El juego de la conquista
William Doreé
El juego de la conquista
Por Willian Doreé.-
Ella caminaba exultante por la intersección de Santa Fe y Maipú. Su vestido blanco, de un ajuste preciso y escote atinado, dictaba el ritmo de sus piernas. Las miradas eran todas suyas; una diosa deslizándose por el cemento de Buenos Aires con tal magnetismo que hasta un par de sacerdotes, al verla pasar, no pudieron evitar el tropiezo del juicio y el pecado de la contemplación.
Al ingresar a la Plaza San Martín, el caballero inició la maniobra. Giró la cabeza y le regaló una mirada sugerente, fija, como un águila que ha localizado su objetivo. Ella, lejos de apresurarse, mantuvo un paso calmo, permitiendo que el hombre se pusiera a la par, acortando la distancia entre el deseo y el asfalto.
Una frase ardiente escapó de las fauces del "cazador".
Ella le respondió con una sonrisa cargada de un erotismo lento. Sin mediar más invitación que el instinto, ambos se dirigieron a una cafetería elegante, buscando una mesa privada, lejos del tintineo de la loza y el murmullo mundano. Allí, el diálogo encendió las pulsaciones. La piel de ella se erizó con una intensidad que viajó directo a los ojos del caballero.
La conversación subió de voltaje, cruzando el umbral de lo prohibido. Era una charla irreverente, llena de fantasías sexuales y adrenalina pura. Mientras él recorría con la mirada el escote, ella, con una habilidad felina, desprendió dos botones de su vestido. Sus dedos, en un movimiento sutil pero devastador, elevaron el borde de la falda mientras sostenía una mirada sedienta de excitación.
—Vamos —dijo ella. —Vamos —replicó él—. La fiesta nos espera y será única.
En el automóvil, el trayecto fue un incendio de besos urgentes y manos que exploraban, sin permiso, la arquitectura de ambos cuerpos. De pronto, ella impuso una pausa necesaria. —¿Qué hora es? Él consultó su reloj y respondió: —Son las 14:33.
—Perfecto —asintió ella con una chispa de travesura en los ojos—. Es el momento de liberar nuestros impulsos más locos. Tenemos tiempo de sobra hasta la noche, antes de que los chicos regresen de la fiesta del club.
Comentarios (0)
Inicia sesión para dejar un comentario
Iniciar sesiónNo hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!