Ezequiel. Ternura del condenado (primer trance)
lle1404
Me desperté una mañana, tranquilo. No había mucho por hacer, ya que ciertos eventos pasados no me permiten tener mucho ahora. Pero, no todo es malo. Conocí a una gran mujer. Una bondadosa, cariñosa, amable, tierna como yo (quizás incluso más), responsable, y demás cualidades que me encantan de ella. Desde que pude escapar, no encontré otro consuelo que no sea ella. Y nunca creí que ese consuelo, lo perdería una noche que reviví mi pasado. Que pasó? No me gustaría recordarlo. Tendré que tomarme un respiro antes de decirlo, porque solo recordarlo duele. Pero, antes de eso veamos cómo estaba yo antes. Antes de que se conociera mi infierno personal. No contaré todo, ya que no lo considero algo bonito. Lo juro por lo que más quieras, no me preguntes después, porque mi mente no podrá soportar escribir de nuevo esto, mucho menos hablarlo. Pero, dejando lo deliberado de lado: Mi vida no fue común. Desde ese suceso, no lo fue. Y no estoy preparado para contarlo todo, ya que aun me trae los peores recuerdos. Pero lo importante, es lo que obtuve después de eso. Después de mucho, una chica se interesó en mi. Y yo fui la especie más feliz que se pudo observar, ya que al fin no estaba solo. La conocí un día que estaba en la calle, sin nada especial que hacer en el día. Hasta que me choque accidentalmente con ella. Fue demasiado vergonzoso, ya que a mí se me cayó mi gorra y se me vio mi cabello. Tal vez eso la asustó ya que estaba despeinado ese día. Ella dice que se asustó de mis orejas curiosas, pero no lo creo. Sigo pensando, o tal vez queriendo pensar, que fue por mi cabello terriblemente acomodado. En el choque a ella se le cayeron sus pertenencias, ya que justamente ella buscaba una cosa en su mochila mientras caminaba. No tardó mucho en tener curiosidad por mi, ya que tenía un comportamiento raro. Me disculpé bastante, como si hubiera arruinado su vida. Una disculpa que parecía contener más dolor que el de la simple caída de pertenencias que ni se rompieron. Ella me puso una mano en el hombro y me calmó en ese momento, aunque la veía un poco molesta por como estaba yo. Nos conocimos desde allí, y le empecé a agradar. No tardamos más de un año de relación amistosa a querer ir a por más. Fue cuestión de meses, cosa que a mí se me hizo facil por no tener a nadie más. Toda mi atención estaba en ella, y hacia lo que podía para verla sonreír. Me gustaba mucho el sentir sus manos en mi cabeza. Un dato curioso sobre mi: Me encantan las caricias en la cabeza. Después de un tiempo, me preguntó si quería vivir con ella. Yo, que no tenía hogar, casa, lugar seguro, y parecía un nómada en un apocalipsis zombi, dudé. No por desconfianza. Sino, porque no quería ser una carga para ella, ya que sabía que ella vivía en un apartamento alquilado para una persona. Estuvo una semana presentándome la idea. Cuando acepté, me abrazó con fuerza. Una fuerza que no sabía que tenía, pero que era demasiado reconfortante como para no dejarme abrazar. Cuando me mudé con ella, no hizo falta que hubieran camionetas con mi equipaje. Ya que yo no tenía nada genuinamente. Ni una sola pertenencia, más que un par de ropas agujereadas que estaban arregladas como podía. Yo era pobre? Eso sería mucho decir. No era ni indigente. Bajo una perspectiva racional, ella no debía elegirme. No se que tuve, ni que divinidad me dio suerte, pero pude vivir con ella. Obviamente no tenía todo regalado. Tendría que ser amo de casa, ya que no tenía trabajo ni estudios. Así que, mientras ella estaba, yo le quitaba todo el estrés de encima. Como era yo con ella? Un lobo adorable. Tierno, se podría decir. Era algo mimoso. Pedía caricias siempre que podía. Ella me tiraba a veces un pedacito de comida en la boca, y yo sacaba mi lengua o lo atrapaba en el aire. Era su mascota? Se podría decir. No lo veo así, pero desde afuera puede ser que se vea así. Éramos genuinamente novios, si. Pero ella no podía evitar verme así de tierno y consentirme como si fuera un perrito. Cosa que no me molestaba, ya que era mejor que lo de antes de conocerla. Cosa que no era nada agradable. No