Antes de aquel encuentro violento,
ya existían historias,
había pueblos, había sueños,
y una tierra llena de vida.
Llegaron nuevos caminos,
nuevas lenguas y creencias,
pero también quedaron heridas
que el tiempo no borra.
Hoy podemos mirar hacia el pasado,
no solo para recordar,
sino para escuchar las voces
que aún nos quieren enseñar.
Porque una historia no es de uno,
ni de un solo lugar.
Somos muchas culturas,
muchas raíces,
y un mismo mundo por cuidar.
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