El día que el invierno robó el vuelo
loriiwynne
Aquel amanecer de invierno parecía suspendido en un suspiro helado. La pradera despertaba nevando en silencio. Cada rama desnuda, cada hoja, crujía bajo el peso de mi cuerpo.
El silencio de aquel lugar era tan espeso que parecía envolverlo todo. Sólo el murmullo de un arroyo casi rompía, de vez en cuando, la quietud. Caminaba entre lo árboles, dejando huellas suaves sobre la alfombra blanca, cuando escuché un chillido débil.
Bajo las tristes ramas de un sauce, encontré a un pequeño gorrión. Tiritaba, inmóvil, sus ojos muy abiertos pero apagados. Me acerqué con cautela, temiendo que el miedo le diera fuerzas para un vuelo que ya no parecía posible. Al alzarlo con las manos, su cuerpecito rígido me habló sin palabras: sus alas, endurecidas por el hielo, eran solo un recuerdo de lo que alguna vez le permitió danzar junto al viento.
Fue en ese instante cuando comprendí que el invierno, con su belleza helada, también sabe robar lo más preciado. Ese día, la escarcha no solo cubrió el suelo; también le arrebató el vuelo a una vida diminuta.
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