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La Luna y la Constelación de Virgo.

Guillermo Alejandro Do Pazo

William Doreé

28 Feb, 2026
📚 Fantasía

La Luna y la Constelación de Virgo.

Por: Wilian Doreé.-


 


Una tarde, Walter ingresó al lugar donde siempre compraba la cena. Era su rutina: saludar, bromear con los empleados y volver a su soledad. Pero esa noche, al pasar por la caja, sus ojos advirtieron a una mujer atractiva. "Hermosa dama", se dijo, mientras el frío polar de la ciudad se instalaba cómodamente en las calles.

El destino, que tiene sus propios tiempos, provocó nuevos encuentros. Walter, atrapado en su timidez pero vencido por la curiosidad, observó su cabello rubio y esa sonrisa capaz de conectar con cualquiera. Cuando ella desapareció por unos días, una voz en su alma le susurró: “Ten paciencia, no es tu tiempo; son del universo, él manda, ordena y equilibra”. Walter, tras diez años de vacío, solo pudo responder desde sus entrañas: "¿Y mi presente? Mi vida es hoy".

Una noche de cielo nublado, donde la luna jugaba a las escondidas, ella regresó. El Señor Tiempo y la Señora Causalidad hicieron de las suyas. Walter dio el paso: "Me llamo Walter". Ella respondió: "Soy Leila". Y el diálogo fluyó, intenso, bajo el influjo de una luna llena que Leila no tardó en cargar de erotismo.

—Eres cauto, Walter —le dijo ella, sorprendiéndolo—, pero la luna también celebra el sexo. Sensibiliza el cuerpo, desde los ojos hasta el área púbica, donde el ritual se vuelve carne.

Walter, paralizado, preguntó: "¿Quién eres tú?". Leila le clavó una mirada dulce y seductora que pareció durar siglos.

—No soy una extraña, Walter, soy tu memoria —dijo ella con una sonrisa seductora—. Sé lo que enloquece a tu cuerpo porque es lo mismo que enloquece al mío. Desde el roce en el ombligo hasta la tensión en las caderas, estamos diseñados para darnos el máximo placer. Somos ardientes por linaje, fogosos por destino.

Le reveló que compartían el mismo día de nacimiento, la misma hora, la misma cuna geográfica. Ella, descendiente de Ishtar; él, de una estirpe noble de 1333 que significa Libertad y Pasión. El encuentro estaba marcado.

Ya no hubo preguntas, solo la certeza de lo inevitable. Bajo el cielo nublado que ya no podía ocultar la fuerza de los astros, Walter y Leila cerraron el círculo. No eran dos extraños yéndose juntos; eran la Luna y la Constelación encontrándose en el único punto del mapa donde el tiempo se detiene. Esa noche, el amor no fue una palabra, fue un incendio sagrado.



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