El arte de elegir amar
armand
CAPITULO I: El destino no es casualidad (El inicio)
“Ella” sentada sonreía con algo de melancolía en sus ojos mientras llegaba su café, su amiga la acompañaba aquella tarde, que podría haber sido cualquier tarde, pero el destino tenía otros planes para ella.
Aparece él caminando de la nada, como si los astros confabularan para aquel encuentro especial, se miran con asombro y algo de cercanía, los dos sonríen, con una extraña complicidad y él se sienta a platicar, algo ocurre en ese eterno momento que aquella conexión solo hacía más distante la presencia de la amiga, que solo atinó a irse sigilosamente.
Aquellos dos se unieron en una conversación eterna, como si estuvieran preparados para escribir una historia juntos desde ese instante, como si sus almas hubiesen estado deambulando para encontrarse en aquella tarde.
Es difícil ordenar esta historia, pues tiene innumerables momentos épicos, como sus conversaciones por Instagram por mucho tiempo, por su conexión tan bella que es digna de detalles, por los encuentros llenos de amor incipiente y pasión, por sus largas conversaciones vía telefónica, cada uno en cada lado de la ciudad, sin dejar de hablarse, como queriendo robarle al señor tiempo, todos los minutos posibles.
He de intentar dejar plasmado aquellos únicos y hermosos momentos que le entregan a esta historia una riqueza absoluta, una llamada que convoca al lector a sumergirse en un sinfín de relatos. Debo agregar que se pretende enriquecer estas líneas con la mirada de ella, que es personaje clave en toda esta historia. Pero quién es “ella” y permítanme destinar osadas líneas para su descripción y se verán absortos con cada una de sus cualidades, sutilezas y matices, todos ellos, son los que le permitieron derrumbar barreras, permitirse amar, caminar seguray doblegar la coraza de aquel ogro de la montaña.
CAPITULO II: Los ojos melancólicos del amor (Ella)
Ella es la niña de mis ojos, una poderosa guerrera que en su piel lleva historias que la han hecho fuerte, corajuda e indomable. Pero es también una niña suave, tierna, delicada como brisa de primavera, aquella que necesita contención, apoyo, cuidados, mucho cariño y sobretodo amor, amor del bueno, del sano y bonito.
Sus pecas hermosas las luce con cierto pudor, me encantan siempre, su hermoso pelo lo lleva con orgullo, elegancia y sedosidad. Sus ojos melancólicos, tras sus gafas, son el reflejo de su alma pura, y en verdad que lo es, ella suele no recordar que eso me atrae de sobremanera. Cada palabra, cada gesto, cada eco que resuena en ella, solo muestra su enorme y hermoso espíritu romántico. Su cuerpo se desplaza con prestancia y ligereza, es una sublime nación a conquistar, me embelesan sus formas, desde la primera vez que la tuve, mía, cerca, muy cerca, hasta los confines del certero futuro innegable que me observa junto a ella. El aroma de su piel me doblega, me derrota y al mismo tiempo me reclama mi masculinidad absoluta, soy innegablemente de ella y solo Dios sabe que así lo es. Quiero tenerla mía, hasta que la señora calva me lleve a otro plano astral. Sus manos, su suavidad, su sonrisa triste, sus hombros bellos que me provocan en silencio, como desafiando mi temple, la miro toda, siempre, en silencio, como para entregarme a su permanente e ingenua seducción. La amo en su plenitud, en sus grises historias, en sus primaveras, y la elegiría una y otra vez, es lo mejor que el destino me tenia preparado.
CAPITULO III: Cicatrices en tu piel (El)
Continuará
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