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La comida como metáfora del humus.

VDulce america Baltazar Hernandez

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19 Ene, 2026
📚 Relato corto


 La comida como metáfora del humus

Un Análisis Cultural

 

La comida, más allá de su función nutritiva, se erige como un pilar central en la construcción de la identidad cultural y comunitaria. En este ensayo, exploraremos la conexión intrínseca entre la comida, la cultura y la comunidad, tomando como punto de partida la metáfora del humus propuesta por Dani Escamilla.

La comida no es simplemente un acto de alimentación, sino también un acto de amor y unificador de la comunidad. Compartir una comida trasciende la mera satisfacción del apetito; implica un intercambio de afecto y un fortalecimiento de los lazos sociales. La preparación y el consumo de alimentos se convierten en rituales que celebran la pertenencia y la identidad compartida.

El valor de la pausa para disfrutar los alimentos emerge como un elemento crucial en esta reflexión. En un mundo acelerado, detenerse a saborear la comida implica un acto de resistencia y una reivindicación del placer sensorial. Esta pausa nos permite conectar con nuestros sentidos, apreciar los sabores, aromas y texturas, y compartir estos momentos con nuestros seres queridos.

La comida como metáfora del humus, propuesta por Dani Escamilla, nos invita a reflexionar sobre su capacidad para nutrir no solo nuestros cuerpos, sino también nuestras almas. El humus, esa capa fértil de la tierra, es el resultado de la descomposición de materia orgánica, un proceso que transforma lo viejo en nuevo, lo muerto en vida. De manera similar, la comida transforma los ingredientes brutos en creaciones culinarias que nos alimentan y nos conectan con nuestras raíces.

Explorar cómo la comida trasciende la nutrición y se convierte en una expresión cultural nos permite comprender su profundo impacto social. La gastronomía de cada región refleja su historia, sus tradiciones y sus valores. Los platos típicos, los ingredientes autóctonos y las técnicas culinarias transmiten un legado cultural que se perpetúa de generación en generación.

Es interesante revisar cómo las personas interesadas en la cultura y la gastronomía pueden influir en el impacto social de la comida. Los chefs, los productores locales y los activistas gastronómicos desempeñan un papel fundamental en la promoción de una alimentación consciente y sostenible. Su labor contribuye a preservar la diversidad culinaria, a fomentar el consumo de productos de temporada y a fortalecer la economía local.

La agricultura y la ganadería industriales, con sus procesos extractivos, han generado la necesidad de replantear nuestra relación con la tierra. Como señala el agrónomo romano Columela, la ética del cultivo es una deuda antigua que debemos saldar. Necesitamos nuevas metáforas para abordar viejas preguntas, repensando el campo no como una extensión de la fábrica, sino como un espacio de vida y regeneración.

 

El paradigma común de las técnicas agroindustriales resulta innecesariamente violento con las formas de vida, generando un impacto ambiental insostenible y precarizando las comunidades que habitan estos espacios. Es crucial buscar modelos que promuevan la autonomía alimentaria y reduzcan la dependencia de sistemas frágiles y pesados, como quedó demostrado en tragedias históricas como la Gran Hambruna Irlandesa, que costó cerca de un millón de vidas.

 

La diversificación de los modelos alimentarios y las políticas que los sostienen se vuelve esencial. En este sentido, las economías basadas en sistemas de producción agroecológicos y de manejo forestal comunitario han logrado replantear la relación con el suelo. Prácticas como la ganadería regenerativa buscan procurar suelos sanos para crecer pastos sanos, que a su vez alimenten ganado sano.

 

Uno de los efectos de este paradigma es la mitigación de la desertificación, gracias a un sistema de raíces que metaboliza el carbono del aire y enriquece la tierra. Este enfoque se alinea con la idea de "componer y enmendar", donde la vida se sostiene en la capa del suelo que denominamos materia orgánica. Aquí nacen, mueren y se descomponen todos los cuerpos del planeta, humanos o no.

 

La agricultura regeneratiba se presenta como una alternativa prometedora, que va más allá de la mera producción de alimentos. Se trata de una filosofía que busca restaurar la salud del suelo, promover la biodiversidad y fortalecer las comunidades locales. Al adoptar prácticas que imitan los procesos naturales, como la rotación de cultivos, el compostaje y la siembra directa, se logra crear sistemas agrícolas resilientes y sostenibles.