les parece una persona normal y real? Pues, no lo crean, pero ella fue muy real. Ella era alguien pasional de verdad. Ella era de las que creían que el amor puede más, y que habría que hacer algo por el, luchar por el amor. Recuerdo que una vez llegó a discutir con una señora que me veía raro, viéndome con curiosidad y quizás algo de repulsión. No era ingenua, ya que un par de veces la veía como un empresario cerrando el acuerdo de su empresa para llevarla al éxito de forma definitiva, cuando ella solo consideraba el tener algún vehículo. No la veía todo el día, ya que trabajaba y estudiaba. Mientras yo quedaba en casa, me aseguraba de que el lugar este limpio y que no se preocupe. Éramos felices? Si. No hay nada más que decir. Simplemente, felicidad. Por qué yo no tenía trabajo? No me gusta hablar de ese tema. Pero, fue un evento que duró años en mi vida a corta edad. Eso es todo lo que diré por el momento. Mi novia era una pieza importante en mi vida, ya que solo ella me hacía feliz. Nunca tuvimos problemas con la compañía mutua, y éramos pegajosos. Lo que si, yo nunca salía. Vivía encerrado. No por ser antisocial, sino, por un tema personal que hacía que la gente no quiera verme cerca de ellos. Pero, lo que cambió todo, fue una noche. Una que transcurría tranquilamente, y ambos dormíamos abrazados. Yo estaba profundamente dormido, al igual que ella. Hasta que abrí los ojos, pero seguía dormido. Me levanté de la cama como un sonámbulo. Ella no notó mi ausencia hasta como dentro de media hora, cuando no me encontraba en la cama. Pero cuando se dio cuenta y se despertó, lo que vio fue algo que la hizo decir: "Ezequiel... Que te sucedió?". Lo que vio, era mi figura, parada en frente del espejo, sin ropa excepto por mis bóxers. Mi mirada era sin vida, como si hubiera muerto hace mucho. Mi sonrisa era fingida, como si sintiera en automático. Tan falsa que podía ser real. Lo aterrador no era eso. Sino, que era mi torso. En un lado, tenía una cicatriz enorme, una parte un tanto hundida y morada con forma de circulo echo por alguien con pésima capacidad motriz en el cuerpo. Esa marca, esa cicatriz, se repetía en distintos niveles, pero en cantidades abundantes de mi torso y piernas. Que hacía yo? Me las acariciaba. Era como si las presentara a mi mismo en el espejo, pero yo veía a alguien más, alguien que no era yo. Alguien de mi pasado. La escena era horrible, pero se la puede describir así: Un circo de lastima, dolor, auto desprecio, burla y deshumanización. Todo eso, lo hacía yo a mi mismo. Por qué lo hacía? Porque la mente parece que le gusta recordar lo que queremos esconder incluso de nosotros mismos. Y ahí estaba yo, mi sonrisa falsa, mis ojos vacíos de vida, el circo grotesco conmigo como payaso principal, sin saber realmente lo que estaba haciendo. Fue después de un rato que ella reaccionó. Me sacudió fuerte, me dio una cachetada para asegurar que me despertaba. Aunque ella me pida perdón ahora por eso, yo le agradezco de que lo haya echo. Porque sino, me daría más tiempo para mentir. Cuando salí de ese estado, mis ojos volvieron a tener vida, respiraba pesado, estaba confundido aunque con un poco de pánico sin saber el porque. Luego, ella me explicó lo que me pasó. Y luego, me eché a llorar. La impotencia carcomiéndome en llanto frente a ella, ya que lo último que quería era que ella vea mi verdadero estado mental. No me dejó, pero yo un poco a ella, ya que no me gusta que me vean así. Seguimos juntos, y yo trato de pasarla bien con ella. Pero mi mente se siente gastada desde ese día, y ahora que escribo esto me siento peor. Si eres paciente, si puedes esperarme, si no te molesta que no aparezca un tiempo, puedo contarte el porque soy así. Quizás incluso del caso de el hombre guepardo, o el doctor Zack, o de mi proceso de transformación. Pero lo que es ahora, quiero terminar esto y descansar con mi novia. Solo ten en cuenta una cosa. Esto está lejos de ser el principio, y más lejos de ser el final.
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• 17 horas, 31 minutosEl texto está en primera persona. El personaje protagonista es Ezequiel.