejos el parque que tantas veces recorrió con aquella chica de cabello corto. Decidió aparcar el coche a una cuadra de aquel lugar para ir de nuevo a pasos largos evitando las grandes goteras que del cielo caían.


Su primera parada fue en una pequeña choza con columnas de roble y techo de tejas hechas de barro, que, a decir verdad, estaba poco iluminado por las farolas que allí se encontraban.


En su mente observó las tardes de inmensa felicidad y percibió el aroma fresco que emanaban las margaritas que acostumbraba regalarle. Tal como si fuera una vieja cámara, las cintas de video se paseaban por su memoria una, y otra, y otra vez más. Cuando observó su reloj eran las 10:52, se devolvió caminando un poco más lento sin importar la leve brisa que no cesaba. 


En la radio sonaban las noticias, movió la manecilla para cambiarla, pero lo único que allí podía escuchar era canciones de amor de aquellas bandas argentinas de rock. Invadido por una gran ira resultado de toda su tristeza reprimida azotó el estéreo hasta que se apagó por completo. Él sabía que nada estaba bien, que ella no se iría así, que en verdad lo amaba, y aunque era cierto, ella nada podía hacer. 


Al despertar el día siguiente, observó en su buzón algunas facturas e invitaciones a reuniones de integración de su empresa, hasta que encontró una carta únicamente con su nombre en el sobre, al abrirla fue como ver una señal divina: 


Señor,

Espero que esté usted bien. Hemos intentado comunicarnos muchas veces, pero la dirección de su residencia era difícil de encontrar; nos hemos visto obligados a contactar a sus compañeros de trabajo para poder hablarle. Somos los padres de la joven que usted amaba.


Ayer, mientras empacábamos en una caja sus cosas para llevarlas al orfanato donde fueron donadas, encontramos una foto de ustedes dos y en letra cursiva escrito “Que el amor perdure más allá de la muerte - 02/09/2012” junto a su nombre.


Reconocimos que usted había estudiado con ella en segundo semestre de la universidad, y nos pusimos a la tarea de encontrarlo; pues es usted merecedor de saber lo que pasó con ella. 


El 9 de septiembre fue encontrada sin vida a unas cuantas cuadras del parque donde solían verse. Entre sus pertenencias la policía halló su teléfono con la pantalla quebrada. En él había un mensaje de voz sin escuchar, únicamente decía:

— Déjame amarte. 

Desde esa noche nadie volvió a encender su teléfono.


Tembloroso, dejó caer la carta al suelo.

En la mesa estaba su teléfono.

La pantalla se encendió lentamente con una notificación: 

Mensaje escuchado.

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