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El Recepcionista

Hazel_CB

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02 Jun, 2026
📚 Existencial

Miro hacia afuera desde la recepción.

El día está soleado.

Las familias pasan caminando, las parejas se ríen mientras avanzan por la calle, estudiantes cruzan con mochilas en la espalda, carros pasan a todas horas y yo aquí sentado escuchando música, sin trabajo, sin nada que hacer, mirando hacia afuera con la vista fija en la nada.

Y pienso.

Que pasa el tiempo y sigo pensando lo mismo.

¿Qué sentido tiene la vida para aquellos que ya no tenemos sueños?

Para aquellos que vivimos en automático.

Para los que despertamos temprano y antes de levantarnos nos sentamos en la orilla de la cama mirando el piso.

Para los que salimos sin desayunar.

Los que caminamos hacia el trabajo viendo a todos avanzar mientras nosotros seguimos detenidos.

Llegamos puntuales.

Nos sentamos.

Y ahí estamos.

Estáticos.

Consumidos por pensamientos mientras vemos hacia la calle un mundo brillante, soleado, siempre en movimiento.

Y nosotros atrapados detrás de paredes sin poder salir.

Aunque tampoco es que tengamos ganas de hacerlo.

Porque incluso si saliéramos sería lo mismo.

Estaríamos estáticos otra vez, pero ahora bajo el sol, deseando regresar a una oficina fresca... aunque ahora mismo esta oficina se sienta fría.

¿Qué sentido tiene la vida para los que regresamos a casa y nadie nos espera?

Para los que no cenamos comida caliente.

Para los que llegamos, dejamos las llaves sobre la mesa y nos sentamos un momento en el sofá mientras el vacío y la soledad nos envuelven.

Donde el silencio de la casa nos grita al oído.

Para los que nos levantamos y al llegar a la cama tiramos la ropa al suelo, nos sentamos a la orilla antes de recostarnos y miramos la ventana pensando en lo aburrido del día.

Deseando hacer mil cosas.

Pero inventando mil excusas cuando finalmente tenemos la oportunidad.

Para los que apagamos la mente mirando una pantalla porque sabemos que apenas cerremos los ojos los pensamientos volverán otra vez.

Y sin darnos cuenta despertamos...

y comenzamos de nuevo.

¿Qué sentido tiene la vida para aquellos que no tenemos rumbo?

Para los que volteamos hacia atrás y no hay nada.

Ni amigos.

Ni familia.

Ni una amante.

¿Qué sentido tiene vivir si lo importante para unos es insignificante para otros?

Tiempo.

Dinero.

Amor.

Juventud.

Nunca están en armonía.

Tienes uno o tienes otro, pero nunca los cuatro.

Trabajas y no disfrutas.

No trabajas y tampoco disfrutas.

Nada tiene sentido.

Porque...

¿Qué sentido tiene vivir si quienes amamos dejaron de existir?

Si a quien amé se fue con quien realmente amaba.

Si quienes quise tuvieron que marcharse.

A otro lugar.

O a otro plano terrenal.

¿Qué sentido tiene la vida si aquello que más quiero jamás volverá a estar a mi lado?

Perdí amigos por la distancia.

Perdí amigos por culpa del tiempo.

Perdí amigos por una nómina.

Perdí amigos por un proyecto.

Perdí un amigo por una mujer que ni siquiera pude tener... y él sí.

Y al final también me perdí a mí mismo.

Me perdí teniendo que elegir entre amor familiar, fraternal y carnal.

Perdí oportunidades por miedo.

Por miedo a salir.

Por miedo a mejorar.

Por miedo a convertirme en algo más.

No gasté dinero por miedo a terminar en la pobreza...

y desde la pobreza deseé los lujos que solo la riqueza puede comprar.

Si no puedo tenerlo todo, pero tampoco puedo quedarme sin nada...

entonces...

¿Qué sentido tiene vivir?

Quizá el sentido de vivir sea darle sentido a la muerte.

Justificar que todo esto sirvió para algo.

Pensar que todo lo aprendido, todo lo sufrido y todo lo perdido algún día será recompensado.

Que después de morir un ángel me abrazará y me dirá que todo estará bien.

Porque honestamente espero que así sea.

Imaginar lo contrario es insoportable.

Imaginar morir...

y que nada haya tenido sentido.

Que no exista gloria ni castigo.

Que simplemente todo termine.

Que el tiempo nos marchite hasta desaparecer.

Que un vacío incomprensible absorba nuestros recuerdos, nuestra memoria, nuestro nombre...

y dejemos de existir.

Si es así...

Entonces realmente...

¿Qué sentido tiene la vida?

-Disculpa, ¿puedo ver a tu jefa?

Parpadeo.

La voz me saca de mis pensamientos.

Tomo la bitácora y la deslizo sobre el escritorio.

-Anótese aquí, por favor.

La persona pasa.

Y yo vuelvo a mirar hacia afuera.

Hacia la nada.

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