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El Vestido Blanco

Claudina

Claudina

13 Jul, 2026
📚 Cuento corto

En un pueblo un tanto alejado de la ciudad se juntaban a diario, apenas entrado el anochecer en el único bar del lugar, todos los parroquianos.

Pero aquella noche fue diferente. Don Jerónimo sacudía los manteles mientras su mujer barría el piso de ladrillos DEL local, MIENTRAS detrás del ancho mostrador de gruesa madera de roble, Juan, el hijo de ambos, leía con curiosidad una extraña noticia. En realidad ya era un comentario generalizado en el pueblo, al que muchos se negaban a dar crédito. Lo extraño en sí, era que hubiese sido publicada en un diario. Con voz temblorosa el muchacho comentó:

- Miren acá sale lo de Ángela

¡Tonterías! dijo Jerónimo

Mientras que Justa su esposa comentó.

-¡Dios Mío! ¿Y cómo es que la noticia llegó a la ciudad?

-El desconocido que estuvo aquí días pasado hablo con doña Teresa, dicen que era periodista-agregó Juan

Poco después comenzaron a llegar los lugareños y el comentario se hizo extensivo entre los presentes.

-Mi mujer- dijo Andrés, el carnicero del lugar -presentía que algo iba a pasar, no debieron vestirla así.

Tras sus palabras ingresó al bar otra vez el desconocido, en esta oportunidad seguido de Rosa, la peluquera y DE su vecina Isabel.

-Justa -dijo Isabel-  el señor viene a hablar con nosotros, quiere que le acompañemos allá, para ver aquello. Beatriz y Oscar de momento no quisieron hablar.

-Yo traje unas velas -agregó Rosa.

-Yo llevaré el rosario -dijo Justa- el cura dijo que le rezáramos. Cuando se oscurezca vamos. Siéntense por acá hasta que sea la hora.

Ernesto el periodista se sentó junto a las mujeres y preguntó:

- ¿Por qué ha dicho usted cuando sea la hora?

Justa respondió

-Los que la vieron dice que sale a las nueve de la noche.

-¿Usted la conoció? ¿La reconocería si la ve?

-Sí -afirmÓ Justa- claro que sí, la vimos crecer.

-El otro día hablé con la señora Miriam Pereyra -dijo Ernesto- ella me comentó que era su modista, que fue la primera que la vio, y que luego la vio su madre.

-Sí- dijo Rosa- la madre lloraba sin consuelo el otro día en el almacén y se lo contó a otros vecinos.

-¿Cómo era Ángela? preguntó Ernesto.

- Era una joven muy bella, delgada elegante, parecía regalar vida -dijo Rosa

-¿Era creyente? -Indagó Ernesto

-Siempre nos encontrábamos en la iglesia, comentó Justa, era una joven normal, muy simpática con muchos sueños. Pero creo que es mejor que vamos, no vaya a salir antes, y no la podamos ver.

Las mujeres, el periodista y algunos parroquianos, ya curiosos por los dichos caminaron hasta la esquina del almacén ubicada a solo dos cuadras del bar.

Al llegar, ya había otro grupo de personas rezando mientras esperaban la hora.

Todos querían verla, eran respetuosos de ese tipo de  acontecimiento que según cuenta la historia no era el único que había sucedido en esa región, aunque estaban un poco atemorizados querían comprobar con sus propios ojos la extraña aparición.

Cuando las nueve de la noche se aproximaban Beatriz y Oscar, visiblemente conmovidos, se sumaron a los vecinos.

Y fue en ese momento cuando en medio de un silencio inusitado, se vio caminar a Ángela desde el medio del patio de su casa, detrás del almacén y entre el verdor de los árboles. La imagen Blanca caminaba como pisando en la misma nada, atravesó la vereda y llegó hasta el medio de la calle donde desapareció de la misma forma en que apareciera, en silencio y con un ramo de rosas en la mano.

Cuando los presentes recobraron el habla Jerónimo que era incrédulo de los hechos con lágrimas de hielo en su rostro, mirando el piso dijo:

- ¡Hay pétalos de rosas en el suelo!¡Los dejó la novia! 

El periodista que no podía salir del asombro pregunto:

 – Si es Ángela ¿alguien imagina por qué sale vestida de novia? 

Fue entonces cuando Beatriz, la madre de Ángela, rompió en llanto y dijo:

-Ella se iba a casar, en medio de la tormenta, cuando un rayo la mató sin que pudiera llegar al registro civil.  Le pusimos el vestido de novia porque había sido su mayor sueño entrar a la iglesia con el vestido blanco, solo después nos enteramos DE que no debimos ponerle el vestido de novia sin que se hubiera casado.

Isabel agregó:

-Dicen que su alma pena por no haber podido casarse, por eso camina a diario vestida de novia como si entrara a la iglesia.

 

La historia fue publicada en el diario local esta vez con una foto donde se apreciaba una novia en medio de la calle. La noticia se conoció a nivel nacional. Pasaron los años y Ángela seguía caminando todas las noches desde su patio hasta el medio de la calle. Los lugareños que ya no le temían, cuando la veían venir se detenían, se persignaban, la dejaban pasar y luego seguían su camino. 

 


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