LA DECISIÓN DE JULIETA
altairstela
El aroma a café recién hecho llenaba la habitación, pero no había nadie para disfrutarlo. En la mesa de la cocina, una taza humeante seguía intacta junto a un periódico del día anterior. La puerta del patio estaba entreabierta, moviéndose suavemente con la brisa de la mañana.
La inspectora Hernández recorrió la escena con una mirada meticulosa. Todo parecía demasiado normal. No había señales de pelea ni de urgencia. Solo esa taza llena, el olor persistente y una silla un poco retirada de la mesa, como si alguien se acabara de levantar.
Su mirada se fijó en el periódico. Un crucigrama a medias, con una pluma apoyada sobre la casilla número 1. Pero lo que más llamó su atención fue un pequeño hilo de seda rojo en el borde del mantel, de un color que no tenía relación con nada en la casa. Y justo en el centro de la mesa, una llave antigua que, como ya había averiguado ,no abría ninguna puerta de la propiedad.
El café en la cafetera seguía humeando. Alguien había estado allí minutos, tal vez hasta una hora, antes de que ella llegara, preparando la escena de una extraña desaparición perfecta. Pero Hernández sabía bien que, al igual que los crímenes perfectos, las desapariciones perfectas no existen...
Yo, Julieta, observaba todo desde el otro lado, desde un lugar oculto a sus ojos.Mi presencia, ligera y sutil, se movía sin ser vista ni oída siguiendo los movimientos de la agente de policia. Ese día, la inspectora llegó a mi casa, alertada por mi desaparición, sin saber que yo misma había armado el misterio más enrevesado que podría imaginar.
Mi mente comenzó a perderse años atrás, consumida por una enfermedad mental degenerativa que me iba minando lentamente . Los recuerdos se volvían difusos, las ideas se entremezclaban, y una niebla espesa iba ocupando los rincones donde antes habitaba la claridad. La soledad no hizo más que acentuar la caída. Todo lo que fui empezaba a diluirse en un abismo sin forma.
Durante mucho tiempo me refugié en historias ajenas. Novelas y películas de misterios, enigmas, de vidas que no eran la mía. Pero ni siquiera eso logró sostenerme cuando la realidad empezó a desvanecerse entre mis manos.
Entonces lo comprendí.
No podía permitir que mi identidad desapareciera en silencio.
Si iba a dejar de ser yo… debía hacerlo a mi manera.
Sabía que tenía que poner fin a mi vida antes de que fuera demasiado tarde. Antes de que los archivos de mi memoria se borraran para siempre y mi personalidad se diluyera irremediablemente. Pero no quería hacerlo sin dejar huella; mi huella. Así creé un enigma, una escena que parecía mostrar una desaparición sin explicación, llena de pistas falsas y detalles sutiles ; mi gran obra policiaca donde yo era la protagonista.
Hernández ,revisaba cada detalle con cuidado, pensando que un extraño podría estar detrás de mi ausencia. Pero nadie sospechaba la verdad: fui yo quien armó cada parte del rompecabezas final, antes de ir al cobertizo. El cobertizo, un lugar oscuro y polvoriento donde tras ingerir un potente y rápido veneno abandone mi cuerpo en silencio y mi alma se deslizó hacia esta nueva existencia donde mi mente ( por llamarla de alguien modo)vuelve a estar más sana y lúcida que nunca.
Horas después encontraron mi cadáver en ese cobertizo, rodeado de la calma que tanto buscaba, lejos del tormento mental que me consumía. Y aunque ahora estoy en este estado suspendido, puedo ver cómo mi vida se despliega como un libro abierto para quienes quedan, y cómo cada pista habla de mi deseo de ser entendida.
No busqué respuestas ,ni redención; solo quise dejar una marca, un rastro que contara mi lucha interna. Quien pueda leer entre líneas verá no una desaparición, o un acto de cobardía, sino el grito desesperado de una mente cansada .
Ahora , ahora soy un ente etéreo.
Un temblor en el aire.
Un destello rojizo que atraviesa fugazmente la visión periférica.
Una vibración leve entre las motas de polvo que danzan en las franjas doradas de los rayos del sol que entran por las rendijas de la persiana . Un soplo de aire frío que acaricia repentinamente los cabellos. Aquello que provoca que los vellos de tus brazos se erizen inexplicablemente.
Veo a la inspectora inclinarse sobre lo que fui, tan sólida, tan real… mientras yo me deslizo, libre de peso, por los espacios que antes habité.
Es curioso.
Aquella mente que se rompía en mil reflejos ha encontrado, al fin, una forma de unidad al otro lado del espejo.
Soy la sombra de una mujer que se negó a desaparecer sin dejar rastro.
Que convirtió su último aliento en el inicio de un enigma.
Uno de esos misterios que nunca se resuelven…
porque si lo hicieran perderían su magia.
Y aunque ya no pertenezco a este mundo, sigo aquí.
Entre estas paredes.
En el aroma persistente del café.
En los pequeños detalles familiares.En esa impronta personal que impregna las habitaciones y que nadie logra explicar.
En mis recuerdos.
Que ahora, por fin…
ya no pueden perderse.
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• 1 hora, 54 minutosInspirado en uno de los ejercicios.