ELLA
marrgar96
El problema no fue que me mintiera, fue que yo me lo creía.
Todos los días al despertar, me miraba y me decía lo imposible que era vivir conmigo. Me remarcaba cada detalle de mi cuerpo que ya era imposible odiar más. Me insinuaba que absolutamente todo el mundo era superior a mí, y gracias a Ella, me fui haciendo cada vez más pequeñita, casi invisible, casi desaparecida del mundo.
Un día, salí a caminar para tomar el aire, para pensar. Cada vez que pasaba una chica a mi lado, sentía una envidia tan abrumadora que les intentaba hacer pequeñitas a ellas, igual que Ella lo hacía conmigo. No me reconocía a mí misma. Siempre he creído en la importancia de apoyarnos entre nosotras, las mujeres contra el mundo. Pero el odio que siento hacia mí misma, el odio que Ella ha conseguido que se apoderara de mí, fue creciendo al mismo tiempo que la envidia, y, a su vez, mis valores se fueron haciendo tan diminutos como yo.
Cuando era pequeña, mis padres me enseñaron que equivocarme era bueno, que eso me hacia crecer, aprender y triunfar, porque, como ellos siempre recalcaban, tenía que caerme para lograr mi objetivo. Pero ahora, cuando me equivoco, Ella se acerca lenta y firmemente hacia mí, con asco en sus ojos, y me empieza a gritar. Me dice que nunca voy a triunfar, que siempre voy a ser una fracasada, inútil, asquerosa, gorda, insoportable, intensa, desordenada, pesada, y una gran decepción. Después, me empieza a arañar los brazos mientras se me va acelerando el corazón, y no puedo respirar. Cada vez me cuesta respirar más. Intento apartarla de mí, lucho con todas mis fuerzas, y ese esfuerzo me lleva al agotamiento mental. Caigo. El agujero se hace cada vez más profundo, pero cuanto más caigo, menos siento, y ahí es cuando estoy acabada.
Pero como he dicho, el problema no es que Ella me mintiera, es que yo la creía.
Comentarios (0)
Inicia sesión para dejar un comentario
Iniciar sesiónNo hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!