Frescura que enterneces un alma endurecida,
endurecida por el dolor,
oscurecida por las llagas que el tiempo
despiadado le marcó.
Me rozas lento, y a veces me atropellas,
me acaricias o me ciegas, pero siempre estás.
Soplo vital que me acompañas,
ladrón de sonrisas cálidas, melancólicas,
y también de lágrimas, que congelaste como perlas en mi rostro.
Suspiro de la noche, frescura del amanecer,
paseas por mi cuerpo y no pides permiso.
Susurras en mis oídos,
y de pronto ruges hasta perder la calma.
Ingresas en mi ser y te conviertes en un suspiro soñador.
Conquistador de tiempos remotos, de vidas transcurridas,
corriente que avasalla las aguas.
La madre Pachamama vuela a tu antojo.
Eres parte de un todo indisoluble.
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