Sanar duele. Nadie te enseña cómo hacerlo ni qué hacer con los pedazos que quedan. Candela lo aprendió después de salir de una relación tóxica, cuando el dolor la obligó a mirarse de frente, a reconstruir el amor propio que había perdido y a descubrir que, incluso después de todo, aún era posible avanzar
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