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Apocalipsis

pedro menma

pedrolec2023

23 Abr, 2026
📚 Relato corto


Hace un año, habría matado a la mujer con un camión. O se habría resbalado en un suelo mojado, aunque eso sería demasiado rápido. A lo mejor, habría escogido algo más lento. Atraparla en una nevera. O secuestrarla y torturarla.


Eso era lo que amaba de mi antiguo trabajo. Podía ser tremendamente creativo. 


Ahora solo quiero que pare.

Quedan menos de una docena de humanos. Sin ellos, me siento perdido.

Tras arrastrarse por el suelo ceniciento, la mujer se levanta con piernas temblorosas. Delante hay una gasolinera. Si no hay comida dentro, la mujer morirá. Puedo decir que está pensando en su marido. Siempre solloza cuando lo hace.

—Por favor—llora, con la mano extendida hacia la puerta—. Por favor, dame fuerzas.

La mujer está a dos pasos de la puerta cuando tropieza y deja escapar un gemido de dolor. Si yo tuviera venas, correría adrenalina por ellas. Me inclino para posar una mano huesuda sobre su vientre embarazado.

—Me toca a mí suplicar—digo—. Aguanta un poco más, por favor.

En el pasado, hubiese saltado de la alegría. Un embarazo podía ir mal de muchas maneras, todas entretenidas. Ahora, la idea me aterra. Incluso he considerado rezar.

La mujer sigue avanzando a trompicones. Encuentra un paquete de galletas saladas. Las desmenuza en la boca, cierra los ojos, saborea la sal y la masa rancia. Pronto le darán sed. Pero por ahora son una ayuda.

Es una ironía que justo en ese momento rompa aguas. La mujer grita de dolor cuando empiezan las contracciones, y yo la animo.

Cuando nace el bebé, la mujer está llorando. Y durante un terrible instante, ese es el único sonido que se escucha.

Hasta que el bebé llora también, en una sinfonía de lágrimas que hace que yo, la Muerte, sonría ante la vida.



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