Los solitarios del ventanal.
William Doreé
Los solitarios del ventanal.
Por Willian Doreé-
La lluvia cae como un telón invisible,
y bajo los paraguas se tejen silencios compartidos.
Los rostros húmedos de los transeúntes,
guardan miradas que son confesiones fugaces,
mientras la ciudad se refleja en charcos,
que parecen espejos de memoria.
Caminar bajo la lluvia no es solo avanzar,
es entrar en un rito secreto:
la infancia que regresa en cada charco,
el deseo de refugio en cada esquina,
y la certeza de que la melancolía
puede ser también un canto de bohemia.
La lluvia golpea los cristales del ventanal,
dibujando un mapa secreto sobre la ciudad.
En el interior, el café humea como un altar íntimo,
la voz de Lara Fabián se derrama desde el equipo de música,
como si París se hubiera infiltrado en Buenos Aires.
Los solitarios desayunan en silencio,
observando la lluvia como si fuera un espejo de sí mismos.
Los transeúntes, con rostros húmedos y miradas fugaces,
caminan bajo paraguas que parecen confesiones móviles.
La bohemia se enciende en cada esquina y la melancolía se vuelve un tango francés,
mezcla de nostalgia y deseo donde la ciudad se transforma en poema.
Y en la soledad del bar, la lluvia no moja: revela.
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