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La sonrisa de Franco

Claudina

Claudina

13 Jul, 2026
📚 Cuento corto


Franco un hombre apuesto, con algo más de treinta años, acaba de perder su empleo por segunda vez, sus amigos lo lamentan, los familiares comentan sobre el fracaso de Franco, hasta el dueño de la tienda se pone triste al momento de despedirlo.

Franco camina al colegio con su pequeña niña, todos lo miran extrañados, él lleva una amplia sonrisa. Algunos comentan: “no toma razón de su fracaso pobre hombre con tantas responsabilidades”. Lo que nadie puede intuir que lo que para todos es un fracaso, para Franco es una señal que le proporciona la vida.

Desde niño Franco soñó con ser artista y en sus horas libres, a menudo de noche dejaba que su brazo desplegara en un lienzo todos los rostros que en su mente traía en medio un paisaje cotidiano. Los había guardado durante un largo tiempo. 

Hoy Franco se siente feliz ha caminado con sus cuadros hasta el medio de la plaza, mañana, piensa, mientras se instala en el lugar, los que no venda aquí los llevaré al parque y seguramente allí los venderé. Muchos son los transeúntes que se han detenido a observar sus pinturas, pero al llegar el atardecer no ha vendido ninguna. Franco vuelve sin perder la sonrisa, al contrario, los halagos recibidos le han dado una inyección de fuerza, de coraje para seguir adelante en el intento de hacer realidad su sueño. Al llegar a su casa le comenta a su esposa: “no me fue tan bien como esperaba en cuanto a las ventas, pero hoy tengo la certeza que mis pinturas le agradan a muchas personas, fue un día diferente y también el de mañana lo será.” 

Pasaron varios días a la espera de una venta, sin embargo, su confianza en el éxito seguía intacta.

 

Y llegó el día esperado, una mujer que lo vio el primer día que estuvo en la plaza, cuando volvió por segunda vez, salió a su encuentro.

 -Esperaba que volvieras- dijo- no quería perderme a la niña que de rodillas mira el cielo, dime que la tienes ese cuadro aún.

- creo tenerlo-respondió Franco- y su sonrisa se desplegó por todo su rostro.

-la mujer contemplando la obra- dijo- me la quedó. Les he contado a mis amigas lo hermoso que pintas, que tus obras trasmiten sentimientos, que son increíbles, a ver si vuelves ellas también desean verlas. ¿Tienes alguna tarjeta?

- No respondió Franco, pero voy a volver

-y cuando vuelvas trae algunas tarjetas sugirió la mujer, que se retiró encantada con su adquisición.

Esta vez, de regreso a su casa pensó en hacer tarjetas como se lo sugiriera su primera cliente, y le agregó publicidad por distintos medios. En poco tiempo los cuadros de Franco recorrieron lugares inesperados y ya no vendía solo los que tenía guardado, sino que la gente le encargaba, retratos con un determinado paisaje de fondo. 

El éxito de su obra le permitió viajar, conocer sitios que después plasmaría en sus lienzos.


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