Ensayo de pureza
luciabacci
El vínculo sanguíneo que nos une
me recuerda de qué estoy hecha.
Aunque mi dolor sea autoproclamado,
nace de la hipocresía de mis cuidadores.
No soy más que órganos y huesos
esperando la putrefacción.
Nada puede cambiar lo que hicieron de mí.
No estoy atrapada en tu casa:
estoy atrapada en mi cuerpo.
Suplico piedad para mi alma,
pero Dios nunca responde.
La melancolía y la autocompasión
son, a veces, mi único consuelo.
Y cuando la sangre brota de mis heridas
lo recuerdo.
Al verte en cada sueño, lo entiendo:
aunque derrame sangre,
aunque desee que no sea mía,
aún sos mi padre.
¿Hay algo en mi interior
que no sean vísceras?
Quisiera florecer.
Que los insectos me visiten,
que las mariposas se posen en mis flores
y se lleven lo único bello que tengo para dar.
Ojalá el olor a podredumbre de mi ser
quede opacado por sus fragancias.
Tal vez entonces
podría volver a ser pura.
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