 

Esta visión se conecta con la idea de la "cultura animi", el "cultivo del alma" del que hablaba Cicerón. No se trata solo de producir alimentos, sino de cultivar una relación armoniosa con la tierra, reconociendo su valor intrínseco y su capacidad para nutrirnos física y espiritualmente. La agricultura regenerativa se convierte así en una práctica que honra la vida en todas sus formas y contribuye a la construcción de un futuro más justo y sostenible.

 

La imagen del compostaje, evocada por Catón el Viejo, resuena como una metáfora poderosa para comprender los procesos de transformación y regeneración. "In acervum componere" –acumular hasta hacer composta– nos remite al acto de unir o conformar una pieza, similar a la creación musical que emerge de los cultos y actos chamánicos: nos compone.

 

Esta metáfora nos invita a reflexionar sobre la técnica agrícola como una herramienta para habitar los presentes inhóspitos, que junta cuerpos, que parte del cuidado, que reflexiona la técnica humana. Es una metáfora que se intuye, en la que nos reconocemos como humanos, en la que cultivamos nuestras identidades, en la que nos recreamos como una celebración de la vida, que sólo se sostiene en los ciclos vitales.

 

La composición, en este sentido, se presenta como una metáfora en la que no hay espacio al consumo o agotamiento de nada, que reconoce lo propio, que produce espacio y territorio, que se acuerda en el tiempo, que recuerda y olvida. Es una metáfora de las sociedades de consumo, del diálogo con el residuo, del mundo y de la historia, danza sin coreografía, el devenir como único origen.

 

La música, al igual que el compostaje, es un proceso de composición que transforma elementos dispares en una unidad armoniosa. Los sonidos en los que nuestros cuerpos reconocen una alternativa a la coreografía disciplinada de la norma nos invitan a explorar nuevas formas de expresión y conexión.

 

El compostaje, como metáfora de la composición, nos enseña que la transformación requiere tiempo, paciencia y cuidado. Al igual que en la música, donde las notas se combinan para crear melodías y armonías, en el compostaje los residuos orgánicos se descomponen y se transforman en un abono rico en nutrientes.

 

Esta visión se conecta con la idea del humus, esa capa fértil de la tierra que sustenta la vida. El humus es el resultado de la descomposición de materia orgánica, un proceso que transforma lo viejo en nuevo, lo muerto en vida. De manera similar, la composición transforma los elementos dispares en una unidad armoniosa, creando algo nuevo y valioso.

 

Podemos concluir con que a lo largo de esta exploración, hemos descubierto que la comida es mucho más que un simple sustento. Es un vehículo de conexión cultural, un acto de amor que unifica a la comunidad y una expresión de nuestra identidad. La metáfora del humus, propuesta por Dani Escamilla, nos revela la profunda capacidad de la comida para nutrir no solo nuestros cuerpos, sino también nuestras almas, transformando lo viejo en nuevo y fortaleciendo los lazos que nos unen.

 

La agricultura regenerativa emerge como una respuesta a los desafíos del siglo XXI, invitándonos a repensar nuestra relación con la tierra. Al adoptar prácticas que imitan los procesos naturales, como la rotación de cultivos, el compostaje y la siembra directa, se logra crear sistemas agrícolas resilientes y sostenibles. Esta visión se conecta con la idea de la "cultura animi", el "cultivo del alma" del que hablaba Cicerón, donde no se trata solo de producir alimentos, sino de cultivar una relación armoniosa con la tierra, reconociendo su valor intrínseco y su capacidad para nutrirnos física y espiritualmente.

 

La composición, ya sea en la música, en el compostaje o en la agricultura, se presenta como un proceso de transformación y regeneración que nos invita a conectar con los ciclos vitales de la naturaleza. Al abrazar la metáfora del humus, podemos comprender la importancia de cuidar la tierra, de valorar los residuos y de crear sistemas que sean a la vez productivos, sostenibles y armoniosos.

 

En última instancia, la comida, el humus y la composición se entrelazan como pilares de una cultura sostenible, donde la regeneración se convierte en un legado que transmitimos a las futuras generaciones. Al honrar la tierra, al valorar los alimentos y al promover la creatividad, podemos construir un futuro más justo, equitativo y armonioso para todos.

 

 

Algarabía. (2004– ). Algarabía [Revista mensual]. Aljamía S. A. de C. V. 

Algarabía. (2025). Algarabía, Nº 237. Aljamía S. A. de C. V. 

 

 

 

 


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